El día en que Suárez salvó a Ceuta y Melilla

El día en que Suárez salvó a Ceuta y Melilla
Adolfo Suárez durante el acto de entrega del I Premio Convivencia
Adolfo Suárez durante el acto de entrega del I Premio Convivencia  

Ceuta (y Melilla) pasó los años setenta aguantando la respiración.  La Guerra del Sáhara, la posterior Marcha Verde, el alineamiento de EE.UU y Francia con Marruecos…  Y la muerte de Franco. “Había preocupación por lo que podía pasar”, recordaba este miércoles José María Campos en las Jornadas de Historia del Instituto de estudios Ceutíes.  Por un lado, Ceuta nunca ha sido muy amiga de los vientos de cambio por su delicada posición geoestratégica;  y por otro lado “política de entreguismo” de los territorios del Protectorado iniciada por el régimen en sus últimos estertores y el vacío de poder creado tras la muerte del dictador no invitaban al optimismo. Y entonces llegó Suárez.

José María Campos, quien fuera destacado miembro de UCD y su responsable de prensa en los primeros años, no esconde su admiración, casi devoción por Suárez y por su posición firme, inamovible, sobre la españolidad de Ceuta.  “Suárez siempre tuvo las ideas claras sobre Ceuta y Melilla y en aquellos tiempos no era fácil actuar como actuó”, recuerda Campos, “claro y desafiante incluso frente a Hassan II”. Y no era un rival cualquiera. Una actitud “firme” que quedó patente en el primer encuentro entre Suárez y el monarca alauita.

Fue un 27 de enero de 1978. Hassan II visita por vez primera España, invitado por su buen amigo, su “hermano”,  el Rey Juan Carlos I, a una cacería de faisanes, una cita que el Rey de marruecos aprovecha para reunirse con el casi recién estrenado presidente Adolfo Suárez. Una reunión que se desarrolló un ambiente de tensión y enfrentamiento, relata Campos, en el que según cuentan las crónicas periodísticas de aquella reunión, Hasan II, un personaje duro y desafiante, con fama de enigmático e impulsivo, despreció a España y al Gobierno de Suárez “acusándola de debilidad frente a un Marruecos consolidado y estable”. La reunión empezaba mal.

Una tensión que fue in crescendo durante el encuentro llegando Hassan II “a amenazar veladamente con atacar Ceuta y Melilla”, afirma Campos. Una amenaza a la que Suárez dio una respuesta no menos contundente: “Si lo hace, al minuto siguiente bombardearemos Casablanca y Rabat”. Ni Alberto Aza, entonces jefe de gabinete de Suárez ni Fernando Ónega, su jefe de prensa en aquellos años confirmaron esta respuesta a Campos, pero la prensa lo recogió en sus crónicas. “Hassan II vio una postura firme con Ceuta y Melilla en Suárez”, interpreta Campos.

La tensión siguió aumentando aquel día. Hassan II organizó una cena de gala en la embajada de Marruecos, cena a la que Suárez declinó asistir, lo que Hassan II entendió como un desaire. Pero hubo una tercera cena, esta vez en Zarzuela, ala que sí asistió. Para entonces Hassan II ya había cambiado de actitud con Suárez, al que elogió ante el hoy Rey Emérito Juan Carlos I, “ojalá tuviese yo un primer ministro como él”, alabó, asegura José María Campos.

Una tensa relación que solo dos días después le confesaría en persona Adolfo Suárez a José María Campos en una reunión de coordinación de responsables de prensa de UDCE en Madrid. “Suárez fue muy sincero”, recuerda Campos, “me dijo que si Estados Unidos y Francia nos apoyaban todo saldría bien”, pero, si los países árabes se unían con Marruecos y cortaban el grifo del petróleo, “sería muy difícil mantenerse”.

Todas las esperanzas de Suárez para la estabilidad de Ceuta y Melilla y su encaje en España estaban puestas en una entrada en la OTAN y en la Unión Europea sin peros para Ceuta y Melilla. Al final ni una ni otra, tan solo un Estatuto de Autonomía a medias, sin desarrollo en la Constitución. Pero pese a todo, insiste Campos, el compromiso de Suárez con las ciudades autónomas fue más allá de su presidencia y los cargos. Ya con Felipe González en el Gobierno, Adolfo Suárez reclamó una solución definitiva para la problemática de Ceuta y Melilla, no solo por la cuestión marroquí sino también por una cuestión de “seguridad global”. Era 1985 y Suárez ya pensaba en términos de seguridad global.

En 1999, Adolfo Suárez volvía a Ceuta después de su visita como presidente en 1980. Esta vez Suárez venía para recoger el primer Premio Convivencia y en su discurso insistió en que “la tolerancia es la piedra angular” de la Transición, la tolerancia con el que piensa distinto. “Ese diálogo es el que ahora muchos echamos de menos”.