UN SENADOR EN EL PRÍNCIPE

Adil Mohamed, de las fiestas de juventud en Bruselas con Pedro Sánchez a romper tópicos en el Senado

Adil Mohamed, de las fiestas de juventud en Bruselas con Pedro Sánchez a romper tópicos en el Senado
Adil Mohamed, en El Príncipe.
Adil Mohamed, en El Príncipe.  

El próximo 21 de mayo, Adil Mohamed hará historia. Ese día, un vecino del Príncipe cambiará los callejones de una de las barriadas más deprimidas de España por los pasillos enmoquetados del Senado, tomando posesión de su escaño en la XIII Legislatura. Pero lo que no saben es que este vecino del Príncipe es un tipo diferente, que llega a la Cámara Alta para romper tópicos. En Madrid y en su Ceuta natal. Ceuta al Día lo ha comprobado durante dos horas de conversación endulzadas con té y bizcocho casero en su casa familiar del Príncipe.

No es la primera vez que se cruzan los destinos de Pedro Sánchez y Adil Mohamed. En 1998, Mohamed cursaba un pre doctorado en la Universidad Libre de Bruselas y colaboraba con consultoras en la Comisión Europea gracias a una beca Leonardo. Allí coincidió con un joven que trabajaba en el grupo socialista, que en aquel entonces lideraba Rosa Díez.  Un tipo altísimo- lo dice Adil Mohamed que supera el 1.85- y que “ya apuntaba maneras”. Coincidieron en fiestas, cenas y reuniones de la animada vida nocturna de Bruselas, llena de becarios, Erasmus, jóvenes funcionarios y estudiantes. Pero, como pasa tantas veces a lo largo de la vida, cada cual siguió su camino y no supo más de aquel conocido fugaz de su juventud en la capital comunitaria. Hasta que un día Adil Mohamed lo reconoció en una de sus primeras apariciones en televisión como diputado. Hoy, aunque el futuro presidente no lo sabe aún, comparten éxito político.

Adil Mohamed puede decir y dice: “El extrarradio es mío”. Y no suena pretencioso.

Es lo que tiene el éxito: caminar cien metros por el Príncipe con Adil Mohamed (Ceuta, 1972), nuevo senador electo por la ciudad autónoma, supone saludar y detenerse a conversar con una veintena de personas. “El lunes tardé 48 minutos desde la plaza Azcárate a la plaza de los Reyes”, reconoce. Su victoria es de todo el barrio. Todo el que se cruza con el nuevo senador por Ceuta llega cargado de enhorabuenas y sonrisas de orgullo. Y bendiciones, muchas bendiciones: “A la persona buena Dios la ayuda”, resume una vecina. “Lo habéis hecho vosotros, es vuestro”, responde incansable Adil Mohamed, consciente de que es depositario directo de buena parte de los miles de votos que auparon al PSOE -“el partido de la flor”, como explicaba una vecina a otra- en Ceuta y que le valieron su condición de senador electo. Adil Mohamed puede decir y dice: “El extrarradio es mío”. Y no suena pretencioso.

Adil Mohamed (1 de 3)“Hemos arrasado en el extrarradio y el extrarradio es mío. Mi familia en Ceuta es muy respetada, respetadísima y lo percibo de mis vecinos que siempre han tenido muy buenas palabras para nosotros y saben que yo no vivo de la política. Ha habido meses que he cobrado 10.000 dólares y luego me he pasado un año sin trabajar. El dinero no es importante para mí, no he entrado en política para ganar dinero”.

El periodista, amante de los tópicos por naturaleza, sale de fábrica con la tentación de construir relatos dickensianos. Ya se imaginan, el niño pobre de una barriada fuera de la Ley que pisa la moqueta del Senado, etc. Adil Mohamed tira el castillo de naipes con un soplo: “Esto no es un cuento de hadas”, rebate.  No ha crecido en una chabola. “Vivo en lo que llaman la calle Real del Príncipe”, ironiza. “En ese sentido mi familia ha tenido todas las prestaciones, tenían la nacionalidad española desde aproximadamente 1920, pero en mi época aún había muchos musulmanes que vivían hacinados en aquellas ‘favelas’ características, sin acceso a absolutamente nada, ni siquiera a la sanidad”.

Una semana da clase a jóvenes desempleados en Ceuta, la siguiente “a un CEO de gestión de proyectos de Qatar Petroleum que gana 10.000 dólares al mes o al abogado que redactó el ‘agreement’ del metro de Riad”. “Y tan pancho”, sonríe.

El Príncipe ha sido su barrio, aunque su trayectoria no haya sido la de la mayoría de sus vecinos. Estudió en el CEIP Reina Sofía, en el Príncipe Felipe y en los Salesianos de Algeciras. Y en Londres. Y en Bruselas. Ha vivido en el Reino Unido, Francia, Holanda y ha trabajado temporadas en Marruecos. Habla inglés, francés, árabe y dariya. Es ingeniero técnico industrial especialista en gestión de proyectos y titulado en Londres en administración internacional de empresas, (además de una buena colección de masters). Divide su vida profesional entre los programas de formación a desempleados en UGT, donde dirige los talleres de empleo y forma en prevención de riesgos laborales y su profesión de formador en su especialidad técnica a altos ejecutivos de empresas internacionales. Una semana da clase a jóvenes desempleados en Ceuta, la siguiente “a un CEO de gestión de proyectos de Qatar Petroleum que gana 10.000 dólares al mes o al abogado que redactó el ‘agreement’ del metro de Riad”. “Y tan pancho”, sonríe.

Su espectro profesional y su experiencia son inusitadamente amplios. Del barro a la estratosfera. “He trabajado en grandes multinacionales y supermercados”. Se formó para picar alto y lo logró. Pero la vida le puso la zancadilla y tuvo que volver de Londres. “Cuando estaba a punto de dar el salto profesional, por una enfermedad de columna me vi aquí empotrado en una cama. Eso también te reeduca”. Ahora se gana la vida con un pie en la calle, con trabajadores ceutíes y desempleados y otro en las oficinas de los CEO de grandes empresas y es feliz, dice, en una ciudad “cómoda y preciosa que me encanta”.

Tiremos de ADN”, se ríe, sin ocultar que le duele el “desprecio” que oculta “el discurso de la derecha” que reclama la “integración” de los musulmanes.

Desafío a los prejuicios

Cuando nació Adil Mohamed, la Caja de Ahorros de Ceuta le regaló una cartilla con 200 pesetas como regalo de bienvenida al mundo. Hijo y nieto de funcionarios. Su padre, un conocido agente de la Policía Local y  su abuelo era arbitrio,  jefe de los servicios tributarios de la época y encargado de los asuntos religiosos de la ciudad. Su bisabuelo, Halifa del Protectorado. Adil Mohamed es un desafío viviente a quienes juegan a cuestionar la españolidad de los musulmanes. “El origen de la familia de mi madre son francos conversos (al Islam) expulsados de Lérida y que se afincaron en Fez y las raíces de la familia de mi padre son granadinas… Tiremos de ADN”, se ríe, sin ocultar que le duele el “desprecio” que oculta “el discurso de la derecha” que reclama la “integración” de los musulmanes.

“Mis dos tíos abuelos fueron secuestrados literalmente de la calle Fuerte, uno con 14 y otro con 12, y como ellos tantos y tantos a los que llaman marroquíes. Personas que había nacido aquí, se los llevan y se ven en medio de una guerra, les dan un arma y no saben por lo que luchan. Y porque los secuestraron a la par, sino habrían estado en bandos enfrentados. Y ahora, a ese colectivo los llaman marroquíes”, se enfada.

Adil Mohamed (3 de 3)“Cómo puede una persona que ha venido hace dos meses y que va a estar aquí dos o tres años, tener solo un programa contra mí, porque yo formo parte y represento a un colectivo. Me parece un chiste estúpido de la vida”, se indigna. Para Adil Mohamed, “es obvio” el riesgo de fractura social en Ceuta si VOX llega al poder con un discurso que da la espalda a media Ceuta. “Su manifiesto no tiene sentido”. Para Adil Mohamed, la clave del discurso de la ultraderecha con los musulmanes es el “desprecio”. Su discurso no ignora a la mitad de la población, “la desprecia, bastante”. “Lo que nos hemos sacrificado para tener libertades, para que ahora, a punto de entrar en los años 20 del siglo XI te puedan señalar con el dedo en la por tus creencias”.

Mohamed es consciente de que la verdadera convivencia de Ceuta empezó a resquebrajarse “en los noventa” y que la realidad en Ceuta tiene muchos claroscuros. Tantos que un musulmán se siente mejor bienvenido en el aeropuerto más seguro del mundo que en la Estación Marítima de Ceuta. “Cuando vas a Londres, que para mí es un modelo de convivencia, me resulta frustrante. Cuando llegas a Heathrow, le das el DNI, lo pasa y te dice ‘welcome, next please’ (bienvenido el siguiente por favor). Es frustrante porque cuando vas de Ceuta a Algeciras hay un control étnico que no tiene cabida alguna”. ¿Te has sentido más señalado aquí en Ceuta, más estigmatizado? Asiente. “Sí y no hablo solo por mí”.

“Ustedes pueden integrar a un inmigrante que no tenga relación alguna con España ¿Pero a un español que nace en España, cómo se le integra?

Uno de los aspectos del discurso en ocasiones xenófobo de la ultraderecha que más indigna a Adil Mohamed es la apelación a la integración. “Ustedes pueden integrar a un inmigrante que no tenga relación alguna con España ¿Pero a un español que nace en España, cómo se le integra? Es como la retahíla con la comunidad gitana. No se integran. No se integran. Los gitanos son españoles y si tienen su forma de vida, pues tienen su forma de vida. Nada más y no hablo de tópicos. ¿En qué términos ha de integrarse la mitad de Ceuta, qué obligaciones tiene para ser un español más? ¿Cuál es el listón?”, se pregunta Adil Mohamed, para quien el discurso excluyente de la extrema derecha española en Ceuta confunde integración con imposición cultural.  “Occidente es muy tonto. Trata a todos los países islámicos y a todos los musulmanes como uno solo. Irak se parece a Indonesia como Noruega o Finlandia a España. No se abordan los problemas desde la perspectiva holística, se ve como un todo con un común y no es así”.

Un discurso que Adil Mohamed define globalmente como “nacionalismo” y que a sujuicio explica la ola reaccionaria que sacude Europa, desde los países del Este, al Bréxit, pasando por Cataluña hasta llegar a VOX y su cruzada. “Se está gestando un nacionalismo que para mí no tiene mucho sentido”. “No me gusta hablar de involución pero la sociedad realmente está en un caldo de cultivo… No quiero ser pesimista, pero me recuerda a lo que dijo Madeleine Albright, que percibe en España los mismos síntomas que en Yugoslavia”.

“Llegó un momento en que me di cuenta en que es un tsunami y el epicentro está ahí, en la derecha y sí, me alinee con la idea de que había que luchar contra esto, pero en ningún momento pensé en la acción política”

Y el PSOE llamó a su puerta

Nunca ha militado y asegura que no es la primera vez que rechaza una oferta de este tipo. “Soy independiente”, dice, aunque luce en su muñeca izquierda una pulsera roja con el anagrama del PSOE, “que se quita para ducharse”, matiza.  Pero la cosa cambió a finales de febrero. Mohamed reconoce que las dos semanas previas a la llamada del PSOE las pasó viendo la televisión convaleciente de una gripe y ayudaron en su decisión. “Llegó un momento en que me di cuenta en que es un tsunami y el epicentro está ahí, en la derecha y sí, me alinee con la idea de que había que luchar contra esto, pero en ningún momento pensé en la acción política”. Hasta la noche del lunes 25 de febrero, cuando alrededor de las 22.30 horas se percató de que tenía varias llamadas perdidas de un compañero de UGT. “En El PSOE quieren hablar contigo”.

Su primera negativa fue por teléfono. Era tarde, al día siguiente salía de viaje, lleva enfermo dos semanas, la política no entraba en sus planes… Eran Muchas las razones para quitarse de en medio, pero la insistencia fue tal que finalmente accedió a escuchar la propuesta en persona. 

“Se lo dije, si lo que queríais es una figura de paja para sacar un rédito electoral, esa persona no soy yo”.

“No es el primero ni el segundo que lo propone. Aquí siempre se ha buscado la figura del musulmán respetado y con carrera para que sea un atractivo electoral, pero yo no soy eso. Yo tengo una manera de trabajar individualmente con las personas”. Pero en la reunión en la sede con Manuel Hernández y Juan Gutiérrez, erre que erre, terminaron por convencerle. “Les dije que quería que sepan como soy. Todo lo que ves de transparencia lo vas a ver siempre, soy un tío que tiene carácter, que no se doblega, que si cree en el algo y es justo lo lucho y lo defiendo”, recuerda.  Pero Adil Mohamed se niega a ser cuota étnica. “Se lo dije, si lo que queríais es una figura de paja para sacar un rédito electoral, esa persona no soy yo”.

De momento, para Adil Mohamed, no pueden ir mejor las cosas. No solo han hecho pleno electoral, sino que adora a sus compañeros de lista, Pepe Simón y Blanca Gómez, con los que asegura todo fue fácil. “Get close quickly”. O lo que es lo mismo, conectó a la primera. “Congeniamos como si nos hubiésemos conocido de toda la vida o de antes, los tres somos iguales, nos regimos por emociones y percibíamos esa energía”.

¿Seguirá esa energía el 26M? “Hay que entender que estas son elecciones autonómicas, donde ya hay partidos localistas, aunque ya se habla de alguna crónica de una muerte anunciada. Pero, para que haya un Gobierno que pueda parar lo que viene tiene que haber coaliciones, eso es obvio”, analiza, rematando con una metáfora ‘freak’ perfecta para los ‘milenials’: “Para mí esto no es Juego de Tronos. Esto es El Señor de los Anillos. Aquí no es cuestión de definir y planear estrategias, aniquilando enemigos. Estos es que toda la Tierra Media, todas las criaturas, elfos, enanos, hasta los ents, todos los seres vivientes se unen contra Saurón, el lado oscuro. Es la unión ante lo que se avecina. Si como político no lo entiendes así…”

Una energía que parece inundar a Adil Mohamed en forma de entusiasmo. Habla con pasión de la campaña electoral, de su trabajo y del programa que ha defendido. Un tipo tranquilo y torrencial a un tiempo que se confiesa devoto de las novelas de intrigas en la curia vaticana, aunque su libro de cabecera es ‘El Principito’; un hombre de estilo moderno y desenfadado pero que, subraya, es un profundo creyente “por convicción, no solo por tradición”. Alguien que dice que no ve apenas televisión pero la vio dos semanas y acabó de Senador.