REALIDADES MISIONERAS

Las misiones de la Iglesia plantan cara a la "explotación" de personas y tierras

Las misiones de la Iglesia plantan cara a la "explotación" de personas y tierras
Las ponentes de las misiones de las Oblatas y los Dominicos en la Amazonía, en el Santuario.
Las ponentes de las misiones de las Oblatas y los Dominicos en la Amazonía, en el Santuario.  

Hay una Iglesia (al menos) que no quiere ser consumista, ni participar en ningún exploio, ni mercantilista. Que anhela definirse "itinerante, renovada y misionera", que desea estar "en y con las periferias", que pretende transmitir un "mensaje de esperanza basado en el 'buen vivir", un concepto "holístico" que entre otros sitios se puede aprender en la Amazonía.

Mientras algunos políticos del PP dicen que gastarían su dinero antes en la catedral de Notre-Dame de Paris que en esa parte del mundo, el Papa Francisco apunta en otra dirección: “La Iglesia no está en la Amazonía como quien tiene hechas las maletas para marcharse después de haberla explotado todo lo que ha podido; está desde el principio y todavía hoy está presente y es determinante para el futuro de la zona”, ha advertido el Pontífice.

El Obispado de Cádiz ha sumado este jueves a la ciudad autónoma a la conmemoración del Mes Misionero Extraordinario que se celebra este octubre para conjugar también en África "primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar", los cinco verbos que el titular del Vaticano exhorta a declinar.

Lo ha hecho a través de representantes de dos ‘Realidades misioneras’: la de la Iglesia en la Amazonía, de la mano de la miembro del departamento de sensibilización y voluntariado de los Dominicos, Mª del Mar Díaz; y la de la trata de seres humanos, que abordaron a continuación Ana Gómez y Concha de la Vega, coordinadora y educadora, respectivamente, del proyecto ‘Mujer Gades’ de las Hermanas Oblatas.

Las tres han expuesto antes del rezo del Rosario Misionero y de una Eucaristía por las Misiones las posiciones que encarnan casi 11.000 españoles en unos 2.000 proyectos por todo el mundo. La primera, contra la explotación, de la tierra y sus habitantes; la segunda, sobre las “muchas mujeres y niñas” que son tratadas como “esclavas del siglo XXI” y que protagonizan “historias sangrantes que están más cerca de lo que pensamos”.

Mar Díaz se ha referido a la ambición de la Iglesia de darse un “rostro amazónico” en base a sus valores de “vida en clave de comunidad con todo lo que nos rodea, otras personas pero también la Naturaleza porque sin todo lo demás yo no existo”. También de “desarrollo no como crecimiento económico sino como ‘bien vivir’, un concepto que en el Amazonas, para sus pobladores, es holístico, lo engloba todo”. Con menos “mercantilización” y primado “la austeridad y la sencillez” por encima de “el consumismo y el expolio”.

En su exposición ha coincidido con quienes le han tomado el relevo en la denuncia de “la explotación”, tanto de cualquier ser humano (todos igualmente “dignos” y “sagrados”) como de la Naturaleza. Gómez y De la Vega han incidido en el drama de “la cosificación de las personas” y censuraron a una sociedad que “mira pero no ve y juzga rápidamente”.

“No podemos hacernos los distraídos: todos estamos llamados a salir de cualquier forma de hipocresía, afrontando la realidad de que somos parte del problema. El problema”, han recordado que ha advertido el Papa, “no está en la vereda de enfrente: me involucra. No nos está permitido mirar hacia otra parte y declarar nuestra ignorancia o nuestra inocencia”.

Aquí mismo. "Alrededor del 90% de las mujeres” que llegan al CETI, “todas ellas subsaharianas”, según un estudio reciente, responden al perfil de seres humanos “seleccionados en contextos de vulnerabilidad, violencia o desprotección”, habitualmente engañados para llegar a Europa y posteriormente “manipulados, sometidos a violencia extrema y abusos, a palizas y a amenazas para llegar a su control absoluto”.

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