Imagen cedida por el autor.
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Alfonso Pérez, profesor de Organización y Proyectos de Sistemas Energéticos

Estaba Sancho preparando el refuerzo de la mañana en un quiebro del camino oculto a caminantes y despistados, desde el que con asomarse veía el campo abierto. A lontananza divisó pues la carreta de bueyes que con rejas de madera en laterales y techo con suelo de paja, transportaba reo indescriptible, el ciclo formativo de frío y calor, que llevaban al nevero artificial para su congelación. Le seguía una muchedumbre; En monturas altaneras que no en burros o mulos los virreyes, con entorchados y penachos, en otra carreta de mullidos asientos los cortesanos, cariacontecidos y apenados aquellos que parecían dómines y aprendices.

Llamó Sancho a su Señor y explicó lo que veía; la pena de unos, el jolgorio de otros, y la altanería con estiramiento de los virreyes.

Salía una nube del grupo a lo que Sancho preguntó -¿Qué esparcen mi señor? –pues que no ves cegato? - Cizaña. –Bien se yo lo que es cizaña dijo Sancho; -en mi pueblo se despliega mejor en los campos mal cultivados. –Así es Sancho, pero recuerda bien; el que siembra y esparce cizaña a el mismo le daña.

Grupos de cabreros y curiosos observaban con contento y atención la columna, opinión había para departir, los más opinaban que era una lástima alguno decía ¿Si es de agradecer la producción del frío y del calor que hacen los virreyes contentos por la detención?

Mira Sancho en el devenir de esta aventura gobernarás una ínsula de nombre Barataria y entre otros de los consejos del buen gobierno que te diere estará el siguiente:” Nunca te guíes por la ley del encaje que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.”, Y esto amigo sancho a los virreyes no tuvieron quien se los dijere.

- Son virreyes dice Sancho y buscan lo mejor. –No te despistes Sancho amigo, Hay virreyes que no son auténticos son todo fachada, nada más que una ilusión, valen más por los amigos que les sustentan que los méritos que les adornan.

Un curioso que formaba parte del grupo de cabreros que camino iban al entierro de Grisóstomo no pudo por menos al ver el grupo que comentar. - que hace el viejo aquel en el grupo de dómines?, ¿Qué puede enseñar?.

-¿Ha oído mi señor? dijo Sancho mirando las barbas de D. quijote.- No hagas oídos de lerdos y zafios patanes; que no se enseña con las canas si no con el entendimiento y este aumenta con la edad.

No parando su observación pudo Sancho distinguir como los cortesanos se felicitaban y mostraban alegría, ante esta visión Sancho dijo – Mire mi señor como aquellos están de jolgorio.

-Es por costumbre que gente principal, dijo D. Quijote, -que virreyes y gente principal dispongan tener palmeros que les regale el oído, así cómo lloronas o plañideras en caso de velatorios.

- Soy simple mi señor y soportaré sus retruécanos pero bien se yo que palmero así se llama a los que van a la tierra del Señor JERUSALEN, romero a los que visitan ROMA y Peregrinos los que van a SANTIAGO DE COMPOSTELA. Y bien se ve que su dirección no es Jerusalen.

A lo que D. Quijote respondió –Cada vez me pareces más simple has de saber que el gracejo e ingenio de esta tierra llama palmero al que bate las palmas de las manos para agradar.

Acabose la plática de D. Quijote y Sancho lo que permitió al loco caballero seguir con sus pensamientos; Cómo enderezar el tuerto, maquinando estrategias y argumentos como enfrentarse a las artes de los magos y sabios que luchaban contra el conocimiento, sobre todo contra el sabio Frestón que había encantado a los Virreyes y así estuvo absorto hasta que Sancho le recordó la necesidad del almuerzo.