Mercedes Vega.
Mercedes Vega.  

Mercedes Vega

Tristeza, esta palabra define el sentir generalizado de un número importante de socialistas ceutíes que absortos y desde la barrera, hemos podido contemplar como a veces, solo a veces, la realidad supera la ficción.

Atrás quedan la verdad, la credibilidad y el eficiente y buen hacer de quienes un día, lo crean o no, dieron una parte importante de su tiempo e incluso de sus vidas por inundar de socialismo hasta el último rincón de esta ciudad.

Hace días, un medio digital me acusaba de exponer mis argumentos y opinar sobre el Congreso Regional del PSOE de Ceuta, sin ni tan siquiera asistir al mismo … actitud nada reprochable si tenemos en cuenta que ni tan siquiera he sido invitada a éste. Algunos y algunas de los que nadamos a contracorriente por no acatar la intransigencia de los con sus actos se alejan de llamarse socialistas, estamos vetados en nuestro propio partido. Un partido en el que a día de hoy no prima la eficacia, la preparación o valía de quienes lo componen y esto, unido a la falta de democracia interna hacen de la casa del pueblo un lugar nada democrático para los que como a mí nos enseñaron que ser socialista no consiste en repetir una y otra vez un mantra sino que ser socialista es demostrar con tus hechos y acciones que tus ideales forman parte de tu ser, o como diría Oscar Wilde pasar de adoptar la cultura del poseer a la del ser.

Esta semana nos hemos enterado a través de los medios de comunicación del cese inmediato de dos compañeros que venían desempeñando su trabajo desde hace algunos años en el PSOE ceutí. Así, sin más, sin previo aviso e incluso una de ellas es conocedora de la noticia a través de la prensa. Es por eso, que hoy, sin pelos en la lengua, me atrevo a decir que detrás de esta actitud ruin y despiadada se esconde la deslealtad de quien o quienes han perdido la credibilidad con sus propias acciones, de quien o quienes a priori, lejos de luchar por la defensa de los derechos de los trabajadores, los vulnera, acometiendo actos impropios de quien o quienes defienden ideales socialistas.

Hoy me separan años luz de aquellos compañeros y compañeras de partido que rellenaron su ficha de afiliación cual rellena un boleto de quiniela, alejados de esos ideales que tanta satisfacción y orgullo me aportan. Podrán levantar su puño en alto, mientras de fondo suena la internacional socialista pero cuando el interés individual se convierte en una prioridad, los ideales dejan de tener sentido y esa inexistente ideología se deja caer por su propio peso.

El socialismo ceutí ha engrosado su censo, somos más los que portamos en nuestras carteras esas siglas en forma de carnet, sin embargo se respira menos socialismo que nunca. Se desvanecen los valores del socialismo ceutí, no me cabe duda alguna. Un partido local hecho a medida…a la medida de esposas, hermanos, cuñados, cuñadas, novias, madres y hasta hijos políticos, un partido que ha dejado de representar, a mi juicio, los valores promulgados por nuestro fundador y que por tanto ha dejado de representar los de una inmensa mayoría.

Lo triste de todo esto es que en el fondo de mi corazón deseo estar equivocada y que esta gestión que yo considero tan alejada de mis creencias sea una errónea percepción, pero hasta el momento y sin ahondar en otras cuestiones internas, soy una de esas “socialistas de convicción” que se siente terriblemente avergonzada por el incierto devenir de un partido que navega a la deriva.

Serán muchos los que lejos de entender el sentido de mi crítica opten por aludir a la falta de lealtad que quizás le inspiren estos renglones pero honestamente, me niego a rendir pleitesía a la dirección de un partido local que ha caído en la tentación de orillar valores que forman parte inexcusable del espíritu socialista, ese que nació hace algo más de siglo y medio como un reclamo de igualdad y dignidad con el fin de impulsar la justicia social y defender la libertad, esa libertad de expresión que usted, Señor Hernández, niega a sus compañeros y compañeras “de siglas”.