Opiniones de
La Zarpa
   

Silencio y propaganda

Contaba el periodista Pascual Serrano en su imprescindible “Traficantes de información” que, durante la etapa en la que trabajó para un periódico del Grupo Vocento, siempre disfrutó de total libertad a la hora de dar cera al PP, al PSOE o a cualquier grupo político. Sin embargo, un día se le ocurrió criticar a El Corte Inglés, uno de los principales anunciantes de la empresa. De manera fulminante, el medio decidió prescindir de sus servicios.

Después de la abstención

Hace poco más de un mes, charlando acerca de la elección que haría el PSOE de cara a la conformación de un gobierno, un amigo mío, siempre a la última de lo comentado en los foros políticos de las redes, me comentaba una opción que había leído días atrás: dimisión de Pedro Sánchez y su Ejecutiva, abstención y gobierno de Rajoy, primarias en el PSOE y presentación de Pedro Sánchez como héroe que mantuvo el “No es No” de las bases.

España y sus símbolos

- Mucho se ha hablado estos días acerca del patriotismo. A la polémica que siempre acompaña al 12 de octubre se han unido, esta vez, las mangas recortadas de un futbolista catalán y los deseos de muerte a un niño que sueña con ser torero por parte de una mal nacida.

Diferentes vías a la Restauración

Tras lo acontecido en Ferraz en los últimos días, Pedro Sánchez parece adquirir un cierto aire de héroe solitario. Frente a quienes se disponen a terminar con los últimos coletazos de socialdemocracia existente en el PSOE, un apuesto Secretario General, guardián de las esencias, resiste atrincherado en su defensa de los principios de la izquierda. Nada más lejos de la realidad, en mi opinión.

La derecha local en el debate sobre Sánchez Prado

- Tras el homenaje a Sánchez Prado del pasado día 5 de septiembre, decidí escribir un artículo acerca de la importancia de la despolitización a la hora de crear imaginario.

El símbolo Sánchez-Prado

- La despolitización es uno de los elementos que caracterizan lo hegemónico. El capitalismo, por poner un ejemplo, es absolutamente hegemónico desde la desintegración de la URSS y los sistemas del Este.

Mismas opciones

Al parecer, fue Albert Einstein quien dijo aquello de: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. El pasado viernes en el Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez dejó caer que, tras el eminente fracaso en el intento de Mariano Rajoy por ser investido, asumiría su responsabilidad de buscar un gobierno alternativo con las “fuerzas del cambio”. Tras la votación, diferentes medios de comunicación publicaron que fuentes del Partido Socialista hablaban de volver a entablar conversaciones con Podemos y Ciudadanos.

El pelota de la clase

El pelota de la clase es aquel que, lejos de interiorizar y fomentar lazos de solidaridad entre iguales, y con tal de mantener sus privilegios, no tiene problema alguno en traicionar a los suyos. Los compañeros no son compañeros, sino adversarios, competidores en la pugna por ganar el favor del que manda, del maestro. El pelota siempre está disponible para apuntar a los charlatanes en la pizarra, para oponerse a cualquier reivindicación colectiva, para delatar a quien copie en un examen. Su único objetivo es su propio bienestar y para ello lo principal es procurarse la simpatía del poder.

Cine de infancia

- Hablar de mi amor por el cine implica hablar de mi padre, culpable directo de que mis hermanos y yo nos criáramos, para asombro de los amigos que venían a casa, rodeados de montañas con cientos y cientos de cintas de vídeo.

Prostitución

Uno de los pasajes más interesantes de “La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política”, el genial libro de Ignacio Sánchez-Cuenca al que ya he hecho referencia en algún que otro artículo, es aquel en el que se dedica a diseccionar la manera poco admirable en la que famosos hombres de letras de nuestra esfera pública “analizaron” el problema del terrorismo etarra y el posterior proceso de paz llevado a cabo bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero.

Lo que Aznar es

Mi padre siempre me pide que sea cuidadoso con ciertos adjetivos que, de vez en cuando, no puedo evitar usar en mis artículos. Considero que ser cuidadoso está bien, pero también creo que, en muchas ocasiones, por querer ser cuidadosos o excesivamente prudentes a la hora de referirnos a temas políticos de profundo calado, acabamos cayendo en la frivolidad y la intrascendencia.

La ceguera del PSOE

Desde su acuerdo con Ciudadanos en la pasada y breve legislatura, el PSOE se ha empeñado en hacer ver a la ciudadanía que el único motivo por el cual hoy España no tiene un “gobierno de cambio” se llama Pablo Iglesias. Ese ha sido su discurso durante meses. En cada tertulia, en cada canutazo, en cada mitin, en cada intervención pública. Hasta once veces repitió su mantra Pedro Sánchez en el debate a cuatro

Desempate

En las últimas semanas, ciertos sectores se han empeñado en trasladar a la opinión pública la siguiente conclusión: por culpa de unos políticos que no han sabido hacer su trabajo, los ciudadanos nos vemos obligados a tener que votar de nuevo. Debo decir que esta forma de entender lo ocurrido me parece del todo desacertada, básicamente porque se apoya en un razonamiento que no comparto, ese que defiende que los políticos son algo al margen de la ciudadanía, un ente que exime de responsabilidad al resto de los mortales. Pues no.

¿Dividir a los ceutíes?

Juan Vivas ha dicho que mis declaraciones acerca del racismo en la ciudad van dirigidas a dividir a los ceutíes. No ha sido el único. Diferentes “hooligans” del PP no tardaron en inundar las redes de insultos y lucubraciones acerca de la intencionalidad de unas palabras que durante dos semanas no han dejado de suscitar una sorprendente polémica.

Ceuta y la inmigración

- Hace unas semanas, el entonces senador por Ceuta, Guillermo Martínez, dijo en un debate en el Senado sobre los Derechos Humanos que “las devoluciones en caliente son buenas para Ceuta”. Una afirmación grave que, en cambio, apenas tuvo repercusión en nuestra ciudad.

Más desfachatez

En mis últimos artículos he querido hacer hincapié en la desfachatez que se advierte en nuestro debate público, ya sea nacional o local. Es costumbre asistir al lanzamiento de afirmaciones nunca argumentadas ni razonadas, pero a las que se les otorga cierto grado de veracidad debido al rigor que se le presupone a aquel que las lanza. Los últimos días nos han dejado varios ejemplos de pura desfachatez.

Discursos de campaña

- Aunque no de manera oficial, hace tiempo que, en el discurso de los partidos políticos, se nota que estamos en campaña electoral.

Totalitarismos, periodistas, humor y desfachatez

- En su libro “La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política”, el politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca realiza una aguda y justificada crítica a la impunidad con la que reputados intelectuales del panorama nacional vierten opiniones políticas en los medios de gran tirada.

El argumento del monárquico

Con motivo del 14 de abril volvió el eterno debate: Monarquía o República. Yo mismo fui invitado a intercambiar impresiones junto a un miembro del Partido Popular en Onda Cero. Una charla cordial en la que, sin embargo, eché de menos argumentos acerca del tema que tratábamos. En lugar de eso, lo que me encontré por parte de mi interlocutor fue lo de siempre: el “análisis” o argumentario de los vencedores de la Guerra Civil acerca de la II República y, consecuentemente, una vergonzosa justificación del Golpe de Estado de 1936.

Gestionando culpas

Cuando uno lee las arrogantes soflamas de algunos incondicionales del PSOE que parecen no entender aún que el espacio político que ocupaban sin competencia ya no les pertenece, cuando ve tales muestras de ceguera política en quienes no han dejado de caer en los últimos años, no puede más que sentir una extraña mezcla entre estupefacción y ternura. Es cómico atender a conversaciones entre socialistas seguros de sí mismos refiriéndose a Podemos tras la despreciativa expresión: “No se enteran de”. Realidad paralela. Prepotencia sin límite. Lecciones de agudeza política desde el PSOE de Pedro Sánchez. Manda narices.