Antonio Gil

Hoy, con la contundencia y la fuerza de un rayo, irrumpe a través de nuestra redes sociales una fórmula de hace 2.074 años del Emperador Romano Marco Tulio Cicerón. Ni más ni menos, de un plumazo, sentenciaba para la posteridad las claves de las políticas económicas que se tienen que desarrollar por parte de los gobiernos de cualquier país del mundo.

Decía Cicerón: “el presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota”.

He ahí que pensemos que los romanos no solo sabían hacer calzadas, anfiteatros, acueductos, Leyes, etc.; ellos conocían, mejor que se conoce hoy, las condiciones que debe tener un presupuesto. A través del mismo, además, se sabrán las verdaderas intenciones del gobierno en curso.

Esta antigua y a la vez moderna receta la tienen que tener muy en cuenta los países a la hora de elaborar sus presupuestos y gestionar adecuadamente su propio gasto definiendo, claramente, sus objetivos. De no cumplirse, los ´lobbies´ financieros impondrán sus condiciones de forma perversa; no hay más que ver cómo estos también llamados mercados, presionaron al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, obligándolo a modificar el artículo 135 de nuestra Constitución, de tal manera que prevalece el pago de la deuda contraída con los bancos, a la atención de las necesidades que tengan los ciudadanos. La ampliación en edad de jubilación hasta los 67 años, recortes en Sanidad, Educación, Servicios Sociales etc., fueron las medidas a las que se vio obligado a tomar el expresidente por la presión de esos mercados.

Durante esa época no sirvió que España fuese el país más solidario del mundo. Dudoso honor, por cierto, dadas las consecuencias.

Hoy, nuestro país cuenta con una deuda descomunal por encima del PIB. Se podría decir que España vive prácticamente de prestado, con una buena parte de su población en un completo desconocimiento de lo que esa dramática situación supone.

Sin embargo, pese a todo y a lo que dijera el visionario Marco Tulio Cicerón, nuestros Presupuestos Generales del Estado deben mantener el destino que los gastos en solidaridad en la actualidad tienen por no ser incompatibles con el objetivo de equilibrio presupuestario, aunque eso suponga un mayor esfuerzo para todos nosotros. Eso sí, mi deseo para los presupuestos de nuestro país no es compartido del todo para con los de nuestra ciudad, donde nuestro querido alcalde-presidente, Sr. Vivas, aplicando soluciones a problemas coyunturales, genera siempre graves problemas estructurales y, eso sí que nos lleva a la bancarrota.