El mayor galán de cine y teatro de la historia de Ceuta y del que nadie se acuerda

El mayor galán de cine y teatro de la historia de Ceuta y del que nadie se acuerda


- José Gómez Barceló reconstruye la vida de José G. Castro, galán de comedias que se fue al exilio y “terminó condenado al ostracismo” en su país

- Actuó con Imperio Argentina y las grandes divas de la época, fue toda una estrella en América pero nunca obtuvo el reconocimiento en España

- El cronista de Ceuta reivindica su figura: “Se merece que su ciudad lo recuerde”


Fue todo un galán de cine y teatro, una auténtica estrella de las variedades en España y, sobre todo, en Argentina. José G. Castro compartió escena y pantalla con las más grandes divas, Lisa Vehil, Dora Ferreyro, María del Pilar Armesto, Nélida Quiroga o la gran Imperio Argentina. Giró por los mejores teatros de América y rodó con los mejores directores de cine. Castro, considerado un secundario de lujo, un galán cómico al estilo Valentino, logró ser toda una estrella de las tablas argentinas hasta que murió a los 65 años en su casa de la calle Piedras, 907, muy cerca del teatro Margarita Xirgú, en el corazón de Buenos Aires, y muy lejos de donde nació, en una pequeña casita detrás del Ayuntamiento de Ceuta, donde ya nadie lo recuerda.

“En Argentina sí es recordado”, asegura el historiador José Luis Gómez Barceló, que ha seguido su rastro hasta reconstruir la vida de un actor que se merece un hueco en la historia de las artes y la cultura de Ceuta pero del que nadie se acuerda. “Y se merece que su ciudad lo recuerde”. La de Pepe Castro, o José G. Castro como firmaba el actor, es una de las biografías que se han presentado en las XIX Jornadas de Historia del Instituto de Estudios Ceutíes, quizá la más triste.

Una biografía “entrañable” -el adjetivo es de Barceló- que rinde homenaje a un actor que se vio obligado al exilio tras el golpe militar de 1936 que derivaría en la Guerra Civil. Uno más de tantos exiliados que cayó en el olvido. “No hemos estudiado a quienes se fueron al exilio y son muchos”, admite Barceló señalando el caso doloroso de Castro, toda una estrella condenada al ostracismo. Una condena que pudo sentir en su piel el propio Castro cuando, ya toda una estrella, regresó por última vez a Ceuta, pasando totalmente desapercibido en la ciudad que lo vio nacer. Ni una entrevista, ni tan siquiera una pequeña reseña de la visita del actor. “Era un exiliado y estaba condenado al ostracismo y así debía seguir”, recuerda con dolor Barceló. “Vino por última vez en 1964 y pasó unas semanas en Ceuta, si llega a venir un año más tarde le entrevista Toni (de la Cruz) seguro”, lamenta el cronista, “pero no lo entrevistó nadie, pasó inadvertido”.

Su vida es todavía un misterio. Fue un galán cómico reconocido, pero los actores secundarios, y más en el teatro, caen rápido en el olvido. “La memoria es flaca”, disculpa Barceló que durante años ha ido recomponiendo el puzle de la vida de Castro, aunque aún tiene muchas lagunas por llenar. La primera, y quizá la más importante, es de donde le vino la vena artística al hijo del conserje del Ayuntamiento y cómo logró hacerse sitio en el negocio del espectáculo. Lo que sí está claro es que a finales de los años 20 ya se había hecho hueco en la comedia. “No era un primer espada, pero sí un buen secundario y a finales de los años 20 es ya conocido, se ha hecho un nombre y en 1927 entra en la compañía de Pepita Meliá y Benito Cebrián”, señala el cronista, recordando a estos dos actores prestigiosos y comprometidos políticamente con el Frente popular. De allí salta a la compañía de Antonia Plana con la que viene a Ceuta ya como estrella, codeándose con la plana mayor de la ciudad, entre ellos el que poco después fuera alcalde Vitori Goñalons. Una visita a su ciudad natal que tuvo eco incluso en la prensa nacional, lo que da una idea de su talla ya a finales de los años 20. “Pero hoy nadie le recuerda, ni aparece en los libros, ni en las enciclopedias, nadie se acuerda de José Castro”, vuelve a lamentarse Barceló.

Pero el gran salto artístico estaba por venir. En 1928 se suma a la compañía argentina de Camila y Héctor Quiroga, "una compañía capital", precisa barceló. Camila Quiroga era y es aún hoy la gran dama del teatro argentino, lo que es decir mucho en un país donde el teatro es casi una religión. Con ella Castro se sube a la ola del éxito y comienza a girar por toda España y América. “El ya tenía fama de ser un gran intérprete de los autores argentinos contemporáneos”, apunta José Luis Gómez Barcelo, que añade un dato crucial a la biografía de Castro: en esta compañía conocería a la que sería su esposa, la hija de Camila y Héctor, Nélida Quiroga, quien se convertiría en una de las grandes actrices secundarias del cine y el teatro español y, al contrario que su marido, recordada en Argentina y en España.

Pero en 1936 estalla la Guerra Civil y Castro decide no volver, de momento, a España, donde sabe que no sería bien recibido. Una vuelta que terminó postergando hasta 1952. Entretanto siguió consolidando su carrera en Argentina, alcanzando el estatus de secundario de lujo, compartiendo créditos con las grandes damas, rodando con los grandes como Enrique Diosdado o Narciso Ibáñez. ‘La dama duende’, ‘Besos Perdidos’, ‘Piricho’ y, sobre todo, ‘Lo que fue de la Dolores’ (1947), con Imperio Argentina, seleccionada para el Festival de Cannes y sin duda su gran éxito en el cine. Pese a las mieles cinematográficas, Castro fue hombre de teatro y volvía una y otra vez a las tablas. “Era un actor de verbo fácil, que declamaba bien el verso, pero al mismo tiempo fue un actor versátil, que hacía el Tenorio todos los años pero también comedia”.

Un éxito que nunca llegó a Ceuta. En 1928 volvió a Ceuta como actor y fue recibido como una estrella en ciernes. Treinta y seis años desuñes, en 1964, un año antes de su muerte volvió por última vez a su tierra y ya nadie le conocía. Fue un duro golpe. “No se sintió reconocido”, afirma Barceló. “Era un exiliado, estaba condenado al ostracismo". Un olvidado que merece ser recordado.