BERTUCHI, UN PINTOR EN LA MEMORIA

“Mi abuelo no paraba de pintar”

“Mi abuelo no paraba de pintar”
Retrato de Mariano Bertuchi. Fondos de la exposición Un pintor en la Memoria
Retrato de Mariano Bertuchi. Fondos de la exposición Un pintor en la Memoria  

A Bertuchi le gustaba sentarse junto a la ventana en el Casino y dibujar con los dedos en el aire. Lo cuenta su nieto, así se lo han contado  a él. “Yo no llegué conocerle, tenía un año cuando se murió, pero él sí me conoció a mí”, explica Mariano Bertuchi Alcaide. Sus recuerdos son los recuerdos de otros, de su familia, de su abuela Esperanza, “de Ceuta de muchas generaciones”, o de discípulos y colegas, como el caso de la anécdota del Casino.

“Era una persona muy activa, siempre estaba pintando” afirma, convencido de que, de haberse quedado en Ceuta, “habría hecho aquí la misma labor”. De su abuelo solo le han hablado bien, “todos dicen que era una buena persona”, enamorado de la docencia. Pero claro, qué van a decir, admite, convencido así y todo, de que es verdad.

Él ve la obra con ojos de nieto. No es la suta la opinión docta de un experto en la obra del granadino, ni la de un esteta o un teórico. El sigue viendo la obra como parte de su vida, quizá por eso su visión es la más limpia de prejuicios y tiene muy clara cuál es la sensación que transmite la obra de su abuelo: “Alegría”, resume. La luz, los colores, la nostalgia inocente, ese costumbrismo ajeno, esas figuras humanas que desfilan borrosas entre callejuelas y mezquitas envuelven al espectador en la bruma del viajero por parajes exóticos. Si es academicista o impresionista, si de sus pinceles nació una escuela con personalidad propia y toda una iconografía, es ya lo de menos .

Mariano Bertuchi de niño. Fondos de la exposición Un Pintor en la Memoria