Isabel Mayorga.
Isabel Mayorga.  

Isabel Mayorga (MDyC)

La muerte de dos mujeres marroquíes, aplastadas por una multitud mientras esperaban un papel con un número que les permitía realizar el porteo del día de mercancías desde España a Marruecos, es un hecho impactante que los ceutíes hemos contemplado, una vez más, desde el otro lado del cristal.

Quienes no vivimos diariamente el escenario dantesco que se produce en la frontera, tenemos una perspectiva un tanto alejada de la realidad, es una distancia de seguridad que protege nuestras conciencias y que las tambalean cada vez que ocurre la tragedia.

Las mujeres marroquíes dedicadas al porteo están siendo usadas como herramienta de usar y tirar. Sin paños calientes y a vista de todos, es un trato característico de eso que llamamos el tercer mundo; todo eso que nos resulta siempre ajeno por aquello de lo lejano. Sin embargo, estas mujeres usadas para el porteo las podemos ver muy de cerca, las podemos tocar, ¿las podemos ayudar?.

Están siendo explotadas con el beneplácito del gobierno de España y del Ceuta y sus máximos representantes son cómplices de esta situación.

Es contrabando como bien explican los Cuerpos de Seguridad y por ese simple y gran motivo, debe erradicarse. No hay excusas, no puede haber prórrogas, no hay “ganancias” que puedan justificar esta aberración.

Son miles las mujeres que están en una situación de extrema vulnerabilidad y que seguirán igual cuando esta pesadilla acabe para nosotros, los observadores, mujeres que necesitan la calderilla que les pagan por cada pase para sostener a sus familias, es la pobreza real que se vive al otro lado de nuestra frontera, una pobreza que, atendiendo al desarrollo urbanístico de las ciudades marroquíes cercanas a Ceuta, debería llevar camino también, de erradicarse. Y es que un desarrollo económico no es admisible sin un desarrollo social como parece estar ocurriendo en nuestro país vecino, Marruecos.

Esperemos lo mejor para estas mujeres, porque el temor al hundimiento económico al que se apela para continuar con el “comercio atípico” ya no tiene peso suficiente para seguir usándolas y tirándolas. ¡Ya basta!.