FERIA DEL LIBRO

Benjamín Prado: “Si me tienen que operar prefiero que el cirujano haya leído el Quijote”

Benjamín Prado: “Si me tienen que operar prefiero que el cirujano haya leído el Quijote”
Benjamín Prado
Benjamín Prado  

“Si mi vida fuese un cuento empezaría con un Érase tres veces….”, ironiza Benjamín Prado en su encuentro con los lectores en la Biblioteca Pública ‘Adolfo Suárez’. Poeta, ensayista, novelista, periodista… “No querría ser otra cosa”, confiesa quien es lo que es gracias a tres maestros: un maestro de escuela, un profesor de literatura y un maestro universal: Rafael Alberti.

El primero le habló con pasión de Garcilaso de la Vega, abriéndole la puerta a un nuevo universo; el segundo fue un profesor de literatura que creía que los exámenes era “un invento pequeñoburgués” y que pese a su insistencia en Bob Dylan le recomendó que leyera antes ‘Poeta en Nueva York’ de García Lorca y ‘Sobre los Ángeles’, de Alberti. Y el tercero el propio Rafael Alberti, el decisivo, la encrucijada que le llevaría por el camino que el destino había escrito para él: la literatura.

Un encuentro casual con el poeta del 27 en el bar de la esquina de su pueblo, Las Rozas, que encauzó su vida y de paso le sirvió para tomar su primer Gin Tonic, invitado por Alberti, con quien, misterios de la vida, fraguó una amistad que duró 15 años y que le dejó muchas enseñanzas grabadas a fuego. Una de ellas no se cansa de repetirla: “La literatura es un acto civil”. “La cultura como mero entretenimiento no me interesa, como tampoco me interesa el periodismo como entretenimiento”, explica. “Lamento la muerte de un poeta como Ángel González, pero si se hunde un banco brindo”, admite con media sonrisa.

El desmantelamiento de la literatura en la sociedad moderna indigna a Benjamín Prado, especialmente en España. “Estamos en un país donde no se lee el Quijote en los colegios”, suspira recordando que “nuestros petróleos son el turismo y nuestra cultura”. Un país donde su hija de 17 años “tiene que conocer las 167 partes de una célula pero no tiene que leer el Quijote”. Leer “hace personas menos manipulables. No te crees lo que dice cualquier ministrillo”, defiende. Y va más allá: “Si me tienen que operar prefiero que el cirujano haya leído el Quijote”.

En la misma silla en la que hoy se sienta Benjamín Prado, se sentaba dos días atrás su buen amigo Luis García Montero, para quien este desmantelamiento paulatino de la literatura, la filosofía o el arte en los planes de estudio obedecen a un plan metódico y muy bien calculado: fabricar ciudadanos dóciles, manipulables, sin capacidad para el pensamiento crítico. “Prefiero pensar que no es así, pero seguramente Luisillo tenga razón”, concede, apuntando un caso práctico que apuntala su duda, el 21 por ciento de IVA Cultural. Una medida protestada por todos, desde artistas a distribuidores, técnicos y expertos y que está resultando desastrosa para el sector sin margen para la duda pero que, pese a las evidencias, quienes la pusieron en marcha se niegan a rectificar. “Ahí entra la idea de Luis (García Montero)”, señala. “Pero si lo hacen con la sanidad qué no van a hacer con la cultura”.

Crítico pero no cítrico

Fiel a las enseñanzas de Alberti, Benjamín Prado es “crítico pero no cítrico”, prefiere forcejear a empujar, argumentar que lanzar soflamas, explica. “¿Por qué hay que detestar a quien piensa diferente”, se pregunta, “¿no me va a gustar Céline porque era un fascista, o Valle Inclán porque era carlista o Neruda porque era comunista?”. Otra enseñanza de Alberti: "No seas sectario, porque nunca aprenderás nada".