CLASE PRÁCTICA

Autoescuela Avenida conciencia a los profesionales del volante sobre los efectos de conducir ebrio

Autoescuela Avenida conciencia a los profesionales del volante sobre los efectos de conducir ebrio
Así se ve cuando uno va con copas de más en un nivel de distorsión medio.
Así se ve cuando uno va con copas de más en un nivel de distorsión medio.  

La Autoescuela Avenida, fiel a su filosofía de extender su actividad más allá de la formación para obtener permisos y títulos y tomar conciencia y actuar como agente social clave para evitar accidentes y muertes, ha realizado este jueves una formación peculiar y llamativa con sus alumnos que buscan obtener el denominado CAP (Certificado de Aptitud Profesional), obligatorio para poder conducir camiones y autobuses. Hasta la explanada de prácticas en Loma Margarita se han ido los alumnos dotados de gafas que distorsionan la visión y simulan los efectos del alcohol y las drogas en la percepción humana.

Otros, dos alumnos, más atrevidos, no han necesitado gafas y se han sometido a un duro experimento a base de cervezas y whisky para experimentar en propia carne y en un sitio supervisado y sin riesgos como se pierden reflejos y habilidad al volante cuando uno va con dos copas.

“Se trata de que ellos mismos tomen conciencia de por qué no tienen nunca jamás que conducir bajo los efectos de las drogas o el alcohol, ya sea su coche particular o, en este caso con mayor importancia porque aspiran a dedicarse al transporte de pasajeros o la conducción de vehículos pesados. Lo experimentan en sus propias carnes y van a darse cuenta de cómo pierden reflejos y les cuesta hacer mucho más la misma maniobra”, ha explicado Sufian Halifi de la Autoescuela Avenida.

Y ellos mismos lo han sufrido en carnes. Primero han realizado el circuito que se les pedía con el coche y el autobús en perfecto estado. Luego, unos con las gafas, otros dos, bajo los efectos del alcohol que iban ingiriendo. El resultado no da lugar a dudas, menos reflejos, menor capacidad de visión, movimientos más torpes y bruscos, besos o atropellos a los conos y casi el doble de tiempo para realizar la misma maniobra. “Se nota muchísimo”, aseveraba entre risas Raúl uno de los que optó por el whisky. “Con las gafas no ves nada es imposible hacerlo bien”, añadía otro alumno.

Conclusión clara: al volante serenos y sin drogas de ningún tipo. La experiencia no se les olvidará. A los que tomaron parte hoy en la clase será difícil que en el futuro se les muevan las columnas del garaje.