Javier Ángel Díez Nieto

No dudo en modo alguno, que habrá muchos que tengan otros pensamientos sobre nuestros mayores, pero yo siempre he estado de acuerdo con esa reflexión popular que escuche un día: ¡Cuando un anciano fallece se cierra un extraordinario libro que ya no podremos conocer!. Y creo que esto es así y no de otra manera. Por ello cuando escucho noticias sobre la incidencia que esta terrible pandemia está asolando sobre todo a nuestros mayores me preocupa y entristece. ¡Porque sois necesarios para que sigáis leyéndonos los libros de vuestras vidas!

Y son libros extraordinarios, porque con su lectura conocemos muchas cosas, necesarias para nuestras propias vidas. Con ellos, aprendemos cosas vividas que nosotros desconocemos, evitando que caigan en el olvido. Y son cosas importantes, que nos enseñan y forjan para seguir con nuestra propia historia. No olvidemos que la historia forja a sus hombres y ellos son todos hombres forjados en una historia que nos enseña a afrontar la nuestra. Nuestros mayores, vivieron una época que le daba mayor motivos de queja que la que podamos tener nosotros, lo que deja traslucir su gran hidalguía en su lucha por la vida y sus familias.

Digo libremente mi parecer. Y así creo y sé, que ellos nos enseñan como el correr tras algo estúpido, como muchas veces hacemos con nuestras ambiciones personales para llegar a nada, es algo absurdo. Y con ello, nos cuentan historias antiguas que ellos vivieron y que nos ayudan a aprender la lógica de nuestras vidas en esta sociedad cada día más consumista y enferma. Ellos, ya la superaron y ahora no pierden el tiempo, ya que viven y conocen cuales son los verdaderos valores que dan sentido a la vida.

Porque en sus libros no se aprecia nada de afectación y rebuscamiento de la realidad vivida, sino que nos las cuentan con palabras suaves y con contenidos reales de lo que tuvieron que superar para que nosotros viviésemos mejor. Ellos, tuvieron que agilizarse, esforzarse y ayudarse con su propio ingenio, dado que no existía la abundancia material que ahora nosotros poseemos. Ellos, también nos enseñan a defendernos de las supersticiones organizadas que sufrieron, como las que ahora sufrimos y de cómo las superaron, enseñándonos a afrontarlas ahora a nosotros.

Por ello, me repugna cuando escucho a los que opinan que dada su edad es lógico que desaparezcan. Y muchos menos, que una decisión administrativa determine acabar con ninguna vida. Solo la realidad y la propia naturaleza debe decidirlo, nunca nadie por muy práctico que se sienta. Y a los que no piensan igual que recuerden que solo será cuestión de tiempo y no mucho, para que otros piensen que ellos serán también prescindibles. ¡Sólo los necios no se enteran de su propia necedad!.

Por todo lo anterior, ¡AGUANTAD, QUE NECESITAMOS QUE VUESTROS LIBROS SIGAN ABIERTOS PARA TODOS NOSOTROS!. Y por encima de todo, seguid recibiendo los abrazos, muestras de cariño y respeto que todos debemos daros y que tan merecidamente debéis recibir. Y no hagáis caso de esas noticias frías que escuchamos de vez en cuando, porque somos muchos más los que defenderemos vuestra salud y seguridad.

De todas maneras. ¡Gracias (…) por seguir con nosotros leyéndonos vuestros libros! Y todos los demás…¡Cuidemos a nuestros mayores!.