SANTIAGO ALBA RICO, FILÓSOFO

“El feminismo debe preocuparse de las mujeres víctimas de la islamofobia, no dejan de ser mujeres por llevar velo”

“El feminismo debe preocuparse de las mujeres víctimas de la islamofobia, no dejan de ser mujeres por llevar velo”
Santiago Alba Rico
Santiago Alba Rico  

La islamofobia, esa nube de gas tóxico que lleva extendiéndose por el mundo desde el 11-S, esa cultura del miedo al otro de la que nos jactábamos de estar a salvo, ha llegado a España, acompañada de otras fobias, como la xenofobia. La islamofobia no es sino ese discurso - al que seguramente ha asistido impávido muchas veces, alguna que otra en los comentarios de los lectores en este diario digital-  esa colección de argumentos basados en tópicos y clichés que degradan a ese otro, siempre amenazante, lo cosifica y lo estigmatiza hasta hacerlo prescindible, exterminable. Un proceso del que el mundo ya ha sido testigo hace menos de un siglo, pero ahora los judíos son otros, los semitas que faltaban: los musulmanes.

Así lo cree el filósofo, ensayista y columnista Santiago Alba-Rico, que avisa en su libro ‘Islamofobia. Nosotros, los otros, el miedo’: “Mientras tratemos a los musulmanes - en nuestra imaginación y con nuestras opiniones-  como tratábamos hace cien años a los judíos, la maldición nazi seguirá viva y seguirá produciendo los mismo efectos”.

Su libro comienza con espíritu pedagógico y acaba con una alerta. Esta entrevista con Ceuta al Día también. Si quieren escucharlo y debatir con él en persona, este sábado, desde las 18.30 horas, Santiago Alba Rico estará en el salón de actos del Campus Universitario en una conferencia con el mismo título que su libro, invitado por la Agenda Cultural de Comisiones Obreras.

Publicó su libro sobre la islamofobia en 2015, (el libro arranca con el atentado  a la revista satírica Charlie-Hebdo). Me temo que no hace falta ser un experto analista en el mundo árabe para ver que hemos ido a peor, ampliando el número de fobias incluso.

Sí, en efecto, basta leer el último informe del Observatorio de Islamofobia para ver hasta qué punto se han multiplicado los  casos y las agresiones a mezquitas y demás y España, que era un país que estaba relativamente a cubierto estos años, ha visto cómo se homologa de la peor manera posible con otros países de Europa.

En el caso de España, hay quien diría que lo llevamos implícito en nuestro relato histórico como país, ahora que está de moda eso del relato histórico.

Yo preferiría no abordarlo de esa manera, porque lo que lleva España en el relato histórico es un profundo olvido de la Historia. Hay que tener cuidado a la hora de inculcar una historia que no recuerda que cristianos y musulmanes han convivido y compartido territorio, que se han disputado ese territorio y han atravesado distintos periodos de mayor o menor beligerancia recíproca. Pero hay un peligro en ese historicismo esencialista que a fuerza de invocar una especie de conflicto eterno, como hizo Aznar en la Universidad de Georgetown, olvida lo más reciente, que es una relación con el mundo musulmán que pasa a través de la Unión Europea, con políticas exteriores que ponen toda clase de obstáculos a la recepción de inmigrantes y refugiados y que ha visto cómo se elaboraban leyes de excepción para combatir unas veces un terrorismo existente y otras veces solo imaginario o exagerado.

Yo tendría mucho cuidado en invocar la historia porque también se puede invocar al revés

Yo tendría mucho cuidado en invocar la historia porque también se puede invocar al revés. Los seres humanos hablamos y hablar es residir en lugares comunes y los lugares comunes sirven lo mismo para un roto que para un descosido. Le pongo un ejemplo. Si acudimos al refranero tenemos un refrán que dice que “a quien madruga Dios le ayuda”, pero hay otro que dice lo contrario, “no por mucho madrugar amanece más temprano”. De alguna manera quien escoja en ese material histórico unos vectores u otros hace que la islamofobia sea activada o desactivada. Lo peligroso son siempre los relatos que escogen por un lado las instituciones y por otro lado los medios. La responsabilidad básicamente está ahí

Dice activada o desactivada. ¿Es una manera de decir que siempre va a estar ahí, que siempre vamos a tener ese miedo al otro, siempre vamos a necesitar un enemigo?

Yo creo que sí, por eso existe la política y la democracia. Y los estados de derecho. De alguna manera, a poco que haya una crisis económica o se genere una crisis geopolíticamente compleja y con fronteras desiguales, con Estados más soberanos que otros y con relaciones coloniales de larga data… Apenas una autoridad institucional desde un pulpito público haga un discurso en determinad dirección, pueden aflorar sentimientos que están ahí y que han sido construidos históricamente, al igual que los otros sentimientos, los que tienen que ver con la tolerancia o con la convivencia.

Creo que estamos todavía a tiempo de impedir que gobernantes políticos intelectuales y periodistas activen esos miedos, dañando los marcos de convivencia y sobre todo los marcos de derecho que ha costado tanto conquistar

En todo caso, en España, si pensamos en el 11M o incluso en los atentados de Barcelona del año pasado, si pensamos en la última década y media, España ha demostrado ser un ejemplo de reacción serena y no islamofóbica frente a los atentados terroristas, no como en Francia o en Alemania. Por eso es muy preocupante que esto pueda cambiar y hay que pedir responsabilidades a aquellos de alguna manera gestionan los discursos, porque es la gestión de los discursos la que activa o desactiva estas inseguridades y estos miedos y los que van a decidir que lo hagan en una dirección o en otra. Y creo que estamos todavía a tiempo de impedir que gobernantes políticos intelectuales y periodistas activen esos miedos, dañando los marcos de convivencia y sobre todo los marcos de derecho que ha costado tanto conquistar.

Santiago Alba RicoTendemos a pensar que la islamofobia responde a un perfil de personas conservadoras, de derechas, pero leyendo su libro me he visto reflejado en un capítulo muy concreto: el fanatismo laico.

He insistido muchas veces en la islamofobia de izquierdas, que me preocupa particularmente. Hay dos ejes discursivos en torno a los cuales se construye y se reproduce una islamofobia de izquierdas que está haciendo mucho daño. Una es el feminismo, la cuestión de género y la otra es el laicismo y creo que las dos se abordan mal desde ese sector de la izquierda islamófoba. Por un lado, se olvida de que la mayor parte de las víctimas de agresiones islamófobas en el mundo son  mujeres. En Bélgica, Inglaterra, Francia, incluso España están por encima del 20 por ciento, en Bélgica llega al 90, en Francia al 87, en Inglaterra el 58 por ciento son mujeres. El feminismo debería preocuparse de esas mujeres que son víctimas de agresiones islamófobas porque no dejan de ser mujeres por llevar velo.

Hay que aceptar que el velo es semánticamente muy rico, no dice lo mismo en Túnez que en París

Y la cuestión del velo pues creo que está muy mal tratada desde la izquierda. Se puede hacer una crítica estructural de libertad liberal, pero si aceptamos las reglas del juego se es libre cuando se vota a la derecha y cuando se vota a la izquierda y por tanto se es libre también cuidando uno se desnuda o se pone un velo. Hay que aceptar que el velo es semánticamente muy rico, no dice lo mismo en Túnez que en París. Hay que aceptar que la libertad de indumentaria forma parte de nuestras libertades básicas.

Y en cuanto al laicismo, no quiere decir perseguir discursos  y cultos religiosos, quiere decir asegurarse primero de que todo el mundo va a ser libre de expresarse como quiera, es decir, libertad de culto. Y segundo, asegurarse de que el gobierno va a estar libre de presión religiosa, que no son los grupos religiosos los que gobiernan. Eso quiere decir que cuando el laicismo se convierte en perseguidor de las creencias religiosas o hace leyes ex profeso para perseguir o criminalizar un culto o una comunidad religiosa, el laicismo deja de ser laico para ser religioso. Es lo que recordaba Benjamin Constanza en los años 30 del siglo XIX, uno de los grandes liberales franceses y que está más en vigor que nunca:   “Lo que es religioso es la persecución”.  Cuando un teócrata, o cuando Arabia Saudí persigue a los ateos o a otras religiones es sin duda una persecución religiosa. Pero cuando un Estado pretendidamente laico, en nombre del laicismo hace leyes para perseguir a los musulmanes, deja inmediatamente de ser un estado laico y republicano  para ser un estado religioso.

 La izquierda debería reflexionar sobre estas dos cuestiones. Es enormemente peligroso que quienes defendemos los marcos de derecho, de convivencia, la tolerancia y sobre todo el reconocimiento de derechos de las minorías acabemos dando armas la derecha para hacer leyes liberticidas.

Dónde está entonces la frontera entre la crítica y la islamofobia. Personalmente creo que el islam -más incluso que el catolicismo, que ya es decir- es una religión machista, heteropatriarcal y homófoba.

La cuestión no está en lo que pensemos de las religiones. Yo soy de izquierdas  y de formación marxista. Siempre he combatido el papel de la iglesia, pero no tanto porque esté en contra de la libertad  de culto y por tanto en contra de la libertad de que un cristiano vaya a la iglesia, sino porque la iglesia ha jugado un papel precisamente contrario a las libertades, incluso a las libertades de culto. Donde la Iglesia ha dominado durante siglos no ha habido posibilidad de desarrollar marcos de derechos, convivencia y libertades individuales, entre ellas la libertad de culto, tanto para declararse ateo o para confesar otra religión.

Hay un feminismo  musulmán que cree, al contrario que yo, que las religiones monoteístas son compatibles con las libertades individuales y con la igualdad de género

No tengo nada contra el cristianismo desde el punto de vista formal o de derecho, como no lo tengo frente al islam o el judaísmo. Con independencia de lo que piense de las religiones monoteístas, que tienen claramente una estructura íntima machista y patriarcal, sin embargo ocurre que tanto dentro del cristianismo como dentro del islam hay mujeres que se sienten cristianas y se sienten musulmanas y creen que es compatible con la igualdad de género. Igual que hay un feminismo cristiano, hay un feminismo  musulmán que cree, al contrario que yo, que las religiones monoteístas son compatibles con las libertades individuales y con la igualdad de género. Mientas haya musulmanes que lo crean y compartan conmigo el mismo horizonte de libertades civiles y de separación del Estado y la religión hay siempre una posibilidad de resignificar los discursos religiosos. No son objetos macizos, no son figuras geométricas impenetrables, están llenas de grietas. Los discursos los hacen los seres humanos, sujetos en condiciones históricas cambiantes.

Con independencia de lo que piense del islam debo defender la libertad de culto y la libertad de los musulmanes a buscar nuevos horizontes de libertad dentro de sus marcos culturales. Lo que sí es islamofobia es pretender que el islam es incompatible con la democracia. El caso de Túnez demuestra que eso no es verdad.

Precisamente usted vive en Túnez…

Sí, desde hace casi 20 años.

Según su lectura, los perdedores de las llamadas ‘Primaveras árabes’ fue la izquierda árabe.

La izquierda árabe quedó fuera de juego desde el principio en estas revueltas, revoluciones, o intifadas espontáneas. Creo que leyó muy mal la realidad histórica de sus propios países, se había visto pinzada entre dictaduras y resistencias islamistas. Y en esa situación, tanto como si se trataba de dictaduras laicas o islámicas, la mayor parte de las veces han pactado con las dictaduras, como fue el caso de Siria o como el caso de Túnez  o ha quedado completamente fuera de juego. Las fuerzas que han dominado el mundo árabe en los últimos 50 años han sido el nacionalismo árabe y el islamismo y la izquierda marxista ha tenido que surfear una realidad complicada para terminar quedando fuera de juego. Y en condiciones históricas muy distintas, cuando llegan las revoluciones cárabes no saben comprender lo que está pasando, les sorprende en una semiclandestinidad elitista, lejos de los barrios, de las zonas populares, discutiendo sobre Gramsci o Marx en hoteles de las capitales. Lo suelo decir en broma, aunque con un fondo de verdad: si hay una izquierda que se parece a la izquierda europea es precisamente la izquierda árabe.

Si hay una izquierda que se parece a la izquierda europea es precisamente la izquierda árabe

Hay mucha más verdad que broma ahí. La izquierda española no sé si discute ya de Gramsci o Marx, pero en cierto modo están en la misma situación, lejos de los barrios y de las clases populares…

En los últimos años, después del 15M, Podemos lo entendió bien, hizo una lectura correcta de las cosas. El 15M se produce en el mismo año que las primaveras árabes, cuando de alguna manera la izquierda se ha quedado fuera de juego y creo que eso fue una tragedia tanto para el mundo árabe como para Europa. Pero es una tragedia de la que en parte es culpable la izquierda. Y en estos momentos, una izquierda europea islamófoba contribuye a construir ese sentido común hegemónico e identitario que es la última cosa que conviene a Europa y al mundo en general.

Pensando en su comparación entre una teocracia que persigue a laicos y una democracia que persigue a religiosos, entiendo que es el mismo espejo que propone para los islamófobos y los terroristas islamistas.

Si, exacto. Y se necesitan recíprocamente en términos de categorías nosiológicas. Las categorías de conocimiento que utilizan son exactamente las mismas: reducir la multiplicidad a la unidad, una unidad negativa y además irrecuperable. Ese es el discurso de la islamofobia como del Estado Islámico y se necesitan recíprocamente. Es el terrorismo el que justifica políticas exteriores que a su vez alimentan el yihadismo, el cual a su vez alimenta esas políticas tanto exteriores como interiores en términos de leyes de excepción. Aquí tenemos la reforma del Código Penal y la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana ,todavía no abolida, que de alguna manera no solo convierte de sospechoso de terrorismo el culto al islam, sino que incluso criminaliza la investigación del islam, te conviertes en sospechoso si entras en determinadas páginas de internet.

Hay una lógica según la cual la islamofobia produce reacciones yihadistas radicales y por contra la estrategia islamista radical está orientada a que las comunidades musulmanas en Europa se sientan amenazadas por la islamofobia y se contraigan en señas identitarias cada vez más fuetes y se sientan excluidas del país del que forman parte y tratadas como enemigos interinos. Esta construcción del enemigo interno es la que constituye la enorme ventaja de los terroristas yihadistas. Si queremos combatir el terrorismo con alguna garantía, evidentemente no tememos una solución definitiva, pero si queremos disminuir los riesgos de terrorismo, es necesario proteger nuestros marcos de derecho. Cada concesión en el terreno de los derechos es un arma que damos a los yihadistas.

Pedir responsabilidades a una comunidad imaginaria e inexistente es una forma de islamofobia. Y es peligroso

En este sentido, a menudo se apela, incluso se exige a los musulmanes que den un paso al frente para condenar el terrorismo. Algo que como vasco conozco en primera persona, especialmente en los años 80 y 90 con ETA en pleno apogeo criminal, y que resultaba especialmente doloroso. Aun así, con la perspectiva del tiempo no tengo claro aún si es una apelación legítima.

Lo que hay que evitar tanto el buenismo que hace irresponsables a los musulmanes porque los considera culturalmente buenos, como el colonialismo mental que los hace irresponsables porque los considera una comunidad homogénea. Es muy peligroso pedir responsabilidad a los musulmanes uno a uno, son tan responsables como los españoles. Hay muchas respuestas posibles frente a las humillaciones históricas que ha sufrido esa parte del mundo,  como los atentados yihadistas, que recuerdo que la mayor parte de las víctimas son otros musulmanes. El pedir responsabilidades a una comunidad imaginaria e inexistente es una forma de islamofobia. Y es peligroso. Que un francés musulmán de varias generaciones deba responder o se le deba exigir que responda al terrorismo de otra manera que un francés descendiente de galos o de francos creo que ya en sí mismo expresa una cierta islamofobia. Apunta a la construcción de una comunidad imaginaria y sospechosa, ontológicamente sospechosa. Se considera que si un musulmán no condena un atentado se le considera cómplice y es una lógica completamente contraria a la libertad de expresión que consiste no solo en poder decir lo que piensa sino también en callarse lo que se piensa. Esas asunciones de indignación pública, con esa interpelación a los musulmanes para que expresen su condena, lo que genera es precisamente sensación de acoso, de sospecha y no sirven precisamente a la causa de la integración. Si cada vez que se produce un atentado se trata a todos los musulmanes del mundo como si fuera ontológicamente responsables y se les exige que hagan una declaración conjunta, mundial, de condena, lo que se está haciendo es excluirlos de la normalidad integrada de las naciones de las que forman parte y  por lo tanto se está facilitando el camino a los discursos radicales yihadistas.

El error es entonces pensar en la comunidad musulmana partiendo de un paralelismo con el cristianismo, que tiene en el Vaticano una personalidad institucional, no así el islam. ¿Dónde empieza y dónde acaba el islam?

Esto es muy importante. Oliver Roy, el gran especialista arabista francés, siempre insiste en esto: no hay ninguna comunidad musulmana. Pretender que los musulmanes, por el solo hecho de serlo, pongamos por ejemplo a un paquistaní y un marroquí de Barcelona, solo por ser musulmanes tiene más afinidades  y más complicidades entre ellos que las que puedan tener dos feligreses en un iglesia católica un domingo. Es un error garrafal. Se puede hablar de comunidad marroquí en Barcelona o de comunidad paquistaní, no de comunidad musulmana. No se puede y no se debe hablar, no hay una comunidad musulmana. En el mismo momento en el que tratamos a los musulmanes como si se tratara de una comunidad homogénea los estamos separando del marco de convivencia de convivencia determinado del derecho común y es peligroso. Es importante recordar una y otra vez que no hay una comunidad musulmana, que no se les puede tratar como una comunidad y que las diferencias que puede haber entre ellos son las mismas que puede haber entre los cristianos a los que, en todo caso siempre pensamos que pueden pertenecer a una peña futbolística, pero no interpretamos que estén siempre hablando de religión y reunidos en locales para reunir la Biblia.

Se puede hablar de comunidad marroquí en Barcelona o de comunidad paquistaní, nunca de comunidad musulmana

Volviendo al principio de la entrevista, para cerrar el círculo de algún modo, su libro se publicó en 2015, cuando aún no había llegado el huracán Trump, dando la vuelta al escenario geopolítico. No quiero entretenerle demasiado y esto es quizá entrar en el túnel del terror. El asunto se está poniendo muy feo.

Si, muy feo, pero en todo caso no sorprende a nadie. Uno de los cambios trágicos que se producen cuando Obama, al que se le pueden criticar muchas cosas, pero hizo otras buenas, uno de los cambios preocupantes de la llegada de Trump al poder tiene que ver con Palestina e Israel. Bajo el mandato de Obama hubo un distanciamiento grande entre Israel y EEUU que en algún momento fue esperanzador. Mientras EEUU siga sosteniendo a Israel no va a haber ninguna posibilidad de paz en Palestina y desde luego ninguna posibilidad de un Estado para los Palestinos. Y de Trump sabemos que su intimidad carnal con Netanyahu es enorme, pensemos en el traslado de la embajada a Jerusalén, en las muestra explicitas de apoyo incondicional desde el principio de su mandato… Y eso es echar más leña al fuego a una zona del planeta que lo último que necesita es un lanzallamas.