VIRGEN DEL CARMEN

La Ceuta marinera mantiene, fiel a la tradición, su devoción a su patrona

La Ceuta marinera mantiene, fiel a la tradición, su devoción a su patrona

Cientos de fieles han seguido con devoción las procesiones de la Virgen del Carmen en la Almadraba y en la bahía sur desde el Santuario de la Patrona, donde una multitud ha seguido a la imagen durante más de dos horas hasta que ha sido sumergida en aguas de la bahía sur.

16 de julio marca el calendario y como dicta la tradición hay que celebrar a la Virgen del Carmen, aquí en Ceuta y en todos los lugares a los que el mar premia con su ronroneo incesante e infinito. Sí, y en todos los lugares donde el ronroneo es a veces voraz rugido devorador de almas que intentaban ganarse la vida, o a veces sólo divertirla, bailando sobre el mar, y la perdieron, para ganar un recuerdo tan eterno como las olas. Como los del Lobo Grande recordados una vez más. O como tantos migrantes que sólo soñaban con navegar a mejor vida y se ahogaron.

En todos los lugares con mar y en Ceuta, no es que sea particular, es que tiene su idiosincrasia, sus peculiaridades, en una ciudad que es un jardín sobre las mareas a merced del levante y el poniente.

Centenares de fieles abarrotaron al caer la tarde la playa de la Almadraba para seguir la misa con coro rociero y la posterior procesión. Emotiva como siempre, pintoresca, muy estética. Con la virgen besando el mar, con la patrona de cualquier marinero, profesional o aficionado, acercándose al elemento sobre el que reina. ¡Guapa! Le grita con espontaneidad una voz entre la multitud, rompiendo el murmullo tibio o el silencio. ¡Guapa! Replican más voces.

Mabel Deu rompe el protocolo para pasearla, para hacerla bailar sobre su barca como si en el mismo mar estuviera. Se suma un instante también otro diputado de la Asamblea, Sergio Redondo. Hay recuerdos emotivos, por presencias y en las palabras durante la misa para la asesinada Vanesa, vecina de esos barrios que miran y viven del mar. Tragedia en tierra, sí, pero tragedia que pide amparo y perdón a la misma virgen a la que miran por tradición.

Un año más, fijos, han renovado la tradición con emotividad. Con los bebés y los más pequeños derramando lágrimas ante el empeño de sus progenitores de sentarlos en la barca en el momento culmen del rito, cuando la Virgen flota sobre el mar aupada por los brazos de la cuadrilla de porteadores entre las sirenas de los pequeños botes de recreo que se agolpan formando una barrera tan cerca como pueden de la imagen.

Mientras el cortejo de La Almadraba recorre la barriada, en el centro, poco después de las 21.00 horas, la imagen que parte del Santuario de la Virgen de África reúne a una multitud creciente en su recorrido por el Paseo de las Palmeras y los bajos del Mercado Central hasta la playa de La Ribera, donde ha sido sumergida en el mar antes de recibir una despedida 'flamenca' sobre la arena.