¿Dividir a los ceutíes?

La Zarpa - Julio Basurco


Juan Vivas ha dicho que mis declaraciones acerca del racismo en la ciudad van dirigidas a dividir a los ceutíes. No ha sido el único. Diferentes “hooligans” del PP no tardaron en inundar las redes de insultos y lucubraciones acerca de la intencionalidad de unas palabras que durante dos semanas no han dejado de suscitar una sorprendente polémica.
Si la política es debate de ideas, el Partido Popular representa la antipolítica. No desea discutir los problemas; simplemente dice que no existen. Y si alguien le lleva la contraria, le acusa de perturbar la paz. Su paz. Su situación de privilegio.

Las cunetas de nuestro país siguen albergando fosas repletas de cadáveres a la espera de recibir digna sepultura. Ante esta situación, ante esta herida sin cerrar, el PP no ha dejado de acusar, paradójicamente, de “reabrir heridas” a los familiares de las víctimas, llegando, por supuesto, a la falta de respeto más inmoral: “Algunos se han acordado de su padre enterrado sólo cuando había subvenciones” dijo el sinvergüenza de Rafael Hernando.

En Ceuta, quienes en su día exigimos que se investigara lo sucedido en la playa de El Tarajal, quienes pedíamos que las muertes de quince seres humanos no cayeran en el olvido, también fuimos vilipendiados por el PP. “Miserables” fue el adjetivo que utilizó el entonces Delegado de Gobierno para referirse a quienes participamos en la Marcha de la Dignidad de febrero de 2015.

Siempre es el mismo modus operandi, pero por suerte cada vez cala menos. La hegemonía política se basa en la capacidad para hacer pasar tu interés particular por el interés general. Durante muchos años, el PP ha disfrutado en Ceuta de una pronunciada hegemonía. Su “Ceuta de la convivencia y el bienestar” se instaló incluso en el imaginario de las propias víctimas de sus políticas. En Ceuta existe racismo. Pero nadie se considera racista porque ni siquiera consideramos racista el comportamiento racista. Cuando algo es estructural, nadie se siente culpable.

En nuestra ciudad, cualquier musulmán podría dar diez ejemplos diarios, diez expresiones diarias de su condición de su subalternidad. ¿Cuántos llaman “la mora” a la trabajadora que limpia en su casa? ¿Cuántos padres se basan en el número de musulmanes que hay en un colegio a la hora de matricular a su hijo? ¿Cuántos utilizan el concepto “candao” para hablar de un musulmán? ¿Cuántos se quejan de que haya tantos apellidos árabes en las listas del Plan de Empleo? ¿Quién no ha oído expresiones como “Que se maten entre ellos” ante un tiroteo en el Príncipe? Esto existe. Puede asumirse, señalarse e intentar solucionarlo o, como hace el PP, puede negarse y apedrear a quien lo diga. Allá cada uno con su conciencia. Y con su cobardía.