| Táctica o estrategia |
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| jueves, 15 de enero de 2009 | ||||||
Táctica o estrategia, he aquí el dilema. Táctica serían, grosso modo, los métodos que se emplean para alcanzar un objetivo; y estrategia, más compleja de definir, según la RAE podría ser una de estas tres cosas: arte de dirigir las operaciones militares; arte, traza para dirigir un asunto; o, (matemáticas) en un proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento. Ambos vocablos definen o cuestionan el devenir político -verdadero campo de batalla- y, en no pocas ocasiones, se confunden y se revuelven en amasijos del refranero como “el fin justifica los medios” u otros por el estilo.
El resultado asambleario del PSPC, finalmente (y no sin pocos vericuetos) permitía establecer la táctica a su Ejecutiva para, en la segunda acepción de la RAE, dirigir un asunto que no es baladí, y que mete el dedo en la llaga de una cuestión que Ceuta entera prefiere mirar de soslayo: la convivencia real entre religiones diferentes. No la pomposidad dicharachera del “crisol de culturas” que tanto se ha escuchado. No escenificaciones manipuladas de lo propiamente convivencial. El camino es arduo, máxime cuando la realidad se esconde debajo de la alfombra o se ‘empoltrona’ la táctica (se van dando cuenta) del avestruz. Hay que empezar por definir los puntos de encuentro, y desempolvar, por mucho que asuste o que vergüence, qué produjo su contrario (el desencuentro), y eso requiere ‘dolor’ político y ‘agallas’ sociales para saber asumir que las heridas van a estar ahí y que -como en el argot de la escalada- se está en un ‘punto de no regreso’. La táctica es devenir, por eso hay que definir claramente el objetivo, que no debe ser otro que el trabajo por una ciudad donde sus carencias se ocultan tras maceteros, y se echa la culpa a los demás de los dispendios propios. Objetivos que recojan el bienestar de una ciudadanía que ve como sus servicios básicos son de tercera categoría; donde el futuro pasa por el otro lado del Estrecho, mientras se quedas sin industrias ni ‘perrito que les ladre’. Una táctica que exige remangarse para cruzar y limpiar toda la miseria que se ha ido escondiendo, mirando a TODOS a los ojos a través de su intención de solucionar el problema. La estrategia está, como dice el diccionario, en el arte para conseguirlo. Las creencias se guardan en el capítulo de lo personal y se comparten con quien se quiere; la política (de polis, tampoco hay que olvidarlo) es de TODOS y para TODOS. Ceuta no tiene más remedio que dejar la farsa y ponerse al tajo; tal vez el camino no derive a ninguna respuesta, pero será, seguro, porque los intereses espurios de un lado y del otro tensarán la cuerda hasta romperla. No obstante, resulta apasionante el reto... Juan; ahora me callo tras el inevitable bloody mary.
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Táctica o estrategia, he aquí el dilema. Táctica serían, grosso modo, los métodos que se emplean para alcanzar un objetivo; y estrategia, más compleja de definir, según la RAE podría ser una de estas tres cosas: arte de dirigir las operaciones militares; arte, traza para dirigir un asunto; o, (matemáticas) en un proceso regulable, conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento. Ambos vocablos definen o cuestionan el devenir político -verdadero campo de batalla- y, en no pocas ocasiones, se confunden y se revuelven en amasijos del refranero como “el fin justifica los medios” u otros por el estilo.







