DENUNCIA

“Mi casa se me cae a pedazos desde el terremoto y nadie me hace caso”

“Mi casa se me cae a pedazos desde el terremoto y nadie me hace caso”
Casa apuntalada
Casa apuntalada  

El miércoles 4 de mayo de 2016, a la hora de la siesta, un temblor sacudió Ceuta. A la misma hora, el Instituto Sismológico Nacional registraba un pequeño seísmo cuyo epicentro se encontraba en a tres kilómetros de profundidad frente a las costas de Restinga (Marruecos) con una magnitud 2 en la escala Richter. Los bomberos, que estaban en alerta, no recibieron llamada alguna. No hubo daños personales ni materiales, pero aquel día empezó a agrietarse la casa de Maribel y Manolo cerca de Benítez. Las grietas se multiplicaron y hoy su casa amenaza con venirse abajo sin que encuentre quien le ayude.

Maribel, vecina de Ceuta, recuerda muy bien aquel día. No se percató inmediatamente, pero una semana después descubrió una extraña grieta en la pared, con so días las grietas se multiplicaron y llamó a los bomberos que, “amabilísimos”, apuntalaron su vivienda. Fueron los primeros y los últimos en hacer caso a Maribel, lamenta. “Mi casa se me cae a pedazos desde el terremoto y nadie me hace caso”.

Los puntales siguen ahí, sujetando la casa, pero “la madera está ya hasta podrida de los años que lleva” y los bomberos me dijeron que ya cuando Arreglara la casa venían y se los llevaban. “¿Pero cómo voy a arreglar la casa, si no tenemos un duro, si mi marido es pensionista? ¿De dónde lo saco para arreglarlo?”  A Maribel solo le quedaba pedir ayuda, confiesa. “Fu al Ayuntamiento y nada de nada, que no es su problema. El techo se le cae a pedazos, asegura. “Y ni caso, Dios mío”. Lo ha intentado en Fomento, “y nada”. “Si tuviera dinero esta casa no estaba así pero nadie me ayuda y Asuntos Sociales… no está para esto”.

Maribel, 69 años, nació en Alhucemas y se crió en Tetuán. A los 13 años tuvo que marcharse con su familia y buscar un acomodo en Ceuta, en Los Rosales. Aún recuerda como la tiraban piedras los chavales a la salida del conservatorio tetuaní. Hoy, más de medio siglo después, las casas caen de su propio techo. “Y nadie me hace caso”.