CONTRATO BLOQUEADO

Las 32 butacas peligrosas del Teatro del Revellín llevan un año esperando las obras de seguridad

Las 32 butacas peligrosas del Teatro del Revellín llevan un año esperando las obras de seguridad
Patio de butacas visto desde el anfiteatro del Revellín
Patio de butacas visto desde el anfiteatro del Revellín  

Treinta y dos butacas del anfiteatro del Auditorio del Revellín diseñado por Álvaro Siza llevan más de un año vetadas a la venta, acordonadas por recomendación de un informe de seguridad que advertía de la peligrosidad de esas localidades, en lo más alto del teatro, donde un traspiés puede ser fatal ante la escasa barandilla del gallinero. Las obras de seguridad para subsanarlo se adjudicaron hace ya casi doce meses, pero todo sigue igual.

En diciembre del pasado año salía a concurso por 35.000 euros una obra menor para subsanar las deficiencias en materia de seguridad detectadas en el anfiteatro del Auditorio del Revellín por un informe técnico de Procesa, elaborado a iniciativa de la empresa adjudicataria del mantenimiento. El informe señalaba numerosos puntos negros en el gallinero, cuyos accesos estaban plagados de trampas. Escalones invisibles en la oscuridad o sin pasamanos al que aferrarse en un tropezón traicionero y con solo un pequeño peto de protección en la barandilla del palco. Una trampa mortal teniendo en cuenta los cinco metros de altura que separan el anfiteatro del patio de butacas. La obra era necesaria y urgente si se quería seguir poniendo a la venta aquellas butacas.

Pero el proyecto se encasquilló a las primeras de cambio. El contrato se licitó y de entre las cuatro empresas candidatas, a finales del mes de enero se adjudicó a la oferta más ventajosa, de alrededor de 20.000 euros, 15.000 menos que el precio de salida. Y se guardó en un cajón, aparentemente pasó al olvido.

Un olvido forzado por un desacuerdo que en doce meses no se ha resuelto, no por enconamiento de las posiciones, sino por silencio administrativo. La empresa adjudicataria confirma que mostró su desacuerdo por la diferencia entre las condiciones técnicas reales del proyecto y el pliego de condiciones de la licitación y registró el correspondiente escrito solicitando una revisión pero nunca recibió ni tan siquiera una respuesta.

Se trata de diferencias “técnicas”, explican señalando “por ejemplo”, que se pedía la colocación de luces LED sin especificar que son en unos escalones de madera especialmente dura (Siza usó el roble en el Auditorio) o que se piden pasamanos sin concretar que se trata de una pared de moldura que recubre el hormigón en la que poco se puede fijar. Detalles técnicos que nunca se han llegado a discutir.

Y el contrato sigue en un cajón. Y las 32 butacas peligrosas del gallinero del Teatro del Revellín siguen vacías.