MUS-E

Un canto a la tolerancia en los tiempos del pin parental

Un canto a la tolerancia en los tiempos del pin parental
Actuación de uno de los centros este martes.
Actuación de uno de los centros este martes.  

El Programa MUS-E que desarrolla en los centros escolares la Fundación Yehudi Menuhin celebró este martes sus 20 años de funcionamiento en España, aunque en Ceuta lleva más, empezó en 1996 bajo la tutela de la fundación internacional. Lo hizo llenando el escenario del Auditorio del Revellín de los bailes y actuaciones del alumnado que ha trabajado bajo su batuta. Y lo hizo bailando y cantando a la tolerancia, al valor universal de la humanidad y al imperativo moral de tender la mano al diferente y al necesitado. Toda una declaración de principios en la escuela en tiempos en los que el debate se centra en el pin parental y en el modo más eficaz de rechazar inmigrantes o de independizarse del diferente, reforzando muros o directamente pidiendo levantarlos donde aún no existen. Va también por el Brexit.

Sobre las tablas la voz de la narradora espeta: “levantaron los muros y se saludaron”. Se saludaban los pueblos del norte y el poniente y el levante para afrontar un problema común del que se habían estado culpando mutuamente instantes antes. El final obvio acababa en canción, en unidad y en felicidad.

“Deseamos que la igualdad de género sea el motor de la educación y que la diversidad no sea un problema sino un valor para un mundo más inclusivo”, se leía uno de los deseos que el alumnado había trabajado al amparo del programa.

Y así sucesivos micro espectáculos infantiles o adolescentes preparados durante meses con el hilo conductor común que, como no, identifica a una de las fundaciones internacionales más involucradas en acercar pueblos y no separarlos más de lo que ya están.

Sobre el escenario una y otra vez se fundían grupos diversos identificados cada cual con un color. El naranja con el amarillo, blancos y negros iniciaban una competición por sobrevivir: “sólo puede quedar uno”, para terminar uniéndose para salvarse todos y reivindicando su derecho a ser cómo les dé la gana y vivir en paz sin necesidad de pisar a nadie.

“Deseamos que los adultos nunca olviden soñar como niños”, quizás ahí esté la clave.

Esos deseos son el modo de celebrar su cumpleaños, tal y como ha explicado Anabel Domínguez, la directora de la Fundación Yehudi Menuhin que no ha querido perderse el espectáculo: “Lo que hemos trabajado con los niños y niñas es hablar de esos deseos que realmente deberían movernos y cambiar el mundo y qué nos podría motivar”. En el paseo del Revellín se han colgado esos deseos, esas ambiciones de un mundo mejor.

La idea fuerza para este  curso además es que los niños se erijan en protagonistas, de su propio destino, “todos los que estamos aquí somos del siglo pasado, todos los que están en el programa MUS-E son de este siglo y ya plantean otro nuevo modelo”, ha explicado Domínguez a la prensa. Toda una declaración revolucionaria en tiempos de férrea defensa de las tradiciones y un enroque por petrificar la tradición sin atisbo alguno de duda o reflexión sobre las mismas, elijan el ejemplo que quieran. “Mensajes muy potentes de qué realidad quieren”, ha sintetizado Domínguez.

Por suerte para la humanidad esa realidad deseada apuesta por el hermanamiento, la solidaridad y no las trincheras entre diferentes. Si un cuadrado no puede entrar por la puerta redonda y todos los demás son redondos, el problema no es el cuadrado, es la puerta y los redondos la harán cuadrada para que el patito feo del cuento pueda cruzarla. “El que abre una puerta/detiene al que la quiere derribar”, que escribió Benjamín Prado.

“”Entre todos podamos hacer que esos niños y niñas, que a veces tienen situaciones complicadas porque el mundo que les estamos dejando y en el que viven es complicado sea un poquito más amable y en el que se les escuche su voz”, resume Domínguez.

Todos esos niños este martes bailaron bajo un mismo sol. Un sol que explotará un día y convertirá a la humanidad entera en migrante en busca de un mundo mejor.