La curva más esperada de la Semana Santa

La Flagelacion a su paso por el Pasaje Mina

 

Un desfile procesional en el que imágenes religiosas y fieles comparten un momento íntimo, casi rozándose, abriéndose camino entre el desfiladero de las callejuelas.Esa estrechez, esa intimidad y, sobre todo, la dificultad técnica que cada año sortea la Hermandad Sacramental y Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y María Santísima de la Caridad, hacen de este paso uno de los momentos más esperados de la Semana Santa caballa.

Una complejidad que puede disfrutarse en la salida de la Casa de Hermandad, con el público casi aplastado entre el paso y la pared, pero que alcanza su máxima expresión en la revuelta del Pasaje Mina, una curva de noventa grados, estrecha y anodina 364 días del año pero que en Miércoles Santo adquiere un brillo especial.

Durante media hora, esta curva, familiar solo para los vecinos de la zona, es la protagonista indiscutible, el lugar en el que se apostan fieles, reporteros gráficos y aficionados a la fotografía y la Semana Santa o viceversa.  Un punto que los costaleros han de enfrentar con cuidado, al milímetro, o “miaja”, la unidad de medida utilizada en estos casos. Una dificultad técnica que parecen disfrutar especialmente los asistentes.

Cuando dejan atrás el Pasaje Mina, cruzando Fructuoso Miaja, la Caridad recibe la caricia de los últimos rayos de sol que se cuelan ente los edificios. Los metales de la Banda Municipal de La Línea de la Concepción parecen celebrarlo por todo lo alto, con esa épica singular de las marchas procesionales capaz de emocionar al profano. Doy fe.

La Flagelación avanza hacia la zona noble de la ciudad, enfilando la calle Real rumbo a la Carrera Oficial. Pero el Pasaje Mina espera paciente, sabe que en este Miércoles Santo aún le espera otro rato de protagonismo, esta vez a medianoche. Eso sí, ya sin público.