Así se vivió el debate a cuatro en la trastienda de RTVCE


Así se vivió el debate a cuatro en la trastienda de RTVCE

- Tensa cordialidad entre los asesores, que siguieron el programa todos juntos desde el despacho de dirección

- Todos siguieron las intervenciones más atentos a la pantallas de sus teléfonos que a la televisión

- El candidato de Ciudadanos se quitó la corbata en el último momento

Todo eran sonrisas en el plató de Radio Televisión Ceuta. La cortesía saltaba de un candidato a otro en calurosos apretones de manos y saludos cordiales. La tensión iba por dentro, los candidatos se sonreían entre ellos durante la prueba de sonido y buscaban su sitio agarrados al atril que les iba a servir de parapeto en los siguientes sesenta minutos. No muy lejos de allí, en el despacho de la directora de RTVCE, el ambiente era diferente. El silencio abstraído reinaba entre los compañeros de partido que acompañaban a los candidatos, y todos refugiados en sus teléfonos móviles.

Dos acompañantes llevó consigo Mohamed Faitah, de Unidos Podemos, uno de ellos Julio Basurco, que se confesaba muy nervioso, la otra, la única mujer en la sala, Paloma Manzano. Otros tantos acompañaron a Juan Bravo (PP), uno de ellos Juan Carlos Trujillo, apuntando afanosamente en un cuaderno durante gran parte del debate, el otro, Ramón García, pendiente de las redes sociales en su inseparable tablet. Otros dos acompañaban a Susana Pulido (PSOE), uno de ellos el secretario general Manuel Hernández, muy pendiente de la pantalla de teléfono móvil; y tres compañeros de campaña llevo consigo Piku Sunderdas (Ciudadanos), entre ellos Ricardo Martínez, presidente de CSIF Ceuta.

Beatriz palomo despedía su Paseo diario para dar paso al debate ante la mirada perdida de los asesores que esperaban con cara de póker. Cada cual hablaba con su compañero de partido en discretos apartes, los demás se escondían en sus teléfonos. Julio Basurco en cambio se levantaba para volver a sentarse para volverse a levantar y sentarse de nuevo, confesando estar más nervioso que su candidato.

En la mesa reposaba la corbata de Piku Sunderdas que optó por quitársela poco antes del debate, quizá porque nadie más la llevaba. La camisa blanca, impuesta por Pedro Sánchez en la pasarela política, era la tónica dominante entre ellos. Faitah en mangas de camisa a imagen y semejanza de su líder y Sunderdas y Bravo luciendo chaquetas aparentemente idénticas, de idéntico azul y similar corte aunque muy diferente percha. Susana Pulido optó por el recurrente rojo socialista.

Sólo los representantes de Ciudadanos controlaron el tiempo que consumía cada uno de los candidatos, tiempo que sólo Susana Pulido no agotó y apenas hubo reacciones ostensibles, tan sólo Basurco se mostró expresivo, mientras el resto seguía el debate como presidentes de un club de fútbol en un palco; tan sólo algunas de las afirmaciones de Bravo o Sunderdas en torno a la corrupción o a Cataluña parece que tocaron alguna fibra sensible y provocaron algún cruce de impresiones entre contrarios , eso sí, fugaz.

Y cuando Cristina Díaz pitó el final del debate todos saltaron de su asiento como un resorte, eran las tres de la tarde y el hambre apretaba. Rápidos saludos de despedida, intercambio de felicitaciones mutuas, han estado bien, sí, sí, han estado muy bien y a la búsqueda de su candidato, más apretones de manos y más felicitaciones mutuas. La cordialidad seguía reinando también tras el debate a cuatro formando corrillos entre partidos. Sólo Unidos Podemos puso pies en polvorosa casi de inmediato. Juan Bravo pronto fue uno más del coro de Ciudadanos, mostrando su solidaridad con los problemas que tuvo en Los Rosales la candidata Laura Berrocal, mientras los socialistas del PSOE charlaban con el personal de RTVCE.

Y las sonrisas que una hora atrás escondían los nervios, muestran ahora el alivio del trance superado.

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