FERIA DEL LIBRO

Luis García Montero y los cuatro pilares de la literatura

Luis García Montero y los cuatro pilares de la literatura
Luis García Montero firma un ejemplar de su novela en la Feria del Libro.
Luis García Montero firma un ejemplar de su novela en la Feria del Libro.  

Luis García Montero (Granada, 1958) ha vivido en Ceuta las dos caras de la condición del poeta en el siglo XXI. Sintió en su carne la soledad del escritor en la firma de libros en la Plaza de los Reyes, abandonado por los lectores, para, poco después, saborear las mieles del éxito literario con una Biblioteca Pública del Estado abarrotada de admiradores para escucharle.

García Montero es una rara avis, un poeta que rompió el techo de cristal y conoció el éxito y la popularidad reservados a los novelistas, lo que le convierte, sostiene José Antonio Alarcón, director de la Biblioteca, en “el mejor poeta vivo”, la voz que aúna la herencia poética del siglo XX. Y aun así la poesía no da de comer lo que obliga al poeta a multiplicarse en catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, crítico literario, columnista, ensayista y ahora también novelista. Pero sobre todo poeta, heredero de Machado, de Alberti, de Lorca.  Sobre todo Lorca.

“Soy escritor porque un día me deslumbró un libro”, recuerda García Montero, concretamente un tomo de la Editorial Aguilar, encuadernado en piel y con papel de biblia con la obra completa de Federico García Lorca. “Así descubrí que la luna no es solo la luna, es algo más”. Ese algo más es ahora su vida: la literatura. Un arte que se asienta en cuatro enseñanzas que la hacen universal: la libertad, el tiempo, la condición humana y el lenguaje. Cuatro pilares “en los que merece la pena pensar si queremos tomarnos la vida en serio”, sostiene el poeta.

La libertad

Decía Juan de Mairena, el ficticio profesor de retórica creado por Antonio Machado que “para que una sociedad sea libre, no basta con poder decir lo que pensamos, hay también que poder pensar lo que decimos”. Una sentencia que ha adquirido un nuevo color en el siglo XXI , apunta García Montero. Los medios de comunicación de masas son hoy un eficaz sistema de control de las conciencias, las redes sociales contagian el pensamiento único. Hoy más que nunca advierte el poeta es vital ser dueño de nuestras opiniones y solo la literatura puede ayudarnos en este empeño. “La literatura  nos adiestra para pensar lo que decimos”, explica defendiendo el lenguaje como método de reflexión, de meditación. “Buscar un adjetivo durante todo un día es meditar”, defiende.

El tiempo

El tiempo, probablemente la mayor ficción creada por el hombre, es la materia prima invisible de la literatura. El tiempo como memoria, como herencia. Un concepto que se tambalea en estos tiempos de usar y tirar, alerta el poeta, tiempo de “adanistas que creen haber descubierto el Mediterráneo”. Un tiempo de “usar y tirar” que prima el presente y entierra el pasado: “Estamos perdiendo la memoria”, advierte recordando que “es el concepto de herencia lo que nos compromete con nuestros hijos”. Una labor de “dimensión histórica” de la literatura que corresponde al escritor, al poeta, que “mantiene la memoria frente al tiempo de usar y tirar”.

Una revelación que García Montero le debe a Ian Gibson que le descubrió que vivía en una ciudad, Granada, “llena de silencios”, “llena de ausencias” que no le habían contado. “Y mi vida fue buscar esa ciudad en los escombros del olvido”, confiesa el poeta, que dedicó el resto de su vida a desenterrar la memoria para las generaciones venideras…

La Condición humana

“¿Qué digo cuando digo que soy yo?”, se pregunta García Montero repicando la cuestión central de la poesía, de la filosofía, de la vida: la condición humana. Una condición a merced de la historia (del tiempo). “Ser mujer para mi hija de 26 años no es lo mismo que para mi abuela”, compara García Montero recordando que “la historia nos fabrica” y es nuestra obligación defender nuestra condición frente a la historia. “Si no militamos en la emancipación de nuestra subjetividad no cambiaremos la historia”

El lenguaje

“Escribir es tomarse en serio el lenguaje”, resume García Montero, es, como explicaba Kenzaburo Oé, “la necesidad de entender y que nos entiendan”. “Poniéndome en el lugar del otro aprendo mucho de mí, cuando busco un adjetivo aprendo mucho de mí”, resume García Montero que, como escritor, se define como un cuidador del lenguaje.