Imagen de recurso.
Imagen de recurso.  

Sandra López Cantero

Que la Constitución deba de aprenderse desde edades tempranas está muy bien, sobre todo la concepción acerca de la cantidad de derechos que se incluyen en ella y que en un futuro habría que brindar. Si encima podemos hacer valer el principio de la igualdad, todos son efectos positivos y constructivos. El problema viene con el enfoque que se da y en las respuestas que se ofrecen a las multitudes de preguntas que puedan surgir cuando se habla de ella. 

Es curioso que haya sido el Partido Popular quien quitara la Educación para la ciudadanía por considerarla un adoctrinamiento, y luego no tenga complejos a la hora de inventarse una actividad que, a simple vista, puede parecer inocente, cuando en verdad es todo lo contrario. 

Que nuestros representantes electos en el Congreso y en el Senado vayan por los colegios de Ceuta explicando la Constitución puede ser visto como un gesto altruista de quienes han sido elegidos en las urnas para velar por nuestros intereses, independientemente de su ideología. Han sido designados para ello y, por tanto, tienen la tarea de desarrollar cuantas actividades se consideren propias de su legado.

Dicho esto, ¿pertenece a ese legado ir por los centros educativos hablando de la Constitución? Hasta donde yo sé, no. 

Siempre me ha resultado curioso comprobar cómo la historia ha sido contada según unas creencias y vivencias, de la misma manera que siempre he comprobado la brillantez de la pedagogía, esa que hace al profesorado dominante de su ideología pero dueño de la objetividad. 

Sabemos adaptarnos a la situación sin que se nos note nuestros pensamientos. Somos profesionales de la educación, y aún así a veces se hace difícil separar tu opinión personal a tu lección didáctica. 

Por eso, dudo enormemente que nuestros parlamentarios sepan estar ajenos a los distintos comentarios que puedan surgir en los debates y en esas charlas, y considero una auténtica imprudencia el hecho de que vayan por los colegios narrando  la Constitución, esa que hay que modificar pero curiosamente no se hace porque no se ponen de acuerdo. 

Por tanto, ¿cuál es la Constitución que están contando? 

No es el diputado, no son la senadora y el senador, es el Partido Popular sembrando la semilla de una manera demasiado sutil pero directa. Y lo están haciendo hacia un grupo de chavales que absorben como esponjas y que idealizan todo lo que sale de la escuela. 

Ante esto, ¿qué responderán si alguien libremente dice que no le gusta cuando se cuelga una bandera? 

¿Y si preguntan por la lengua? ¿Y si un niño habla del derecho a decidir o una niña quiere saber qué ha pasado en Cataluña? 

¿Y si sale el tema de la República o la sucesión de la mujer en La Corona?  

¿O si se toca la reforma de la Ley electoral? 

Nos estamos equivocando cuando nos alejamos de la pluralidad, la diversidad y la actitud crítica ante la vida y los acontecimientos. 

Dejemos que la educación sea la fuente de la tolerancia y el respeto a las distintas ideas y que el alumnado se vaya formando alejado del sectarismo. Dejemos que aprendan a pensar por sí mismos y a que tengan su propia visión de la Constitución. 

Se me ocurren muchas formas de entrar en ella sin que se le abra la puerta a través de un partido político. 

Únicamente falta ahora el himno de Marta Sánchez.