MÉTODO BAPNE

Un estudio realizado en Ceuta demuestra que la música mejora la atención de los alumnos

Un estudio realizado en Ceuta demuestra que la música mejora la atención de los alumnos
Laureano Jesús Ávarez-Morales, en el salón de actos del IES Camoens.
Laureano Jesús Ávarez-Morales, en el salón de actos del IES Camoens.  

La letra con música entra, contradiciendo al refrán. Así lo demuestra un estudio piloto llevado a cabo en el IES Camoens, que ha analizado el aprendizaje de la música través de la percusión, corroborando empíricamente que el estudio y práctica de los ritmos influyen en la capacidad del alumno, especialmente en una habilidad muy valiosa y cada vez más difícil de aprehender: la atención.

“Sin música la vida sería un error”, decía el Friedrich Nietzsche. La educación también es un error sin música. Pese al aviso del filósofo, la música (como la filosofía) ha ido perdiendo peso en el currículo escolar, olvidando su potencial educativo. Un valor que reivindica el método BAPNE de estimulación cognitiva, psicomotriz, socioemocional y neurorehabilitativo, que un profesor ha puesto en práctica en el IES Camoens en un estudio piloto llevado a cabo con un grupo de 61 alumnos de Primero de la ESO.

Durante seis meses, Laureano Jesús Álvarez, profesor de Servicios a la Comunidad, ha trabajado con ese grupo mediante dinámicas en grupo con su cuerpo como único instrumento musical. El Método BAPNE, desarrollado en la Universidad de Alicante, integra la percusión corporal, la música, la lengua y el movimiento a través de la neuromotricidad, explica Chiqui, como todo el mundo conoce a Laureano Jesús Álvarez. Este profesor, responsable el departamento de orientación, realizó un durante tres años un máster en la Universidad de Alicante con Francisco Javier Romero-Naranjo , padre de este método educativo. Junto a varios de sus compañeros  decidió ponerlo en práctica en diferentes puntos de España, con la particularidad de que en Ceuta mostraba una población estudiantil dividida casi a partes iguales entre chavales de origen cristiano y musulmán, “lo que lo hace singular y especialmente interesante”. La idea, explica Álvarez, es comparar los resultados en diferentes centros de muy diferentes lugares de España. Pero eso es el siguiente paso.

Álvarez seleccionó dos grupos de primero de la ESO, ambos muy similares entre sí, de parecida extracción social, todos del mismo colegio en sus primeros pasos en Secundaria. Ambos grupos de alumnos se sometieron a un ‘pretest’, una prueba inicial para calibrar su capacidad de atención en sus más diversos aspectos. Pero solo con uno de los grupos se trabajaría con el método BAPNE, el otro seguiría su día a día normal. De este modo, una vez concluido el proceso podían realizar la comparación, explica Álvarez, delante de cinco gruesas carpetas repletas de test y sus correspondientes evaluaciones. Un trabajo extenuante, confiesa.

Laureano Jesús Ávarez-Morales, en el salón de actos del IES Camoens (1 de 2)Durante seis meses, el grupo “experimental”, llamémoslo así, tuvo dos clases semanales  de percusión corporal, en la que se mezclan ejercicios de lengua y psicomotricidad. Reunidos en el salón de actos, con las sillas dispuestas en círculos aprendían, por ejemplo, a tocar una clave cubana. Clases dinámicas en las que “aprendían música sin darse cuenta”, explica Álvarez emocionado. Una prueba más de que aprender música leyendo partituras es, decía Pavarotti, “como hacer el amor por correo”.

Las clases además, servían para hacer grupo. “Hacían tribu enseguida”, rememora el responsable de este estudio piloto, “y nadie se burlaba de nadie”, subraya. Y eso que los ejercicios, a juzgar por algunos de los explicados por Álvarez, no son nada sencillos. Sucesiones de ritmos, palmas, golpes y palabras que obliga a poner en marcha todo el cerebro, desde la psicomotricidad a la lengua, la memoria. Y para ello solo hace falta un arma: la atención.

Tras seis meses de trabajo llegó el momento de realizar el segundo y definitivo test y analizar los resultados, comprobando que “había una mejora significativa” en el grupo estudiado. “Hay una diferencia entre las pruebas previas y posteriores solo en el grupo experimental”, explica, precisando que, aunque ambos grupos han experimentado cierta mejoría, el sometido a la prueba presenta rasgos particulares.

Los alumnos que habían tenido dos clases semanales de percusión corporal con el profesor Álvarez mostraban una sensible mejora en la atención sostenida (atender a un estímulo o actividad durante un largo periodo de tiempo) y en la atención dividida (la capacidad que tiene nuestro cerebro para atender a diferentes estímulos o tareas al mismo tiempo). Pero también presentaba significativas diferencias la conocida como memoria de trabajo, esto es, los procesos usados para el almacenamiento temporal de información y su repetición o puesta en práctica. Llevado a la percusión: así suena un ritmo, repítelo conmigo.

Mejoras en la capacidad de atención (y retención) que no solo tiene aplicación en el alumnado los chavales más jóvenes, sino que se estudian también sus beneficios con enfermos de Alzheimer o con daños cerebrales. Y no solo, pues los beneficios son válidos para cualquiera. La falta de atención es una epidemia que asola nuestra sociedad, saturada de estímulos e información. “Al utilizar las sesiones de 50 minutos de neuromotricidad según el método BAPNE al menos dos veces a la semana, ha aumentado la atención y las habilidades de memoria de trabajo de los estudiantes bajo estudio”, concluye el estudio piloto de Laureano Jesús Álvarez. Quizá no sea mala idea empezar con la percusión.

Escuchando el relato del estudio piloto sobre el método BAPNE, no se sabe quién disfruto más, si el profesor o los alumnos que, además, ignoraban ser objeto de una investigación (con todas las bendiciones de padres y centro educativo). El objetivo a medio plazo de Álvarez es seguir investigando, comprar sus datos con el de otros estudios realizados en otros puntos de España para tener una visión más global.

De momento, este profesor de origen gallego y ceutí de adopción ya ha conseguido dos cosas muy valiosas: demostrar empíricamente que el método BAPNE funciona y que sus alumnos presten atención a otra música que no sea el reggaetón.