HABLAN LOS COMERCIANTES

La solitaria agonía de los polígonos del Tarajal

La solitaria agonía de los polígonos del Tarajal
Tarajal II-panoramica
Tarajal II-panoramica  

Durante décadas, las dos placas tectónicas de la frontera del Tarajal han vivido en una tensa y resbaladiza tranquilidad, pero en los últimos meses se multiplican las señales de actividad en la zona sísmica del paso fronterizo. Con una peculiaridad: solo se mueve una de las dos placas tectónicas. Marruecos.

Son las ocho y media de la mañana en el Tarajal. El sol, aún lánguido, comienza a iluminar un escenario impensable medio año atrás, cuando el bullicio de personas empujando sus carritos cargados con fardos de mercancías llenaba cada rincón. Aquí y allá deambulan hombres y mujeres con las manos en los bolsillos y los pocos comerciantes que se empeñan en abrir su negocio ven pasar la mañana a la espera de un improbable cliente. El resto de los polígonos es un laberinto de avenidas vacías, donde es más fácil encontrar un letrero de ‘Se Vende’ que un comercio abierto.

“Para que te lo quiten en la frontera, quién va a invertir en comprar algo”

El carril que desemboca en el paso fronterizo de mercancías esta hoy, como desde hace cinco meses, completamente desierto. En su extremo final yace casi fosilizado el Tarajal II. Solo el rastro de cartones y embalajes arrinconados que lleva hasta el paso cerrado desde comienzos de octubre sirve de incómodo recordatorio de lo que fue y ya no es. Y no volverá a ser.

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“Es el final”, coincide Miguel Ángel. El almacén en el que trabaja está hasta arriba de mercancía, mucha de ella perecedera y no sale nada. “Para que te lo quiten en la frontera, quién va a invertir en comprar algo”, suspira, sabedor de que todo apunta de que está viviendo el final de los polígonos del Tarajal. “La fe es lo último que pierdo, llevo 32 años trabajando en esta empresa, unos cuatro trabajando aquí en los polígonos”, explica, recordando la secuencia de los hechos. “El 9 de octubre se cortó el grifo y empezaron a torearnos, que si se abre en diciembre que si no se abre.. y estamos ya en febrero”.

Abdelazid, compañero de Miguel Ángel es tan pesimista o más. Tiene 58 años y lleva 25 trabajando en la empresa y teme por su futuro. “Estamos mal, muy preocupados. Esta gente, por ejemplo, son clientes (señalando a un grupo de hombres en la puerta de su negocio) vienen y compran un palé pero tardan una semana en pasarlo”. El grupo de hombres, acuclillados entre mercancías, abre packs de nata para cocinar guardándose los envases en los bolsillos de los abrigos para ocultarlos en la aduana marroquí, pese a ser conscientes de que muy probablemente se lo incauten. Así y todo no les queda otra que seguir intentándolo.

Polígonos del Tarajal-4Las bicicletas y los dobles fondos en abrigos y chaquetas han sustituido a los fardos y los coches de porteo. Un volumen de negocio que apenas alcanza para malvivir a los porteadores y que para los negocios del Tarajal es un balance paupérrimo y con pronóstico mortal. “Llevamos meses en pérdidas, llevamos aquí desde 1996 y ya al final solo nos quedaba el Tarajal II. Ahora la situación es ya insoportable”. Nos hemos rendido, unos están cerrando y otros aguantan con uno o dos empleados”, explica Abdelazid, que lleva toda una vida trabajando en los polígonos y solo tiene una última petición a la Delegación de Gobierno. “Que venga la delegada y nos pregunten cómo estamos viviendo el problema”.

”Nadie nos informa de lo que está pasando aquí. No entiendo este ocultismo, tienen a las empresas quebrando, echando los empleados y aquí nadie da la cara, qué secretos tienen España y Marruecos, que nos lo expliquen”.

Un poco más adelante, en otra de las escasas naves abiertas al público pese a ser un martes por la mañana, Mohamed (receloso da un nombre falso para la ocasión) fuma un cigarro con parsimonia en la puerta de su comercio vacío y sin clientes en el horizonte. Lleva 33 años en los polígonos del Tarajal y está harto de que ”nadie nos informe de lo que está pasando aquí. No entiendo este ocultismo, tienen a las empresas quebrando, echando los empleados y aquí nadie da la cara, qué secretos tienen España y Marruecos, que nos lo expliquen”.

Su negocio “está en pérdidas desde hace años y como esto siga así duramos meses”. “La única solución es que se aclare el Estado español con Marruecos”, concluye. Para Mohamed está muy claro cuándo empezó a fastidiarse el negocio: “Cuando la Guardia Civil empezó hace dos años a llevarse mercancía y a hacer el trabajo de los aduaneros marroquíes”. Una medida que supone impedir algo normal en cualquier frontera, señala: el régimen de viajeros, una pequeña compra legal en cualquier frontera tenga o no aduana comercial. “O es que Melilla tiene otro régimen”, cuestiona, apuntando que el porteo y el régimen de viajeros están permitidos en la ciudad hermana.

“Aquí se jodió todo por culpa de la ropa de China que vino de Madrid. Declaraban pantalones y camisetas a cinco céntimos. Camiones que valían 300.000 euros declarados por 30.000 o 40.000

Desde su negocio, ha visto mutar al porteo, ha vivido crisis y avalanchas. “Y luego llegó el gran volumen y hubo todo el follón”, del que se han beneficiado solo unos pocos empresarios, subraya. “Empresarios no, chipichangas, los empresarios tienen empleados, tienen seguridad social, pero estos chipichangas que han venido, han metido camiones, los han sacado a Marruecos sin tener empleados y sin tener nada y cuando se ha puesto la cosa mala, cierran la puerta y adiós”. “Piratas de Marruecos”, resume, “y piratas chinos”, añade, recordando las camiones con mercancía que llegaban desde los polígonos industriales de Madrid y Valencia, desde los que se distribuyen las importaciones llegadas de China.

Juan, empleado desde hace 22 años de una de las naves próximas al Biutz, está esperando que pase por allí alguien de Delegación de Gobierno o de la Ciudad para aclararles su futuro, ironiza. “Aquí no ha venido absolutamente nadie a decirnos nada de nada”. Juan da por hecho que “esto se ha acabado”. Calcula quince días más antes de que les den la carta de despido. “A mí me pilla ya con 63 años y me libro, pero me jode que en el último tramo de mi vida laboral me quede en el paro”. 

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“Aquí se jodió todo por culpa de la ropa de China que vino de Madrid, eso fue el detonante de que haya pasado lo que ha pasado. Se han cometido errores atroces, de denunciar los de aquí, los legales, que un pantalón vaquero no vale 20 céntimos y nada. Declaraban pantalones y camisetas a cinco céntimos, diez céntimos, quince, veinte… Camiones que valían 300.000 euros declarados por 30.000 o 40.000 euros y, claro, los beneficios eran tremendos, por eso se pagaban esas burradas de comisiones que se han pagado aquí para pasar y qué ocurre, pues el efecto llamada, gente que cobraba cinco euros en un día y llega aquí y gana 100 euros en una hora. Esto era un contrabando digamos de subsistencia, pero se empezaron a pagar sobornos y de todo para que les dieran el pasaporte de Tetuán “.  empresarios de Marruecos y de China y venía todo de Fuenlabrada y Cobo Calleja y todo el mundo lo sabía y les llevamos facturas pero miraban para otro lado porque recaudaban impuestos, pero ¿cuánto ha quedado sin recaudar? Millones. Y ahora se llevan las manos a la cabeza, pero todos callados. Y al otro lado de la frontera es peor”, recuerda Juan. “Llevan meses sin cobrar ya no pueden pagar el alquiler, no la luz, ni el agua, están arrancando los contadores, allí no hay nada, viven de esto y nosotros vivimos de ellos”. 

Y la culpa no es solo de Marruecos. “¿Aquí quién ha dado el primer paso? La delegada del Gobierno nuestra. Marruecos toda la vida ha prohibido una cosa y mañana otra, yo no tengo que tengo que ver con que pasen almendras o no pasen. Delegación no tiene nada que decir porque Marruecos rechace una mercancía, pero esa decisión la tomó Delegación, si no pasan unas cosas ni pasa nada. Ella fue ls que dio el primer paso y Marruecos ha dicho esta es la mía. ¿Y ahora qué? Se acabó”.

Calle arriba desde el viejo Biutz la quietud parece mayor. En esta larga avenida, pegada al alto muro con concertinas que separa los polígonos del vallado fronterizo, se formaba la larga y apretujada cola de los hombres que esperaban a cruzar con sus fardos por el túnel de rejas del antiguo paso de mercancías previo al más espacioso Tarajal II. Ahora solo un tipo fuma recostado en la única franja del muro en la que da el sol y un poco más allá Mohamed, ceutí de 37 años y con cuatro hijos a su cargo, saca del maletero de su coche algunas de las prendas que ha adquirido en las naves para enfundárselas unas y ocultarlas en su ropa otras y tratar así de colársela a los agentes de la aduana marroquí. “Llevo cinco o seis cosas encima, me las pongo y cruzo porque si lo llevas en la mano te lo quitan y luego llevo esto (muestra varios productos distintos de higiene personal) pero llevo uno de cada, como si fuera mío o para mis niños. De esto me saco un euro, de esto otro un euro también, de esto 40 céntimos…”, explica, "solo para sobrevivir”. Mohamed no sabe nada de impuestos ni de mercancía china, pero tiene claro que todo se fastidió “cuando empezó a venir gente de todo Marruecos, cambió mucho la gente, éramos 3.000 o 4.000 y luego éramos 20.000”.

Manolo está en el interior del comercio en el que trabaja ordenando el género de prendas deportivas. También él lleva toda la vida trabajando aquí y está convencido de que “no hay marcha atrás” y no solo para los polígonos. “Están el 70 o el 80 por ciento de los comercios cerrados y eso influye también en las arcas municipales, si no sale mercancía no hay impuestos, lo que no sé es cómo va a tirar la Ciudad sin esto, va a ser una ciudad fantasma”, concluye pesimista. “No puedo ser optimista cuando llevamos tres años en los que no se arregla nada. Lo que no entiendo es porqué no funciona en Ceuta y sí funciona en Melilla. Aquí no se mueve nadie y menos la delegada. No aparece por ningún lado, no sabe dar respuestas y no está haciendo nada con el país vecino y al Gobierno español la ciudad de ceuta le importa nada”. Para Manolo la clave está en el boom del porteo de hace tres años. Los fardos entraban por toneladas y la Ciudad “encantada con los impuestos”. “Aquí entraba dinero pero no sabíamos ni de quién entraba y eso es lo que ha sucedido, hemos querido vivir más de la cuenta”.

“Esta gente solía gastar 20.000 o 30.000 euros diarios en mercancías y ahora nada, compraban containers y  ahora no tienen ni para comprar dos cajas”.

Un poco más adelante, ya en el polígono La Chimenea, Mustaffa, en su comercio de ropa, fija el primer indicio de que esto iba a reventar cuando se llegó a pagar cien euros por bulto. “Eso era insoportable”. Muy cerca, dos hombres miran al infinito apoyados en sus furgonetas vacías. Ambos son marroquíes y no hablan español. Nordin, un ceutí que pasaba por allí, hace las veces de traductor. “Esta gente solía gastar 20.000 o 30.000 euros diarios en mercancías y ahora nada, compraban containers y  ahora no tienen ni para comprar dos cajas”. En el polígono La Chimenea el movimiento es mayor, pero solo por su cercanía con la puerta de entrada. Allí, en un recodo al sol, esperan sentadas un grupo de cinco mujeres. La única que chapurrea el español, la de mas edad, dice llamarse Fatima ante las risas de sus compañeras. “Nada trabajo, nada comida, nada ropa, nada, nada , pobrecito, nada, nada, a casa”. “Ocho niños, hombre muerto”, resume otra a duras penas. Sobran más datos. 

Es ya casi mediodía. En la puerta de los polígonos, Donde antes trasegaban miles de personas cargadas con enormes fardos a la espalda o arrastrando carritos cargados hasta las cartillas, dos hombres se reparten una docena de bricks de tomate frito, arrojan el embalaje al suelo y cada uno se va por su lado dejando solo al periodista, que tira una última foto y se va. 

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