PRELADO EN LA REPÚBLICA CENTROAFRICANA

El XVII Premio Convivencia, para el revolucionario obispo Juan José Aguirre: "Son hermanos, no inmigrantes"

El XVII Premio Convivencia, para el revolucionario obispo Juan José Aguirre: "Son hermanos, no inmigrantes"
Aguirre, con Vivas, al recibir el galardón.
Aguirre, con Vivas, al recibir el galardón.  

Juan José Aguirre, el obispo de Bangassou, en la República Centroafricana, el segundo país más pobre del mundo ha recibido este jueves a última hora de la tarde en el Auditorio del Revellín el XVII Premio Convivencia, un galardón que ha consagrado a una parábola, la del "buen samaritano", y que ha merecido por ser "modelo y ejemplo de humildad y fraternidad, la aspiración máxima de la convivencia", según el presidente de la Ciudad, en resumen por su contribución a hacer de este "un mundo más justo, más humano y más solidario, mejor".

"Modelo y ejemplo de humildad y fraternidad, la aspiración máxima de la convivencia", en palabras de Vivas, Aguirre ha hecho levantarse de los asientos a los presentes con un discurso emotivo y sincero, una ampliación de Mateo, 25: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo".

En la ciudad donde este tipo de mensajes revolucionarios suele ser recibido con un "llévatelos a tu casa", el prelado cordobés ha recordado que las personas ("no son inimigrantes, son hermanos") que llegan hasta aquí son solo un ínfimo porcentaje de las que migran dentro de África, huyendo muchas veces de quienes usan "el fuego, el hambre y la violación" como armas de guerra. Son los más pudientes o los más fuertes. O los más afortunados. Los que logran saltar el "gran cementerio" del desierto, preludio de ese otro mar de cadáveres en que se ha convertido el Mediterráneo.

Lo sabe y lo dice quien lo vive y lo hace. Hace ya tres años, cuando un grupo de descerebrados cristianos la emprendió a tiros contra dos mil musulmanes, Aguirre y sus compañeros se emplearon como escudos humanos para proteger a los perseguidos durante tres días. Cuando los soldados portugueses disolvieron a la turba, los perseguidos respondieron que quería ir a la Misión Católica. Allí siguen, esperando en vano que la ONU les dé una solución. Pero no se arrepiente.

"África es un continente de futuro: si rompe con el vicio de la corrupción; si echa a los que vienen a robar sus materias primas con impunidad; si vence a la maria y al SIDA, al ébola, la tuberculosis y la diarrea, su población no tendrá que arriesgar sus vidas para llegar a Europa", ha reflexionado monseñor Aguirre, que ha recordado al auditorio que "las lágrimas son del mismo color", como la sangre, como el sufrimiento, que "une y nos hace hermanos".

El obispo ha dedicado el premio a los 11.000 misioneros españoles repartidos por el mundo y a "los miles de africanos que, como alfareros, me han hecho distinto a como llegué allí con 28 años", hace cuatro décadas, cargado de "amor", el pegamento de una moneda con "dos caras", la "evangelizadora" y la de "la promoción humana". A siete horas en coche del primer teléfono y el primer médico aprendió "a desdramatizar las situaciones" y "a sonreír", a vivir con medio millar de huérfanos, a lidiar "con alegrías y tribulaciones".

También ha brindado el galardón a su madre, Estrella, "la primera que me habló de Dios", y, por supuesto, "a mi Señor que me da fuerza y ejemplo en el Evangelio". "Desde siempre supe que no podía ser feliz a solas, pensando en mi ombligo", ha recordado de su juventud una persona de la que Vivas ha ensalzado que "lo dejó todo sin condiciones para dedicar su vida a los demás, a los pobres y necesitados en una de las regiones más pobres y necesitadas del planeta; a combatir los estragos de la malaria, el SIDA o la lepra, a luchar contra la pobreza en sus más crueles manifestaciones, a construir colegios, hospitales, quirófanos y dispensarios; a edificar ilusión y a proteger la dignidad humana sin distinguir por razón de credo, raza o cualquier otra condición".