EXPOSICIÓN DE CARLOS LARIOS

Las manos del Pirata

Las manos del Pirata
Foto Carlos Larios
Foto Carlos Larios  

Docenas de manos revolotean en el Museo del Revellín. Manos de obrero y manos de niño. Manos que acarician una trompeta y que ladean un sombrero. Manos que se agarran a un bastón y otras que se aferran a un rosario. Manos tatuadas, arrugadas, entrelazadas, manos abiertas y manos crispadas. Son las manos del Pirata.

Las manos de Carlos Larios, el Pirata Larios para los amigos: diseñador, dibujante y, sobre todo, fotógrafo. Y esta es su primera exposición en solitario: ConTacto, en el Museo del Revellín hasta el 16 de julio. Un guiño a los viejos contactos de cuando la fotografía era un proceso químico y la definición gráfica de su manera de enfocar la cámara.

Carlos Larios, alma mater de la asociación Miradas, alto, desgarbado, de ojos rasgados -quizá cerrados a F22 para ganar profundidad de campo- tiene un mirar amable y sonrisa sincera. Una mirada femenina que flota en su trabajo como fotógrafo, una sensibilidad sin artificio, un uso sereno de la luz natural, sin asperezas.

ConTacto nace de la pulsión íntima del fotógrafo, ese motivo recurrente que acompaña al artista. En el caso de Carlos Larios son las manos. Repasando su trabajo se encontró a si mismo en las manos de otros. Las manos como parte indispensable de la vida, explica. “Las manos dicen mucho de nosotros”, sugiere, ”de los pensamientos y sentimientos de cualquiera de nosotros”. También sus propias manos, parte de la exposición y la imagen que sirve de cartel a la muestra. Las manos de un artesano, recuerda, las de un diseñador que comienza todos sus trabajos en un boceto a mano.

No esperen vanguardia ni juegos de luces. La sencillez es el arma y el alma de Larios. Son retratos limpios, sin recovecos, retratos en los que no es necesario mostrar un rostro para palpar la humanidad. Todo está en las manos. Manos que invitan a imaginar una cara, manos que escriben un relato invisible.