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Castillejos, tan cerca, tan lejos. Historias de 9 horas en la cola del Tarajal

Pablo Matés | 23 de diciembre de 2018

Tras toda la tarde con la frontera colapsada y la explanada de embolsamiento llena, cuando a las 22 horas han cerrado el parking, a los viajeros los han desviado por Loma Colmenar hacia la Almadraba.
Tras toda la tarde con la frontera colapsada y la explanada de embolsamiento llena, cuando a las 22 horas han cerrado el parking, a los viajeros los han desviado por Loma Colmenar hacia la Almadraba.

A la una y cuarto de la madrugada la cola hacia la frontera del Tarajal que separa Ceuta de Castillejos, España de Marruecos, la Unión Europea de África, está en la curva de Juan XXIII. Casi dos kilómetros para comenzar a atravesar el paso fronterizo. Los que se incorporan a la fila no saben que otros esperan en los viales que van desde la Almadraba hasta el Hospital ni que esos otros llevan entre 6 y 7 horas y media esperando para alcanzar la primera garita de la Guardia Civil.

Entre esos otros hay de todo un poco, pero lo que más abunda es una humanidad cansada, cansadísima, llena de incomprensión, frustración, indignación, hartazgo, hambre, sed y ganas de orinar. Desesperación en grado sumo. Cada coche es una historia a estas horas de la madrugada y el tanque de la paciencia, en reserva desde hace horas, sólo aguanta gracias a la derrota física y a las charlas.

Desde Madrid o desde Barcelona, ninguno imaginaba esta mañana al salir temprano, de madrugada, como ahora, que el verdadero viaje –si se entiende viaje por desafío a uno mismo– comenzaría en Ceuta y que la lección a aprender sería la paciencia

En frente del Polideportivo Díaz Flor, un viajero baja de su coche, cruza la carretera y se asoma al paseo marítimo. Allí con toda la tranquilidad del mundo se enciende un cigarrillo. Otro más. Y mira a las luces que al otro lado de la lámina oscura de agua que es el Mediterráneo a pesar de la luna llena son su destino desesperado: Marruecos. Tan cerca, tan lejos. Desde Madrid o desde Barcelona, ninguno imaginaba esta mañana al salir temprano, de madrugada, como ahora, que el verdadero viaje –si se entiende viaje por desafío a uno mismo– comenzaría en Ceuta y que la lección a aprender sería la paciencia.

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La insoportable realidad a estas horas de la madrugada humedecida por el levante es que se tarda menos de Madrid a Algeciras que de Ceuta a Castillejos, que se puede tardar lo mismo de Barcelona a Algeciras que de Ceuta a Castillejos

La cruda realidad. La insoportable realidad a estas horas de la madrugada humedecida por el levante es que se tarda menos de Madrid a Algeciras que de Ceuta a Castillejos, que se puede tardar lo mismo de Barcelona a Algeciras que de Ceuta a Castillejos. Que las 9 horas encerrado en un coche parado a escasos metros del país de destino no se las va a quitar nadie. Y la desesperación y el cansancio va calando en su ánimo y en su alma como el levante en sus huesos.

No hay nadie que ofrezca agua, ni mantas, ni nada que huela a entender la situación como lo que es: un drama humano. Como cuando se colapsa el peaje de la sierra de Madrid por la nevada y se despliega al Ejército para ayudar a los viajeros, por ejemplo. Niños, bebés, menores, mujeres, ancianos… Hay de todo. Y casi nadie venía preparado para esta odisea, para esta espera eterna. Pero nadie, salvo la Policía Nacional y la Guardia Civil que se dedican a sus obligaciones ofrece ni información, ni agua justo ahora que la madrugada comienza a hacer mella en viajeros que llevan un día entero de viaje y que están a apenas 40 kilómetros de su destino (Tetuán) desde hace 7 horas y media.

¿Esto qué es? Somos animales, así nos están tratando. Nadie te dice nada. Y por mucho que intentes entender de quién es la culpa no lo sabes. Es mejor callar. Yo mi queja ¿sabes cuál va a ser? No volver más

Es el caso de uno que salió de Madrid con la familia para pisar su tierra natal y que lo tiene claro: “¿Esto qué es? Somos animales, así nos están tratando. Nadie te dice nada. Y por mucho que intentes entender de quién es la culpa no lo sabes”. Quéjate a cámara y te desahogas. “Es mejor callar. Yo mi queja ¿sabes cuál va a ser? No volver más”. Volverás. Es tu tierra. Luego se te pasa. “No. Adiós. Yo mi vida, por fortuna la tengo hecha en Madrid. Gracias España que me lo has dado todo. Yo no vuelvo más. No quiero sentirme más como un animal”.

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Otros vienen desde Barcelona para visitar un enfermo, también en Tetuán. “No sabemos ni si está vivo o muerto y llevamos aquí metidos 7 horas. Primero en la explanada, luego nos han sacado y creíamos que íbamos a la frontera, pero ya llevamos aquí parados 2 horas”

Y su caso, tal vez no sea el peor. Otros vienen desde Barcelona para visitar un enfermo, también en Tetuán. “No sabemos ni si está vivo o muerto y llevamos aquí metidos 7 horas. Primero en la explanada, luego nos han sacado y creíamos que íbamos a la frontera, pero ya llevamos aquí parados 2 horas”, relata otro viajero a la altura de las 317 viviendas de Loma Colmenar. Porque a la gran mayoría de los que a las 22 horas de la noche del sábado quedaban en la explanada no los han sacado hacia la nacional directos a la frontera. Todo eso seguía colapsado y les han redirigido a través de la Almadraba. Viaje turístico por la Ceuta multicultural (Cementerio de Sidi Embarek), cosmopolita (Mercadona) y marinera (al final de nuevo el mar con capilla de la Almadraba incluida, de nuevo la multiculturalidad). Desde Barcelona, más de mil kilómetros a Algeciras, llegaron a Ceuta a las 18 horas del sábado. A las 00.50 horas, ya del domingo, aún estaban bajando por las 317 en dirección a la Almadraba. Bajando es un decir, porque su sensación era la de llevar 2 horas parados.

Hay quien yendo a Tánger desde la península optó por no tomar el barco desde Algeciras directo a la ciudad marroquí y lleva ahora 7 horas atrapado en la cola. “Quería parar aquí para hacer unas compras”

Nadie quiere cogerse un hotel o una pensión porque nadie cree que el domingo la cola vaya a ser menor y cuando uno lleva ya 6 horas “ya aguantas lo que te echen”.

Y hay quien yendo a Tánger desde la península optó por no tomar el barco desde Algeciras directo a la ciudad marroquí y lleva ahora 7 horas atrapado en la cola. “Quería parar aquí para hacer unas compras”, reveladora declaración que pondrá los pelos de punta a quienes aspiran a vivir de vender a los turistas marroquíes. La explicación la remata con una mueca que expresa a las claras que se arrepiente, que sabe que se equivocó, que fue un error.

Yo he salido a las seis de la tarde de trabajar. Trabajo en la construcción

“Yo he salido a las seis de la tarde de trabajar. Trabajo en la construcción”, relata otro reo del Tarajal. Seis horas de cola después tiene claro que ha perdido toda esperanza en el domingo, en la jornada lejos del polvo de ladrillo. El día que debía de ser para descansar y disfrutar será tan sólo “para dormir. ¿A qué hora voy a llegar?”.

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Si el colapso del Tarajal es lo contrario al atractivo turístico, como lema antiturístico bastaría con darle la vuelta a aquel otro de entonces: tan cerca, tan lejos. Más que Barcelona de Algeciras.

Y así un suma y sigue, coche a coche, tirón a tirón. De 5 en 5 metros cada 10 minutos. Nadie es capaz de consumir el tiempo de una manera llevadera. Es el tiempo el que en Ceuta lleva horas ya consumiéndoles a ellos. Hubo una vez, no hace mucho, que uno de los lemas turísticos de la ciudad para venderse como destino a los peninsulares era “tan lejos, tan cerca”. El caos es lo contrario del orden. Y si el colapso del Tarajal es lo contrario al atractivo turístico, como lema antiturístico bastaría con darle la vuelta a aquel otro de entonces: tan cerca, tan lejos. Más que Barcelona de Algeciras.

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