INMIGRACIÓN

Human Rights Watch pide el traslado de los migrantes LGTB “expuestos a abusos en Ceuta”

Human Rights Watch pide el traslado de los migrantes LGTB “expuestos a abusos en Ceuta”
Migrantes en la valla, en noviembre de 2016
Migrantes en la valla, en noviembre de 2016  

Los solicitantes de asilo que pertenecen a la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y personas transgénero (LGBT) en Ceuta “están expuestos a hostigamiento y abusos”. Así lo denuncia Human Rights Watch pidiendo a las autoridades españolas que trasladen a estas personas “inmediatamente al territorio continental y cesar la política de facto por la cual se bloquean la mayoría de los traslados de solicitantes de asilo hacia España peninsular”.

“Los solicitantes de asilo LGBT que huyeron de contextos de intimidación y hostigamiento homofóbico en su país de origen enfrentan abusos similares en Ceuta, tanto en el centro de inmigración como en las calles”, expresó Judith Sunderland, directora asociada para Europa y Asia Central de Human Rights Watch. “España debería trasladar a estas personas a centros de acogida en la península, donde pueden obtener los servicios y la asistencia que por derecho les corresponden”.

En un comunicado, aseguran que cuando Human Rights Watch visitó el centro el 28 y 29 de marzo, había 943 residentes, “muchos de los cuales vivían en grandes tiendas instaladas en lo que anteriormente había sido una cancha de baloncesto dentro del predio, mientras otros dormían en salas que deberían usarse para clases o actividades grupales. Si bien el centro es abierto, y los inmigrantes pueden entrar y salir, no se les permite salir de Ceuta, un enclave de apenas 18,5 kilómetros cuadrados”. Según personal del centro, actualmente hay entre 70 y 80 solicitantes de asilo en el centro de Ceuta, de los cuales al menos 10 han pedido asilo alegando discriminación por su orientación sexual o identidad de género.

Human Rights Watch habló con tres hombres gais alojados en el centro, dos procedentes de Marruecos y uno de Argelia, que habían pedido asilo por persecución debido a su orientación sexual. “Describieron haber vivido situaciones de abuso extremo, incluida la violencia física ejercida por familiares, rechazo reiterado y generalizado por parte de la sociedad y agresiones físicas en las calles de sus países de origen. Un hombre de Marruecos dijo que había sido encarcelado, en parte, por su orientación sexual. Tanto Marruecos como Argelia criminalizan la actividad sexual con consentimiento entre personas del mismo sexo, y prevén para esto una pena de hasta tres años de prisión y multas. Los tres hombres se refirieron ante HRW a las dificultades que enfrentaban en el centro y en Ceuta debido a su orientación sexual.

Ahmed (seudónimo), de 29 años, y oriundo de Marruecos, dijo que huyó de su país porque sufría amenazas de su familia y de la policía, pero que está recibiendo el mismo trato por parte de otras personas que se alojan en el CETI. “Ellos [otros residentes del CETI] me dicen que si me ven afuera [del centro] me van a pegar”, según contó. “Me atacan, y yo escapo. Una vez, en noviembre o diciembre, uno me pegó”.

Los solicitantes de asilo LGBT están atrapados en Ceuta por causa de una política que, según cree Human Rights Watch, “está diseñada para disuadir los pedidos de todos los solicitantes de asilo, salvo los sirios, que consiguen llegar al enclave”. Los migrantes que no piden asilo reciben órdenes de expulsión y son trasladados a España peninsular a un promedio que las autoridades procuran que sea de 80 por semana, y allí son asignados a centros de detención mientras se encuentra pendiente su deportación o a refugios gestionados por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, a los solicitantes de asilo en general no se les permite trasladarse, aseguran desde HRW.

“Negar a los solicitantes de asilo su libertad de circulación para disuadir las solicitudes no solo sería cruel y errado, sino que además supondría un uso indebido de poder”, apunta Sunderland. “Sin embargo, la evidencia sugiere que las autoridades ofrecen una dura alternativa a las personas que necesitan protección, al exigirles que manifiesten su necesidad y permanezcan meses o años en una situación indefinida en Ceuta, o que corran el riesgo y pidan asilo recién después de haber sido trasladadas al territorio continental, cuando ya tienen una orden de expulsión en mano”.

Relatos de solicitantes de asilo

Ahmed, un joven marroquí de 29 años, contó a Human Rights Watch que en su país de origen “no encontraba nadie que me protegiera, ni mi familia ni la policía”. Había sido condenado a seis meses de prisión después de haber corrido hacia la policía cuando, tarde una noche, intentó escapar de dos hombres que le dieron una golpiza en la calle por ser gay. Pero la vida en el centro de Ceuta, donde se aloja desde mediados de octubre de 2016, es difícil. “Aquí también me insultan, me dicen maricón. Me dicen que cuando me ven fuera me van a pegar. Y me atacan, yo escapo. Una vez, en noviembre o diciembre, uno me pegó. Era un argelino. Me decía maricón, te voy a matar. Anteayer estaba con un amigo, vino un argelino y me echó de la habitación diciéndome ‘eh maricón, sal de aquí’”.

Ahmed habló de su esperanza de tener una nueva vida: “Quiero sobrevivir, quiero un futuro. No quiero pensar siempre en que me van a pegar…No puedo en Marruecos, tampoco aquí porque Ceuta es como Marruecos”.

Francisco (seudónimo), un ciudadano marroquí de 30 años, vive en el centro hace 14 meses. Contó que su familia lo echó cuando tenía 12 años debido a su sexualidad. Había sido violado por dos hombres en un basural cuando todavía era adolescente, y golpeado y detenido por la policía. Llegó a un punto límite cuando un primo, con quien Francisco había vivido después de que aquel regresara tras vivir algunos años en el extranjero, se puso en su contra tras enterarse de que era gay:

Me vine a Ceuta. No me quedaba más remedio que pedir asilo. Pero aquí está muy mal. Estoy desesperado. Ceuta me parece igual como en Marruecos. Una vez estaba en la playa, un tío un poco mayor me ofreció un purrito. Dije que no. Él quería abusar de mí, pero no quería, y me tiró una piedra y me pegó un puño. Fui a la policía. Al inicio no quisieron tomar la denuncia. No hicieron nada, lo veo siempre ahí….En el CETI no hablo con nadie, evito los problemas. Si no, reviento. Sabes, echado de casa a los 12 años, todos los problemas.

Said (seudónimo), un ciudadano argelino de 32 años, llevaba casi 10 meses en el CETI cuando Human Rights Watch lo entrevistó: “Quiero tener una nueva vida”, dijo. “Necesito olvidarme de mis problemas. No tenía mucha idea de adónde ir, solo quería un lugar donde pudiera vivir sin violencia. Aquí las cosas son difíciles. Solo puedes dormir y comer, dormir y comer. Aquí evito a todos para no tener problemas”.

Un miembro del personal contó a Human Rights Watch que otros residentes suelen “burlarse, hostigar y atacar” a las personas LGBT que solicitan asilo. “Muchos no aceptan compartir una habitación con un homosexual. O los hostigan aquí o pelean fuera del centro”.