MULTICULTURALISMO

"El amor manda" (pero que lo haga lejos)

"El amor manda" (pero que lo haga lejos)
Rontomé, este jueves, en el Campus, con Sadegh.
Rontomé, este jueves, en el Campus, con Sadegh.  

Una cosa es ser un juglar de la convivencia entre culturas y cantar sus excelencias a los cuatro vientos para la galería y otra que tu hijo se case con una musulmana. Qué decir si es tu hija la que se une en matrimonio con alguien de la otra comunidad mayoritaria. Ni mentar que la vástaga lo haga, para un musulmán, con un judío. "El amor manda", dicen quienes han superado con éxito todos los recelos, los que llevaban dentro, los de sus familias y amigos y los del resto de la sociedad.

Pero a la hora de la verdad, a fuerza de sinceridad, que mande lejos. Al menos en otra casa. Eso es lo que ha apreciado que sucede en Ceuta con los matrimonios interreligiosos la doctoranda en la Universidad de Amsterdam Ibtisam Sadegh, hija de maltesa y libio, que este jueves ha ofrecido una deliciosa conferencia sobre la materia en el marco de la primera jornada del Congreso internacional que, bajo el título 'Multiculturalismo, Integración y Conflicto', desarrollarán hasta el sábado en el Campus la UNED de la ciudad y el Instituto Max Planck alemán.

ibtisam sadegh vertSu ponencia ha venido como anillo al dedo al propósito de los promotores del evento, abordar la convivencia desde una óptica "multidisciplinar" para intentar verle todas las caras, no solo las bonitas. Sadegh encontró en los catorce meses que pasó investigando aquí (cualitativamente, no hay datos cuantitativos) que las parejas entre personas de distinta confesión "se celebran y se problematizan".

En sus primeros contactos halló el discurso oficial que habla "muchas" uniones de esa naturaleza glosadas, a su vez, como paradigma de la feliz convivencia local. Rascando fue encontrando otra realidad, retratando con las declaraciones de algunos protagonistas sus reticencias iniciales a entablar algo más que una amistad con un persona de otra confesión (a veces que rece o no es lo de menos, el nombre lo impregna todo y un Jesús no 'puede' hablar árabe o ser musulmán ni un Mohamed pasar de la mezquita).

Pero sí, hay quienes se reconocen “no creyentes musulmanes” o “ateos culturalmente cristianos”. Cuando la doctoranda ajustó el foco y se centró en uniones de personas no conversas y de comunidades diferentes se dio cuenta de que son "pocas" y de que están "mal vistas". A su lado, Carlos Rontomé, que ha estimado que uno de cada diez matrimonios podría ser mixto en Ceuta, ha recordado que en una investigación de hace unos años se había comprobado que un 'cristiano' rechazaba sobre todo la idea de boda con un 'musulmán' y este, con un 'hebreo'.

Si es una hija la que se une a un hombre de otra confesión es peor todavía, en términos de trauma, que si el varón encuentra pareja femenina en otra comunidad religiosa. Los tópicos, los prejuicios, la "problematización", de estos matrimonios se ancla en tres patas con un impacto más negativo en todo caso para la parte musulmana: 1) "no duran" mucho tiempo; 2) el miembro musulmán tiraniza al otro y se le achaca la conversión de este incluso aunque fuese previa o tomada libre e individualmente; y 3) si se trata de una pareja transnacional, "la mayoría", sobre todo con hombre cristiano español y mujer musulmana marroquí, es "de conveniencia".

Hasta los cónyuges interreligiosos 'de éxito' caballas perpetúan y extienden esos mitos que, por supuesto, aprecian en el resto pero no en sí mismos. En suma, este tipo de parejas se toleran e incluso celebran como ejemplo de convivencia pero 'no en mi familia' y las relaciones de amistad gozan de más fácil aplauso que las íntimas, más apreciadas si están 'a distancia”.

Al final, el “ejemplo de convivencia” termina reducido a dos condiciones: que ningún cónyuge se convierta (al Islam juega un rol 'inminente' para legitimar la relación o "práctico" en las transnacionales pero siempre hay que "luchar" contra el estigma de "forzado") y a que ambos cónyuges sean ceutíes.