DESIERTO

El Gobierno no logra arrancar el programa de control de gatos, la Protectora renuncia al concurso que ganó

El Gobierno no logra arrancar el programa de control de gatos, la Protectora renuncia al concurso que ganó
El control de los gatos sigue en precario.
El control de los gatos sigue en precario.  

La Protectora renunció antes del pasado 19 de abril, último día para hacerlo y no firmar el contrato, al no poder asumir algunos de los requisitos por falta de solvencia económica para acometer mejoras necesarias en sus instalaciones


El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta no logra arrancar el programa con el que pretendía controlar la población de gatos callejeros, al menos mantener, las 46 colonias, según Sanidad, 90 según otras asociaciones animalistas, bajo unas condiciones de control veterinario óptimas. Desde 2016 se viene hablando del asunto, tras aprobarse en Consejo de Gobierno la creación de un programa para tal fin que saldría a concurso. El Concurso lo ganó la Asociación Protectora de Animales, 30.000 euros para el programa TNR, siglas en inglés de Captura, Castración y Suelta de gatos callejeros. Pero la propia Asociación Protectora de Animales –en precario desde hace mucho tiempo- renunció antes del 19 de abril, el último día para hacerlo, al no poder asumir las condiciones que le exigía el pliego del contrato que no llegó a firmar.

Según ha explicado su presidenta Monserrat Fernández, la renuncia tiene que ver con la falta de recursos para acometer las mejoras necesarias en la protectora para poder cumplir con algunos requisitos del contrato. El principal obstáculo ha estado en la exigencia de la anestesia inhalatoria para realizar las castraciones de gatos y gatas. Una práctica cara que no han podido asumir. En parte porque la subvención que cobran para el mantenimiento de las instalaciones y la atención a los animales que tienen acogidos les ha llegado hace tan sólo dos semanas en lo que se refiere a la cuantía para el primer trimestre del año.

La Protectora en este tiempo ha visto como también se le marchaba el veterinario y están salvando los muebles gracias a la colaboración de Morey y el resto de clínicas veterinarias privadas de la ciudad que colaboran desinteresadamente. En la actualidad, la Protectora tiene en sus perreras a unos 90 perros y sólo en la gatera vieja, que acoge a gatos con rinotraqueitis, una especie de gripe felina que es crónica, atienden a 200, más otros 20 ó 30, sanos, que han acogido en un almacen que han reacondicionado para tal fin.

La Protectora aún así viene cumpliendo con su compromiso de castrar 4 gatos semanales de los callejeros para evitar que sigan reproduciéndose y engordando las colonias de gatos callejeros. El compromiso es ajeno al convenio que mantiene con la ciudad para el mantenimiento de sus instalaciones y el cuidado de los animales que tienen acogidos, un compromiso posible gracias al voluntarismo de la propia asocición que siempre intenta hacer todo lo que puede. Unas colonias que en su mayoría atienden ciudadanos o pequeñas asociaciones, como la que esta semana ha firmado su convenio de colaboración con la Ciudad Autónoma, la Asociación Comunidad Gatuna, que ella sóla controla a 20 colonias de gatos.

Así las cosas, el contrato para la captura, castración y suelta de gatos callejeros se ha quedado desierto y la Consejería de Sanidad vuelve a la casilla de salida, al año 2016 cuando se propuso abordar el problema de los gatos en las calles, tras poner en marcha otro programa piloto en la pasada legislatura para la subvención a controladores de colonias de gatos. Hoy sigue todo como entonces, en manos de la voluntad de los voluntarios de diversas asociaciones y de la obra social de algunos veterinarios.

Un problema que origina otros, como por ejemplo se pudo comprobar a principios de este mismo año, cuando el consejero de Educación, Javier Celaya, cargó contra los vecinos del Polígono, acusándolos de incívicos por dar de comer a los gatos junto al Colegio Ciudad de Ceuta, que presentó una plaga de pulgas. Celaya llegó a pedir a la Policía Local que multara a los “vecinos incívicos”.