Marruecos permite por primera vez el reparto de ayuda a los migrantes que viven en los bosques

Marruecos permite por primera vez el reparto de ayuda a los migrantes que viven en los bosques
Varios migrantes, esperando su revisión médica.
Varios migrantes, esperando su revisión médica.  

- La Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes, con estructura a ambos lados del Estrecho, 'Manos Solidarias' de Martil y 'Mundo Único' de Huelva distribuyen ropa de abrigo, mantas, comida y medicinas entre los subsaharianos

- Las oenegés destacan la extraordinaria precariedad en la que sobreviven los indocumentados al otro lado del perímetro fronterizo de la ciudad


Mientras Melilla sigue siendo escenario de intentos de salto en grupo sobre su perímetro fronterizo y en Lampedusa mueren de frío más de veinte indocumentados después de haber sido rescatados, el Ministerio de Inmigración marroquí ha permitido este fin de semana por primera vez el reparto de ayuda humanitaria entre los subsaharianos que viven en los bosques que rodean la valla de Ceuta.

"¿De dónde viene esto?", pregunta en voz baja Mohamed Cissé sorprendido por la inhibición de la Gendarmería, que 500 metros más arriba por la carretera que une Ceuta con Tánger controla desde la distancia el puesto de atención improvisado que tres oenegés han instalado junto al vial en el que los migrantes acostumbran a pedir limosnas.

La Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes, declarada de utilidad pública por el Ayuntamiento de Málaga y con estructura a ambos lados del Estrecho, es el motor principal del primer proyecto autorizado por las autoridades del Reino alauita de ayuda humanitaria a los migrantes subsaharianos que sobreviven ahí a la espera de intentar acceder a la ciudad autónoma.

Con el apoyo de voluntarios de otras dos ONG, ‘Manos Solidarias’ (de Martil) y la onubense ‘Mundo Único’, los responsables de la iniciativa pudieron instalar este sábado una carpa junto a la carretera de Tánger para ofrecer atención médica a los indocumentados, que adolecen sobre todo de problemas de piel y dolores abdominales debido a sus “extraordinariamente precarias” condiciones de vida.

Además, repartieron mantas, ropa de abrigo ("lo más necesario" en esta época del año), calzado, comida y medicamentos entre los subsaharianos, que aseguran ser no más de "400 ó 500", casi todos jóvenes varones de entre 20 y 40 años (las organizaciones que les asisten dicen que también hay algún menor y alguna mujer) procedentes de distintos países de África occidental como Guinea Conakry, Senegal, Camerún, Ghana o Chad y llevan en los bosques que rodean la ciudad española entre “varias semanas” y hasta "tres años”.

El proyecto, respaldado por el Ayuntamiento de Málaga y autorizado por el Ministerio de Migraciones marroquí, también incluye la creación de un Centro de Apoyo Integral a Inmigrantes que cuenta con una Unidad de Intervención Socio-sanitaria compuesta de médicos, enfermeros, trabajadores sociales y un abogado, según ha precisado a Europa Press su coordinadora, Karima Ouald.

“Los subsaharianos que están en esta zona apenas van a Castillejos para pedir comida a los vecinos porque los controles policiales son muy intensos, con lo que se amontonan alrededor de la carretera para pedir limosna, y sobre todo en esta época del año están muy necesitados de ropa de abrigo y mantas”, añade.

Cissé, Musa Keita, Musa Yaffa y Musa Youba amplían que las ayudas suelen llegar de las manos extranjeras que pasan por la zona. Los locales, lamentan, les suelen brindar una 'peineta' que reproducen con sus manos. Ouald sabe bien de los prejuicios hacia un colectivo que a ella misma le ha motivado reproches de compatriotas por ayudarles, porque supuestamente al hacerlo "no quiero a mi país".

A pesar de todo, la entidad ha luchado durante días por el beneplácito de las autoridades, que en algunas oficinas instaban a auxiliar a los migrantes regularizados en Marruecos o en proceso y que en otras se mostraban estupefactas por una solicitud para apoyar a quienes tienen la misión de desalojar.

"Nosotros pasamos las 24 horas del día pensando en cómo llegar a Ceuta, que es Europa y es África, donde llegas, esperas 3, 4 ó 5 meses y cruzas al otro lado de España, que es el mejor país del mundo, adondo quieren ir todos, los americanos, los ingleses, los franceses...", expone su visión de la última etapa de su viaje Cissé ajeno a la crisis económica, al paro y a casi todo.