NÚMERO UNO

David Fernández, un joven ceutí en la carrera judicial

David Fernández, un joven ceutí en la carrera judicial
David Fernández.
David Fernández.  

David Fernández es ya juez. Fue el número 1 de los 288 nuevos jueces que han obtenido plaza. Es el cuarto juez natural de Ceuta y el primero en muchos años. Así fue el largo y duro camino para hacerse un hueco en la carrera judicial.


Alto, delgado, en ropa deportiva, como corresponde a un joven de 28 años de vacaciones. Cuesta imaginarse a David Fernández dictando sentencia ataviado con una toga, pero así es. Desde hace apenas dos semanas, David Fernández es oficialmente uno de los 288 nuevos jueces que han obtenido plaza, el primero de su promoción. Es el cuarto juez natural de Ceuta y el primero en muchos años.

David Fernández disfruta de sus primeras vacaciones de verdad en cinco años, los que se ha pasado preparando la oposición más difícil: la Carrera Judicial. El pasado 25 de junio aprobaba el segundo examen oral en el Tribunal Supremo y el tribunal le comunicaba el veredicto acompañado de una felicitación: aprobado y con el número uno de su promoción. En ese preciso instante acabaron cinco años de esfuerzo, tesón, sacrificios personales y familiares “y soledad, mucha soledad”.

“Es un momento muy difícil de describir”, advierte David Fernández, tomando un café con Ceuta al Día en la plaza de los Reyes, pues junto a él, en el momento de recibir la noticia, estaban dos compañeras que no habían logrado superar el último examen y tuvo que atemperar emociones en semejante momento. “Tenía que tener un poco de calma, yo he estado en su situación, el año pasado suspendí y sé lo que es lo que tener que volver a levantarte por un suspenso, tener que volver a empezar cada día, levantarte cada mañana, otra vez desde el tema uno”. Una decisión justa, la primera de su carrera.

Superar unas oposiciones y ganar una plaza de juez es una larga travesía por el desierto. Más de 300 temas, miles de folios y todo el Código Penal desde al artículo 1 al 616. El sistema legal de arriba abajo. “El año pasado pasé las Navidades estudiando solo en Granada”, recuerda, “los amigos hacen planes y hay viajes y conciertos a los que tienes que renunciar permanentemente, solo tienes una semana de vacaciones en agosto”, recuerda explicando lo que parece un entrenamiento para la vida que se le avecina.

“Es el sueño cumplido”, asegura, “yo tenía vocación desde pequeño, mi padre es abogado, mi hermano estudió derecho, he vivido la profesión de cerca y con orgullo”. Pero no es un sueño cualquiera, es una profesión que conlleva una carga de responsabilidad extra: el poder de juzgar. Y ya se sabe, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. “Cuando van pasando los años en la Facultad te vas dando cuenta realmente de la responsabilidad, y que la vida de muchas personas está implicada, no ya solo en temas penales porque tengas que decidir sobre una condena, también sobre si una persona se arruina o no, si en una compraventa el derecho lo tiene uno u otro, temas bancarios, cláusulas abusivas... Algo para lo que en realidad no te preparas, a partir de ahora, tras la fase teórica de oposición llega la de la Escuela Judicial y las prácticas que es donde uno empieza a formarse”.

El peor día de su vida

Lo que sí tiene claro este nuevo juez, es que aquel fue “el peor día de su vida”, al menos las primeras 20 horas. “Todo está pensado para imponer”, explica permitiéndose ahora una sonrisa que seguro no estaba en su cara el día del examen. La prueba oral, la tercera y definitiva, se desarrollaba en audiencia pública una de las imponentes salas del Tribunal Supremo. Entre el tribunal calificador estaba lo mejor de cada casa en la carrera judicial, el presidente de la Audiencia Nacional, una juez del Supremo, magistrados, fiscales, abogados del Estado, profesores de derecho constitucional. Y tres horas de espera hasta que llegara su turno. El día más largo que recuerda.

Y fue solo el colofón. Antes había superado un examen escrito, el primero, al que se presentaron 4.500 aspirantes para 300 plazas y del que sobrevivieron 1.500. Pruebas que, además, se celebraron en febrero mientras en la sala de enfrente se desarrollaba el macro juicio del ‘procés’, en medio de unas fuertes medidas de seguridad y con los opositores esperando mientras por allí pasaba Junqueras o Los Jordis.

David Fernández habla de forma pausada, suave y prudente, pero no se cierra a la crítica del sistema judicial. Sabe lo que le espera. “La Justicia como el resto de poderes del Estado está abierta a la crítica constructiva , la Administración de Justicia está al servicio de la ciudadanía, no está ni por encima ni por debajo, está al servicio, pero la gente en España debe entender que hay una Administración que tiene muchos problemas , no tiene medios, hay pocos jueces, hay pocos funcionarios, nunca ha sido una prioridad para un partido político, ni de uno ni de otro signo, la Justicia no ha sido una prioridad en estos cuarenta años en España, pero tiene unos profesionales, jueces, fiscales, abogados, funcionarios de auxilio, gestión y tramitación que están volcados, que muchas veces echan más horas de las que les corresponde, no están bien pagados”.

Pero de todo eso ya tendrá tiempo de preocuparse. Hasta septiembre no le espera la Escuela Judicial y las prácticas, último peldaño antes de que le den destino. Por delante aún tiene un mes de vacaciones, enterito, algo que casi no recuerda. Para lograrlo se ha apoyado en tres pilares, su familia y su pareja, fundamentales en el apoyo emocional y la paciencia para con el opositor, y su preparador, una figura clave. “Necesitas un buen preparador, una persona con la que tengas confianza, con la que haya ‘feeling’, que sepa llevarte, el preparador tiene que ser una persona que te apriete pero no te asfixie, que te exija pero no te destrice, es un equilibrio muy complicado, porque si no te presiona no vas a conseguirlo”. “Si hubiera fallado uno de estos tres pilares habría sido imposible”.