| Toros |
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| Escrito por Administrator | ||||||
| viernes, 18 de diciembre de 2009 | ||||||
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España es conocida como la piel de toro. La gran mayoría de los festejos populares de este país tienen a un toro como protagonista, al correr en manada, enganchado a una cuerda o con sus cuernos envueltos en llamas. En buena parte de la geografía se celebra la muerte, la del toro, a ritmo de pasodoble y por aclamación popular. Las tradiciones identifican a un país, cierto, pero eso no quiere decir que siempre sean buenas por mucho que algunos se empeñen. Llamar fiesta nacional a un río de sangre vitoreado debería obligar a replantear muchas de las esencias de lo que algunos defienden a ultranza como "la identidad nacional", sobre la que se supone se soporta la unidad desde El Hierro a Menorca.
Las sociedades modernas basan sus cimientos en leyes, no en costumbres por mucho que algunos insistan en que las normas son tradiciones plasmadas sobre un papel. Las leyes son la base de la convivencia y el marco estable en el que uno puede hacer algo un día sí y al otro también. Los partidos políticos catalanes han decidido debatir si ilegalizan o no las corridas de toros. Unos eventos en los que siempre el toro, y a veces el torero, mueren. La propuesta de unos ciudadanos catalanes nace de un problema no resuelto en este país, y que en Portugal no tenían hasta 2002. Nuestros vecinos no mataban al animal y por tanto, las corridas de toros no pasaban más allá del espectáculo que suponía la pericia de una persona a la hora de evitar una embestida de cientos de kilos. Los defensores de las corridas aseguran que eso no tenía gracia, que lo divertido es contemplar la habilidad de un torero para marear antes de ejecutar, pero siempre ejecutar. El Parlamento portugués aprobó el 11 de julio de 2002, con 115 votos a favor, 91 en contra y nueve abstenciones, una ley de excepción que permite dar muerte a los toros en las corridas de aquellas localidades lusas en las que existan "tradiciones locales que se hayan mantenido de forma ininterrumpida por lo menos en los cincuenta años anteriores". Tradición 1 - Leyes 0. Si repetimos este esquema, tendremos que permitir el lanzamiento de cabras desde los campanarios o la incineración de los herejes. Siempre que sea tradicional... De vuelta en España, en un país donde todo el mundo se llena la boca al mentar al Estado de Derecho como garante de todo, para prohibir o permitir, sería interesante recordar que existe legislación muy clara acerca del maltrato animal. Unas leyes, votadas por los representantes populares, que prevén multas e incluso penas de cárcel para quien ponga en peligro la vida de la fauna y flora nacionales. Las leyes tienen por objetivo articular las sociedades modernas y dar respaldo a quien lo requiera. Anteponer un pasatiempo a toda una escala de valores debería obligar a una profunda reflexión acerca de nuestra esencia como conglomerado. Podemos seguir con la muerte patrocinada del toro, pero entonces no tendremos autoridad alguna para entristecernos cada vez que un perro -por ejemplo- agonice abandonado en una cuneta. España es conocida como la piel de toro. La gran mayoría de los festejos populares de este país tienen a un toro como protagonista, al correr en manada, enganchado a una cuerda o con sus cuernos envueltos en llamas. En buena parte de la geografía se celebra la muerte, la del toro, a ritmo de pasodoble y por aclamación popular. Las tradiciones identifican a un país, cierto, pero eso no quiere decir que siempre sean buenas por mucho que algunos se empeñen. Llamar fiesta nacional a un río de sangre vitoreado debería obligar a replantear muchas de las esencias de lo que algunos defienden a ultranza como "la identidad nacional", sobre la que se supone se soporta la unidad desde El Hierro a Menorca. Las sociedades modernas basan sus cimientos en leyes, no en costumbres por mucho que algunos insistan en que las normas son tradiciones plasmadas sobre un papel. Las leyes son la base de la convivencia y el marco estable en el que uno puede hacer algo un día sí y al otro también. Los partidos políticos catalanes han decidido debatir si ilegalizan o no las corridas de toros. Unos eventos en los que siempre el toro, y a veces el torero, mueren. La propuesta de unos ciudadanos catalanes nace de un problema no resuelto en este país, y que en Portugal no tenían hasta 2002. Nuestros vecinos no mataban al animal y por tanto, las corridas de toros no pasaban más allá del espectáculo que suponía la pericia de una persona a la hora de evitar una embestida de cientos de kilos. Los defensores de las corridas aseguran que eso no tenía gracia, que lo divertido es contemplar la habilidad de un torero para marear antes de ejecutar, pero siempre ejecutar. El Parlamento portugués aprobó el 11 de julio de 2002, con 115 votos a favor, 91 en contra y nueve abstenciones, una ley de excepción que permite dar muerte a los toros en las corridas de aquellas localidades lusas en las que existan "tradiciones locales que se hayan mantenido de forma ininterrumpida por lo menos en los cincuenta años anteriores". Tradición 1 - Leyes 0. Si repetimos este esquema, tendremos que permitir el lanzamiento de cabras desde los campanarios o la incineración de los herejes. Siempre que sea tradicional... De vuelta en España, en un país donde todo el mundo se llena la boca al mentar al Estado de Derecho como garante de todo, para prohibir o permitir, sería interesante recordar que existe legislación muy clara acerca del maltrato animal. Unas leyes, votadas por los representantes populares, que prevén multas e incluso penas de cárcel para quien ponga en peligro la vida de la fauna y flora nacionales. Las leyes tienen por objetivo articular las sociedades modernas y dar respaldo a quien lo requiera. Anteponer un pasatiempo a toda una escala de valores debería obligar a una profunda reflexión acerca de nuestra esencia como conglomerado. Podemos seguir con la muerte patrocinada del toro, pero entonces no tendremos autoridad alguna para entristecernos cada vez que un perro -por ejemplo- agonice abandonado en una cuneta. Posted originally: 2009-12-18 13:05:00
1. 19-12-2009 18:56 Con esta frase me quedaria de todo tu comentario: una escala de valores debería obligar a una profunda reflexión . Todo hay que cuestionarlo,la religión ,la política,la Educación,las relaciones humanas,relaciones entre los demas seres vivos que nos rodean,todo hay que cuestionarlo. Si queremos evolucionar claro. De lo contrario si el hobre no se cuestionara las traciones,como se ha dicho ya muchas veces,aun esstariamo echando los hombres a los leones y lo veriamos ,todo natural. En el tema que nos ocupa creo que lo que hay que cuestionar solamente es si el toro sufre o no sufre ,si es torturado o no es torturado ;porque si el toro ni sufre ni es torturado creo que todos estariamos a favor de que la fiesta como tal continuara. Entonces creo que todo lo demas sobra de discusión ya que creo que nadie esta en contra de las tradiciones a no ser que sea por la cuasa que termino de apuntar. 2. 21-12-2009 07:06 Soy Catalan y no me he leido el artículo porque en la segunda linea se ve la clase de periodista que eres. Escribes y opinas sobre cosas que no conoces. Nunca he visto un toro con los cuernos envueltos en llamas, a los toros embolados se les ponen unos artiugios metálicos en los cuernos de forma que el toro no se queme ni la cara ni los cuernos. Y si piensas que se queman, piensa tambien como vuelven a los corrales siguiendo a los mansos, porque eso quiere decir que no se quedan ciegos, piensa como viven hasta 15 años (14 más que la carne que comes) y los embuelan muchas veces y nunca he visto a ninguno chocarse contra obstaculos. Lo dicho, antes de opinar mejor informarse. Escribir Comentario
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