El nacionalismo de los otros

La Zarpa - Julio Basurco


En las elecciones catalanas, tres son los bloques que se van a enfrentar: de un lado, quienes niegan el derecho de autodeterminación (PP, Ciudadanos y PSC). Por otra parte, quienes, en caso de ganar de manera holgada, pretenden convertir el resultado en un referéndum en favor de la independencia. Artur Mas, escondido en el cuarto puesto de la lista, lidera esta opción. Finalmente, los que se centran en la reivindicación de los derechos sociales: Catalunya Sí que es Pot.

El tema nacionalista lo ha atravesado todo en estas elecciones. Los tres bloques que van a pelear por tener un resultado considerable son definidos por su postura acerca de tal debate. Catalunya Sí que es Pot es la única que pone un poco de cordura, prefiriendo centrar la discusión en las políticas económicas y sociales, pero no logra que sea ese el tema central. La estafa dialéctica de las otras dos opciones, haciendo una distinción artificial entre una Cataluña del SÍ y una Cataluña del NO, está bien asentada y consigue marcar los tiempos.

Es muy común escuchar en las tertulias eso de que los catalanes que no se sienten españoles sufren manipulación por parte de las instituciones y medios al servicio de la empresa independentista. Quienes afirman tal cosa, padecen un severo mal: sólo ven nacionalismo en el nacionalismo de los otros. Basta con echar un ojo al tratamiento que se da en las televisiones españolas sobre el tema. Cuando las aficiones del Athletic Club de Bilbao y del F.C. Barcelona silbaron el himno español, no fueron pocos los que pusieron el grito en el cielo. Eso de mezclar política y deporte estaba mal…como si el deporte, como todo, no estuviera dentro de la política. En cambio, usar el éxito de Pau Gasol como arma arrojadiza contra el separatismo catalán no causa malestar, porque ni siquiera se advierte.

Al día siguiente de la exhibición del de Sant Boi ante la selección francesa, las noticias de Cuatro abrían con una muestra del nacionalismo más casposo y canalla. Piqué y Guardiola, ambos identificados con la independencia, eran unos villanos a los que la gesta del gran Pau, buen y verdadero catalán, arrojaba a la sombra eterna de los mediocres. Piqué y Guardiola son malos porque opinan. Pau Gasol es bueno porque no opina. O más bien, porque su opinión no se considera una opinión. Lo cierto es que, siguiendo a Slavoj Zizek, lo ideológico más ideológico es cuando menos ideológico parece. Si un catalán dice que se siente español, no pasa nada, no está hablando de política (porque hablar de política, además, es malo si eres deportista). Sin embargo, si un catalán dice que no se siente español, está hablando de política. Y no hay que hablar de política. La política es mala y el nacionalismo sólo es nacionalismo si es catalán. Pura ideología.

Por cierto. En el momento en que escribo estas líneas quedan unos minutos para que comience la final del Eurobasket. Espero que ganemos y que Pau se vuelva a salir. Por si acaso.