Filosofía feminista


Filosofía feminista
  No soy maniquea, no divido el mundo en blanco y negro, buenos y malos, izquierdas y derechas, o mujeres y hombres. Sería absurdo dividir, hacer limitaciones o creer que cualquier postura o manera de entender a la humanidad desde una idea o un sexo sea mejor o peor que otra. Me gustan los hombres, vivo rodeada [...]


 

No soy maniquea, no divido el mundo en blanco y negro, buenos y malos, izquierdas y derechas, o mujeres y hombres. Sería absurdo dividir, hacer limitaciones o creer que cualquier postura o manera de entender a la humanidad desde una idea o un sexo sea mejor o peor que otra.

Me gustan los hombres, vivo rodeada de ellos: hombre es mi padre, mi hijo, mi hermano, mis sobrinos, mis amigos y los hombres que amé y me amaron. El que me arregla el ordenador, el que me vende el pescado y el tabaco, y el que preside mi país.

Hombres que me saludan día a día, con los que comparto cafés, comidas, enfados, alegrías, ideas e ilusiones. Los hombres habitan todos los espacios y son tan visibles que hasta la lengua se hizo masculina para intentar ser genérica.

Mi cerebro no anda dicotomizado, sus divisiones son infinitas y adquieren matices que tiene más que ver con la manera de andar por el mundo, entenderlo y asimilarlo  que con el sexo de los que lo pueblan.

Pero existe una realidad: además de ceutí, europea, cristiana, con raíces andaluzas soy mujer, naci mujer y mi sexo me condiciona y me marca.

Me gusta ser mujer, me gustan los ciclos menstruales que tienen el ritmo de la luna, el embarazo, la lactancia. Los orgasmos femeninos, la pasión en  mi cuerpo de mujer, el respeto a los tiempos de la vida que tenemos las mujeres. Me gusta el sexo con el que nací.

Soy feminista porque creo en la igualdad, en el derecho de nacer iguales sin que un sexo nos condicione, también creo que tenemos derecho a ser iguales sin que una raza, una minusvalía, una idea nos marque y no creo que ningún ser humano sea mejor por haber nacido hombre, sano,  blanco y cristiano.

Pero naci mujer, me perforaron las orejas y me vistieron de rosa, me regalaron cocinas y fregonas de juguete y muñecas a las que vestir y acunar. Me pusieron faldas que limitaban  mis movimientos, me enseñaron a mostrar mis debilidades y a agradar a los demás.

Me negaron el sexo, cuando en las clases de religión en los Institutos se cuestionaba la masturbación, siempre masculina, como pecado, la femenina no existía. Nosotras éramos un mero trámite para la gestación. Éramos las provocadoras que no tenían derecho al placer. Si nos dejábamos acariciar nos tachaban de fáciles..

Estudiábamos a pensadores hombres, políticos hombres, matemáticos, físicos, poetas, historiadores hombres … nuestros referentes eran tan masculinos que no sé como pudimos creer que éramos iguales.

Nos educaban para ser buenas esposas y madres, éramos invisibles en un mundo de hombres, que reinaban en los espacios públicos con el derecho adquirido por tener el XY en su genética.

Aún no sé como pudimos romper aquellas cadenas.

Así que en pleno siglo XXI, mientras se cuestionan las leyes del aborto, y las mujeres siguen siendo asesinadas a manos de sus compañeros,  nos cuesta decir médica, jueza y técnica. Así que  yo seguiré desde este espacio, y desde el que me otorga la vida empoderando a las mujeres, devolviéndoles su orgullo y haciéndolas visibles.

No es dicotomía, es justicia.

 

 

 

 


Posted originally: 2009-12-12 00:26:44

Leer original