NUEVO LIBRO DE ESTHER BENDAHAN

Nostalgia del Tetuán perdido

Nostalgia del Tetuán perdido
Jacob Hachuel, Esther Bendahan y Miguel de Lucas
Jacob Hachuel, Esther Bendahan y Miguel de Lucas  

El primer y último recuerdo de Esther Bendahan de su Tetuán natal es su exilio, concretamente la frontera de Ceuta en 1967, cuando su familia, ante la presión social contra los hebreos tras la Guerra de los Seis Días (junio de 1967).


Casi medio siglo después, Esther Bendahan, acompañada por el director del centro Sefarad en Madrid, Miguel de Lucas, y dos amigas de su infancia tetuaní, regresó a su ciudad natal, un Tetuán que solo conocía por los recuerdos de la familia, bañados por la nostalgia y el dolor del exilio, recuerdos de un paraíso perdido.

De aquel viaje de vuelta nació un libro, 'Tetuán', encargo de su editorial, que la escritora sefardí ha presentado este jueves en Ceuta, escoltada por dos personajes de su libro: el propio Miguel de Lucas y Jacob Hachuel, consejero de Gobernación, amigo de Bendahan, con quien comparte pasado paralelo y cuyos respectivos padres son viejos amigos de la juventud en los años de la Haquetía. También discurren paralelas las vidas cruzadas de Bendahan y De Lucas, hebreos y vecinos, paradojas de la historia, del madrileño barrio de Tetuán. Compartieron lugares de infancia sin conocerse para encontrarse años después en el Centro Sefarad.

“No dejaré la dirección del centro Sefarad sin llevarte a Tetuán”, prometió un día De Lucas. Su promesa se cumplió en 2014 y dos años después ve la luz un libro que recorre la memoria de quel Tetuán perdido a través de las voces de quienes loo vivieron y lo añoran. “Cada uno tenemos nuestro Tetuán”, confiesa Hachuel. Y cada exilio una historia. La del consejero Hachuel le llevó a Ceuta, a Bendahan a Madrid, otros, los ricos, a Francia, la clase media a España y los pobres o los más comprometidos con la causa sionista emigraron a la recién nacida Israel, resume la escritora.

Su regreso a Tetuán no fue traumático. No hubo decepción pues ya la había vivido de boca de quienes habían regresado antes. Pero sí se encontró con una ciudad “llena de ausencias”. “Ausencias que no solo percibe los españoles o los sefardíes que se fueron, también los tetuaníes que se quedaron”, explica. Pero ni rastro del Tetuán de 'El tiempo entre costuras', ni rastro de la medina hebrea. “Ahora tengo un nuevo Tetuán, diferente, que me gusta, un Tetuán muy interesante donde tengo buenos amigos”. Pero no puede quitarse de la cabeza esa memoria heredada del Tetuán sefardí.”Algo debe tener esa ciudad, ese tiempo, para que tanta gente mantenga el vínculo”.