MEMORIA HISTÓRICA

Premio ‘La Latera’ a Antonia Pérez: “Reconforta que tantos años después se acuerden de mi madre”

Premio ‘La Latera’ a Antonia Pérez: “Reconforta que tantos años después se acuerden de mi madre”
Manuel Berrocal, hijo de Antonia Pérez Padín, premio 'La Latera 2017'
Manuel Berrocal, hijo de Antonia Pérez Padín, premio 'La Latera 2017'  

Manuel Berrocal tiene 83 años y hasta los 10 no conoció a su madre. Un mujer “entera”, una mujer “muy creyente de sus ideales, con los que vivió y con los que murió”, explica a Ceuta al Día poco antes de recoger en nombre de su madre, Antonia Pérez Padín, el Premio Antonia Céspedes ‘La Latera’, en este caso a título póstumo,  que cada dos años entrega UGT en un intento de rescatar del olvido a aquellas mujeres que lucharon por la justicia social y la igualdad.

“Me faltan años para agradecer esto”, confesaba su hijo ya abrazado al busto de Antonia Céspedes. “Reconforta que se acuerden de mi madre con la pila de años que hace que se murió”, admite Berrocal usando un verbo, reconfortar, que concentra la esencia del dolor y el olvido que amenaza con enterrar la historia de quienes lucharon por la igualdad, por los derechos sociales, la solidaridad… “Palabras que no estaban en el diccionario de Franco”, resume el historiador Paco Sánchez, orgulloso de que UGT lo reclame para sacar a la luz estas  “historia ocultas bajo la losa del olvido”.

La de Antonia Pérez Padín es una de esas historias enterradas en la cal viva de la historia escrita por los vencedores. Una mujer de carácter que regentaba una casa de comidas en el Barrio Las Latas y a la que acusaron de dar cobijo a las reuniones de los trabajadores portuarios que en aquellos turbulentos años trabajaban en las obras de ampliación del puerto y que llegaron a estar tres meses de huelga en protesta por sus condiciones laborales. Un tiempo en el que Antonia Pérez Padín se ocupó de que a aquellos obreros no les faltara un plato de comida caliente durante su huelga. Un delito que tras el golpe militar de 1936 la llevó a la cárcel de mujeres del Sarchal.

Pero su condena estaba escrita desde tiempo atrás, sospecha el historiador Paco Sánchez, “estaba en el punto de mira”. Militante del Partido Comunista y del Socorro Rojo Internacional, su final estaba escrito de antemano: Terminó condenada a muerte, aunque, tras muchos meses de angustiosa incertidumbre, su pena fue conmutada por 12 años de prisión. Su marido no tuvo la misma suerte.  Antonio Berrocal, concejal de la Conjunción Republicana Socialista (la fusión de la Unión Republicana de Sánchez Prado y del PSOE de David Valverde), fue uno de los 32 ejecutados a sangre fría por los falangistas en la cruenta saca del 21 de enero de 1937, sacados de la cárcel de García Aldave y fusilados. Su cuerpo fue encontrado en la ladera del Sarchal con una bala en la frente.

Antonia no volvió a ver a su marido. Tampoco a sus hijos, que quedaron en manos del auxilio social. De la cárcel de mujeres de Ceuta la llevaron al Dueso, después a la prisión madrileña de Las Ventas.

Una vida que dejó su huella pero que durante décadas guardó en silencio. Así lo recuerda su nieta, Gloria Berrocal, que consiguió que su abuela se la contara durante una estancia en Rabat. “Día tras día fue desgranando horrores”, recuerda emocionada su nieta, “su voz y su cuerpo rezumaban odio cuando hablaba de las atrocidades del falangista Pelegrina”.

Atrocidades que Antonia Pérez Padín se llevó consigo, clavadas en el corazón y en la memoria. O quizá no. Con el premio en sus manos, su hijo, décadas después,  agradecía sin imposturas el reconocimiento y  todo lo que se había contado sobre su madre. “Y más cosas que algún día se contarán”, añadió, dejando el aire la huella de otra de esas historias ocultas bajo la losa del silencio. Pero no del olvido.