Bertuchi, el primer publicista de Marruecos

El pintor Mariano Bertuchi y su esposa, retratados en Tánger

Tetuán era Marruecos en estado puro cuando Mariano Bertuchi llegó allá por 1915. Aún no se había iniciado todavía la construcción del ensanche y la ciudad se limitaba a la Medina y al Mellah. Una ciudad que desde entonces está perfectamente documentada por fotografías pero, sobre todo, por los óleos y acuarelas Bertuchi.

Larache, Alhucemas, Arcila, Alcázarquivir, Tánger, Xauen se incorporaron así al imaginario exótico de los españoles. Primero por los sellos diseñados por el pintor granadino en 1928; luego llegarían sus óleos y, sobre todo, los carteles y postales. Y con ellos la iconografía que aún hoy, casi un siglo después, Marruecos sigue vendiendo al mundo.

Y no solo Marruecos. Bertuchi fue además el pintor de cámara del Protectorado, el encargado (entre otros) de dejar para la eternidad escenas bélicas y batallas de la Guerra de África e incluso de la Guerra Civil cuando aún no había terminado. “Finalizado el período bélico, la Administración del Protectorado, es decir, el Ejército, se cuidó mucho de propagar una imagen de desarrollo dentro y fuera de nuestras fronteras. Una imagen de la cual fue uno de sus principales artífices el pintor Mariano Bertuchi Nieto, autor de todos los sellos propios del Protectorado, de casi todos sus carteles turísticos y generador de una corriente de preservación patrimonial que no sólo se ocupaba de la arquitectura o del urbanismo, sino que no descuidaba los ambientes urbanos y ajardinados, incluso las perspectivas visuales, colaborando con arquitectos, ingenieros y todo el arco funcionarial de la administración”, explica José Luis Gómez Barceló en su trabajo  “Fotografía española en Marruecos: realidades soñadas, ensoñaciones recreadas”.

Y es que ya desde los 14 años, el pintor quedaría prendado de la luz y la belleza del Norte de Marruecos. El propio pintor lo declararía a Bermudo Soriano con estas palabras: “Más tarde, aprovechando todos los asuetos, yo tendría que visitar muchas veces Marruecos, atraído por su color y sus encantos. Muchas veces, sí, hasta quedar anclado definitivamente, en este bello y pintoresco país”. (‘Mariano Bertuchi como pintor de la intimidad marroquí’. Belén Abad de los Santos Universidad de Sevilla)

No es Barceló, cronista de la Ciudad, el único en situar a Bertuchí en el centro de la creación de la imagen romántica de Marruecos: Enrique Arias Anglés, historiador del arte considera que “junto a Tapiró, el otro gran pintor de Marruecos fue el granadino Mariano Bertuchi”, aunque, a su juicio, el granadino fue más allá y se implicó en el proceso de colonización, primero como cronista gráfico de la campaña militar del Protectorado, labor por la que le fue concedida la Cruz del Mérito Militar; y posteriormente, ejerciendo cargos en la Administración colonial relacionados con el arte, siendo inspector jefe de los servicios de Bellas Artes en el Protectorado, y creando diversas escuelas de arte, como la Escuela de Bellas Artes de Tetuán, de la que fue profesor; la Escuela de Artes y Oficios Marroquíes de esa misma ciudad, de la que fue director; la de Artes Indígenas de Tagsut; o la de Alfombras de Xauen; fue también creador y director del Museo de Tetuán. “Desde este punto de vista, su relación con Marruecos guardaría cierta semejanza a la que tuvo Rudyard Kipling con la India colonial británica, a la que amó y dedicó tantas obras suyas, pero sin dejar nunca de sentirse inglés. Y como Kipling escribió la India, Bertuchi pintó Marruecos, sin dejar nunca de sentirse español”, considera Pando subrayando que esta imagen, como la que Kipling escribió de la India, sigue vigente aún hoy.

Pero Bertuchi fue más allá también de lo meramente colonial, de lo exclusivamente bélico o propagandístico, con una visión casi documentalista del día a día del Protectorado, del Norte de Marruecos. En sus obras quedan reflejadas las calles, plazuelas, jardines, cafetines, fondaks o zocos, rebosantes de humanidad, con una visión colorista y arquitectónica bañada de blancos, azules, ocres claros y suaves malvas, en luces y sombras. Paisajes urbanos en los que se discurre la vida cotidiana, libre de exotismo o romanticismos huecos al estilo de los orientalistas de la época, al estilo de Fortuny.

Sigue Bertuchi los pasos de Sorolla, con una personal técnica luminista, plagada de luces y sombras, con pinceladas rápidas y empastadas que lo emparentan con el Impresionismo aunque siempre tratar de mantenerse al margen de las corrientes de la época.

Una maestría de la que pronto dio señales. Así lo subraya Belén Abad de los Santos en un artículo publicado por la Universidad de Sevilla: “Nació en el seno de una familia acomodada con ciertas inquietudes intelectuales, que supo estimular sus aptitudes artísticas desde temprana edad. Estudiosos como Bermudo Soriano o Gómez Barceló9 ofrecen datos que apuntan a un retrato de niño prodigio revelador de la precocidad del joven Mariano, el cual, cuando sólo contaba doce años de edad, fue nombrado Socio de Honor del Liceo Artístico y Literario de su ciudad natal gracias a su cuadro La Adoración de la Cruz por Isabel la Católica10. En esa época infantil, que transcurre en Andalucía, y más concretamente entre Granada y Málaga —ciudades con un marcado refinamiento árabe—, pronto se despertaría en él un especial interés por Marruecos”.

Un amor por la luz y los colores del Norte de Marruecos que ahora puede contemplarse en conjunto, reunidos en una sola muestra que recoge la visión del pintor granadino de lo que un día fue el Protectorado.

 

En este NO-DO de 1954 pueden ver al pintor en su entorno.

Nota del Autor. Si quieren ahorrarse las estampas de la vita íntima del dictador Franciasco Franco y de procesiones de la época, vayan directamente al min 4.51 en el que se da pasoal reportaje sobre Mariano Bertuchi.