Discurso de José Antonio Carracao en el Debate del Estado de la Ciudad de 2014


Discurso de José Antonio Carracao en el Debate del Estado de la Ciudad de 2014

“Buenos días señor Presidente, señores y señoras diputadas, buenos días a los medios de comunicación y especialmente a los ciudadanos y ciudadanas que desde el salón de plenos o en sus casas van a seguir el desarrollo de este debate sobre el estado de la ciudad.

Más allá de la obligación formal de celebrar esta confrontación de visiones sobre la realidad de la ciudad y del incuestionable interés público que tiene este debate, no debemos perder de vista las dificultades que entraña, lograr que este tipo de eventos políticos conecten con la ciudadanía y con lo que nuestros vecinos y vecinas esperan de nosotros.

Estamos asistiendo a una creciente desafección hacia la política y los políticos, y es parte de nuestra obligación revertir esta tendencia y debemos empezar hoy y aquí desde cero, no importa lo que no hayamos hecho hasta ahora, debemos comprometernos a recuperar la confianza en las instituciones, en los responsables públicos, y debemos empezar normalizando el lenguaje, apartándonos de ataques previsibles y de la demagogia, huir de los discursos extremistas del todo va muy bien y también del todo va muy mal. Esas posturas son las que nos alejan y nos impiden oír lo que nos gritan aquellos ciudadanos que aún nos miran, que no es otra cosa que solucionemos sus problemas. En una situación local donde predomina el desaliento y el temor al futuro, este será mi primer compromiso y mi primera propuesta de resolución, que destinemos este tiempo de debate a diagnosticar la realidad de la ciudad entre todos y no a defendernos, que destinemos este tiempo de debate a analizar los problemas y buscar soluciones.

Pero no se confundan, las responsabilidades hay que asumirlas, y cada uno en el grado que le corresponda y yo estoy dispuesto a asumir las propias y las de mi grupo pero también a exigirlas.

Tengamos un sentido agudo de la autocracia y una actitud humilde para que el debate que vamos a realizar hoy no sea simplemente un debate para los políticos.

A este Gobierno, desde luego, pero creo, sinceramente, que también a toda la Corporación, nos corresponde, restaurar la confianza ciudadana en las instituciones y en el sistema democrático, no extrañará, por tanto, que empiece mi intervención, destacando las iniciativas de mejora de la transparencia municipal en aras a incrementar la confianza y la implicación de los ceutíes en la actividad de su Ayuntamiento que no han encontrado el apoyo del gobierno y que por lo tanto han impedido, tal y como hemos propuesto a través de numerosas iniciativas los socialistas y entienden cada vez más y más ciudadanos, que avancemos hacia una democracia realmente participativa que supere la vieja visión de una papeleta cada cuatro años.

Tenemos una ciudad donde sus ciudadanos no pueden participar directamente en las sesiones plenarias porque este gobierno no quiere; donde sus ciudadanos no pueden decidir dónde invertir el dinero de sus impuestos a través de los presupuestos participativos porque este gobierno no quiere; una ciudad donde los ciudadanos no pueden tener acceso a los grupos políticos que conformamos el resto del arco parlamentario, a través de la web institucional pagada con su dinero, porque este gobierno no quiere; una ciudad donde no hay una reglamentación para los diputados y un código de buen gobierno porque este gobierno también votó en contra; una ciudad donde sigue sin ponerse en marcha un nuevo procedimiento contable, administrativo y de contratación, que mejore el rigor y la transparencia y evite los casos de facturas impagadas y escándalos judiciales como los recientemente vividos y que siguen su cauce, porque este gobierno no quiere.

De esta manera es prácticamente imposible reconstituir la confianza.

Hace un año analizábamos la situación de la ciudad y hacíamos un balance del estado de la misma en una coyuntura macroeconómica extremadamente grave para España.

Hoy espero que no sea esta la única argumentación del gobierno para justificar la situación que iré describiendo pero sigue siendo necesario contextualizar el debate. Desde el punto de vista de la macroeconomía, podríamos decir que hay cosas importantes que han dejado de empeorar: la prima de riesgo de España ha vuelto a niveles tolerables, los mercados financieros han dejado de apostar contra España y parece que la economía ha dejado de caer.

Sin embargo, paradójicamente, o dramáticamente, añadiría, la situación de los españoles ha empeorado y la de los ceutíes como consecuencia de nuestros distintos ritmos de adaptación a las fluctuaciones económicas nacionales, aun empeorará más. En nuestra ciudad ha empeorado la situación individual, la situación familiar y la situación social.

Podríamos decir que la macroeconomía salva a unos pocos (los últimos datos son que en España, con la crisis, aumenta un 13% el número de millonarios), mientras que la microeconomía hunde más y más a la inmensa mayoría (los últimos datos oficiales son que en el último año los salarios han vuelto a descender un 5%).

Tenemos una ciudad con datos de marzo de 2014, donde 12.990 ceutíes no tienen empleo, donde 2.273 jóvenes menores de 25 años no tienen empleo, y donde a pesar de que se identifica el sector servicio como el único que tiene capacidad de desarrollar económicamente la ciudad y de generar contrataciones, es un sector que mantiene casi 9.000 ceutíes como demandantes de empleo de los que casi mil son menores de 25 años. Tenemos una ciudad donde la inversión productiva prácticamente ha desaparecido, tenemos una ciudad donde siguen usándose las viejas recetas que nos han traído y mantienen en esta situación de desesperanza ante las expectativas de empleo, tenemos una ciudad cuyo gobierno confronta con el sector empresarial en vez de colaborar y buscar estrategias conjuntas; una ciudad donde no se ha planteado ninguna reforma del I.P.S.I. salvo subir los tipos impositivos; tenemos una ciudad donde no se crea empleo a pesar de la bonificación estatal a la cuota de la seguridad social porque este gobierno no impone el criterio de que esta bonificación esté ligada exclusivamente a nuevas contrataciones; una ciudad que sufre la mala gestión de la frontera que está provocando graves pérdidas económicas y su efecto desastroso sobre el empleo; y tenemos una ciudad que no encuentra la forma de aprovechar su enclave y realidad porque este gobierno es carente de imaginación, valentía y empuje.

Y la incapacidad para tener criterio la da la incomprensible inestabilidad política que padece este ejecutivo que a pesar de tener una mayoría absoluta, está inmerso en continuas restructuraciones y escándalos que le impiden gobernar y mantener sus decisiones.

Tenemos una ciudad donde lo mejor que podemos decir de su deuda es que aún se mantiene al borde del límite máximo legal sin llegar a sobrepasarlo y donde la estabilidad presupuestaria es una quimera contable, advertida y denunciada en cada uno de los informes del Tribunal de Cuentas, órgano al que este gobierno en su afán de atacar a todo el que le diga las verdades, ha llegado incluso a despreciar.

Tenemos una ciudad donde el empleo público está bajo amenaza de insostenibilidad y para lo que se planteó una restructuración del sector público empresarial que acabó fracasando y que por el camino ha dejado gastos innecesarios, muchas incertidumbres y la demostración de que las cosas hechas con prisas y sin reflexión no nos llevan a ninguna parte.

Tenemos una ciudad donde en el sector público sigue sin haber una Relación de Puestos de Trabajo, sigue sin haber un inventario de bienes públicos y donde se mantiene una política de nombramientos arbitraria que ha echado atrás los tribunales y que tiene a las centrales sindicales en pie de guerra, así como comprenderán es imposible poner orden y sanear las cuentas.

Tenemos una ciudad donde los niveles de vida están muy desequilibrados, donde la distribución territorial de la pobreza muestra desigualdades significativas y persistentes entre distritos, tal y como señala la última encuesta sobre condiciones de vida de la población de Ceuta de 2013. Con las políticas seguidas hasta ahora se ha construido una ciudad donde tres de cuatro personas pobres residen en las barriadas de Pasaje Recreo, Patio Castillo, San José-Hadú, Poblado Sanidad, República Argentina, Almadraba, Miramar Bajo, Vicedo Martínez, Príncipe Felipe, Príncipe Alfonso y Benzú, según datos de la encuesta de la propia Consejería encargada a la empresa Sociópolis. Un mapa que nos muestra que solo los distritos 1, 3 y 5, no llegan a superar la tasa de pobreza, distritos que comprenden barrios como el Centro, el Polígono y Juan Carlos I. Una ciudad donde sus ciudadanos tienen que ponerse en cola a las cuatro de la mañana para poder ser atendidos por los servicios sociales, insuficientes en cuanto a medios humanos y materiales y totalmente desenfocados de lo que ha de ser un reconocimiento de derechos y no un favor de la administración.

Tenemos una ciudad con una necesidad acuciante de viviendas, donde hay poca confianza en los procesos de acceso a la vivienda pública. Una ciudad donde sigue careciéndose de un nuevo plan de ordenación urbana que proyecte una política de vivienda que empiece a dar solución a este, junto al empleo, principal problema de nuestra ciudad.

Tenemos una ciudad necesitada de la implicación de las dos administraciones para crear un proyecto educativo propio que actúe conforme a nuestras realidades sociales, adaptando el sistema educativo a nuestros alumnos y no al revés como ocurre en la actualidad y que nos lleva a los datos de abandono escolar y fracaso actuales.

Y como consecuencia de todo ello, tenemos una ciudad subjetivamente menos segura a lo que contribuye el incumplimiento de este gobierno sobre la puesta en marcha de la policía de proximidad o de distrito como se quedó en denominar, pero también objetivamente, donde la violencia se ha incrementado y donde tenemos que lamentar hechos luctuosos que nos han sumido en una profunda preocupación y tristeza.

Tenemos una ciudad con problemas, pero también con grandes potencialidades. Sin embargo, el abandono del Gobierno central en materia de nuestra conectividad con la península, al no recuperar el contrato de interés público en el transporte marítimo o al no devolver el servicio de transporte aéreo con Algeciras y Málaga, o el nulo compromiso real y tangible de una conexión eléctrica con la península, está cercenando nuestras posibilidades de desarrollo, ante la posición poco determinante del gobierno local.

Esta es la ciudad que tenemos señores y señoras diputadas, más allá de los engalanamientos, las peatonalizaciones, el parque del mediterráneo y el Monte Hacho. Esta son las cosas que pasan en Ceuta y que afectan de verdad al día a día de sus ciudadanos. Esta es la Ceuta que hay pero no la que podemos llegar a tener.

Es posible tener una ciudad en la que la ciudadanía participe activamente en la toma de decisiones sobre los asuntos que les afecte, solo tenemos que querer elaborar un nuevo modelo más avanzados de participación e implicación ciudadana, poniendo en marcha los presupuestos participativos y el “escaño 26” para iniciativas ciudadanas.

Podemos tener una ciudad con una identidad empresarial y de desarrollo definida, orientando todas nuestras acciones hacia nuestro papel de “marca Europa en África” y de prestación de servicios tanto profesionales como de ocio, restauración y hostelería, al país vecino de Marruecos; con acciones como reformar el IPSI para que sea una herramienta puesta al servicio de la estrategia y de apoyo a los sectores que nos pueden dar la oportunidad y no como una herramienta de simple recaudación que es la visión actual; acciones como convertir el hotel Tryp en una escuela de cocina, hostelería y restauración para situar a Ceuta como referente en la calidad de los servicios y también en la oferta formativa de estas áreas; acciones concretas que nos lleven a potenciar el comercio de proximidad promoviendo un potente programa de inversión y colaboración público privada en esta materia. Podemos tener una ciudad revitalizada y con opciones laborales claras si hacemos las cosas bien y en la misma dirección, si nos especializamos y buscamos la excelencia en los servicios que prestemos.

Podemos ser una ciudad deseada si ponemos todos nuestros reclamos turísticos a disposición de los visitantes, con horarios de atención al público coherentes, con personal formado y suficiente para programar las visitas y recorridos turísticos por la ciudad, si aprovechamos los otros nueve meses del año una infraestructura impresionante como es el Parque Marítimo del Mediterráneo, si explotamos con inteligencia nuestra riqueza y diversidad cultural con una mayor visualización de sus expresiones y ofertas culinaria, literarias, musicales, etc. si ponemos en marcha la construcción de un centro de interpretación arqueológico y de la evolución humana, en torno a los yacimientos de Benzú, que sea de referencia a nivel internacional, y si apostamos por la revalorización de Benzú para explotar los atractivos tanto paisajísticos como culturales de la zona. Podemos ser una ciudad de visita imprescindible en la entrada hacia África de un turista que busque servicios de calidad, cultura, ocio y mestizaje. Podemos ser una ciudad donde se apoye a las iniciativas culturales privadas.

Podemos ser una ciudad con un gasto público ordenado renunciando a los excesos de ornatos, desarrollando la relación de puestos de trabajo y creando el inventario de bienes públicos.

Debemos ser una ciudad donde, independientemente de donde se viva, tengamos los mismos servicios y acceso a las mismas oportunidades, podemos reequilibrar la igualdad con una planificación de inversión plurianual destinada a invertir de forma decidida donde hay más abandono y solo mantener los estándares donde ya se invirtió.

Podemos tener una ciudad donde el acceso a los recursos públicos estén determinados solo y exclusivamente por la justicia social, donde el acceso a la vivienda sea transparente, donde se renuncie a la venta de las viviendas de Serrano Orive para jóvenes, para que este recurso pueda seguir estando a disposición de la juventud que vaya llegando como un apoyo puntual y transferible, una ciudad donde se ponga en marcha una verdadera política de vivienda y en la que contemos con un nuevo PGOU, y podemos ser una ciudad donde la cobertura de las necesidades básicas a quienes peor lo están pasando, sean un derecho y no una limosna, podemos hacerlo con una reorientación de los modelos de atención social y con una mayor dotación de personal para atender la demanda.

Podemos crear un proyecto educativo propio que nos identifique y nos diferencie en lo positivo, y que actúe adaptándose a nuestras realidades sociales, un sistema educativo de Ceuta que aglutine el concurso de todas las administraciones y que implique a todos los sectores de la sociedad.

Podemos tener una ciudad segura, donde la coordinación entre las fuerzas y cuerpos de seguridad garanticen esa seguridad, una ciudad donde se implante la policía de proximidad y donde se consiga una clara complicidad entre la sociedad civil y los efectivos policiales para luchar contra la violencia y los violentos, si identificamos bien el papel que ha de desempeñar cada uno y se hacen esfuerzos por remar en la misma dirección orientando las políticas municipales y las acciones presupuestarias hacia ese objetivo.

Podemos tener una ciudad con un nivel óptimo de calidad en sus servicios de conectividad con la península si actuamos con contundencia ante la exigencia de la recuperación del contrato de interés público en la línea marítima y el establecimiento de unas tarifas más asequibles tanto para el residente como para quien nos visita, sobre la base de que el Estado por mandato constitucional debe garantizar y promover la libre circulación de todos los ciudadanos por el país. Y debemos volver a ser una ciudad a la que sea posible volar en helicóptero con la recuperación del servicio. Podemos dejar de ser una isla energética con la conexión a través de un cable con la península. Podemos ser una ciudad donde se mejore la movilidad sostenible, donde se eliminen todas las barreras arquitectónicas y donde se proteja al peatón, con una actuación inversora planificada y decidida, una ciudad donde se potencie el uso del transporte público con la necesaria reordenación de las líneas de autobuses desde el consenso con las entidades vecinales y con las barriadas, con la modernización de la venta de billetes en distintos puntos de la ciudad a través de expendedores y con la colocación de marquesinas, tanto en las paradas de autobuses, incluida la central, como marquesinas para los taxistas que esperan los servicios en los puestos.

Podemos ser una ciudad donde se ponga como centro de las políticas el respeto al medio ambiente, que busque poner el acento en la rehabilitación por ser uno de los lugares con el parque de vivienda más antiguo, donde además hay un alto paro porcentual en el sector de la construcción y con acciones encaminadas a lograr la ecoeficiencia energética en los equipamientos y edificios públicos.

Podemos culminar el proceso de sellado del antiguo vertedero y podemos implantar la planta de tratamientos de residuos.

Podemos hacer todo eso, debemos hacerlo, no solo porque es nuestra obligación, sino porque vivimos aquí y nuestro futuro será el futuro que consigamos para nuestra ciudad. Podemos hacerlo pero cambiando el ritmo, cambiando la visión que tiene el gobierno, podemos hacerlo pero con una verdadera voluntad política y sin perder más tiempo. Nos corresponde tener claro el rumbo que debe seguir nuestra ciudad y nos corresponde movernos y avanzar en la dirección de lo que queremos ser.

Con realismo, pero sin resignación”.