LA VIDA EN EL 'GALERNA'

“Vivo en un submarino, me rio yo de Gran Hermano"

“Vivo en un submarino, me rio yo de Gran Hermano"
Escotilla del submarino Galerna
Escotilla del submarino Galerna  

Son sesenta hombres (y alguna mujer) viviendo en un pasillo sumergido a 200 metros bajo el nivel del mar. Sesenta personas en un habitáculo mínimo, con pasillos de medio metro, en el que cada hueco sirve. Es el submarino 'Galerna', el más pequeño y antiguo de la Armada Española. Un submarino eléctrico invisible con treinta años de servicio a la espalda. Así es la vida en las tripas del 'Galerna'.

Quien ha servido en un submarino lo sabe bien: hay que estar hecho de una pasta especial. “Son todos pequeñitos y pálidos”, vacila un marinero de una de las fragatas que acompañan al 'Galerna' en su escala en Ceuta. Las condiciones de vida son muy estrictas, el espacio habitable es asfixiante y puedes pasar un mes sin ver la luz del sol. Y lo peor no es la claustrofobia, explica el marinero que hace de guía en la visitas: “Lo peor es la convivencia, me río yo de Gran Hermano”. “Y sin edredones”, bromea otro marinero, encargado de cuidar de los bolsos y mochilas de los civiles que visitan el Galerna, no hay sitio para complementos y abalorios. Y cuidado con la cabeza y al loro dónde pisas.

“Eso es como vivir en un Tetris”, se sorprende uno de los visitantes al encontrarse con la zona de descanso de la tropa, una mesa de un metro de largo rodeada por una fila de asientos encajonados en un minúsculo hueco que se abre a un lado en el pasillo. Un pequeño televisor y una cafetera completan el mobiliario, al lado una cocina del tamaño de una cabina telefónica en la que se da de comer a 60 personas. Patatas fritas pocas, hay que vigilar las emisiones de dióxido de carbono.

La vida a bordo es aburrida y extraña. La iluminación varía entre luz blanca y luz roja para simular el paso de los días. En el televisor, por descontado, no se sintoniza canal alguno si no están en puerto. “Traemos películas y series y hasta algún partido de fútbol grabado”, explica un marinero. No tienen conexión a Internet, salvo el acceso "de vez en cuando" al correo electrónico, y están desconectados de la actualidad. Diversiones pocas, “el bingo de los domingos”, ironiza la tropa. Alguno, confiesa, ha aprovechado sus dos años en las tripas del Galerna para estudiar unas oposiciones.

Mucho tiempo y poco espacio, podría ser el resumen de la vida en un submarino. Un lugar en el que los huecos sirven para varias cosas. La sala de descanso de los oficiales es también su dormitorio, las camas de la marinería ocupan el espacio de las estibas de los torpedos y al lado de los víveres. De hecho, esas camas están ahí porque estamos en tiempo de paz y el 'Galerna' solo carga con cinco torpedos y cada cual puede tener su propia cama. En tiempos de guerra, crucen los dedos, los torpedos ocuparían su lugar y deberían compartirla mediante el sistema de 'cama caliente'. Cuando uno se acuesta es que otro se levanta.

Una vida extraña, angosta. Sumergido hasta 200 metros de profundidad en un submarino invisible compartiendo semanas y semanas encerrados con otras sesenta personas. “Somos compañeros de trabajo, no amigos y cada uno es de su padre y de su madre, con su forma de ser, pero tienes que convivir. Pero al final estás deseando llegar a casa para tener intimidad”.