DIGMUN

Las mujeres porteadoras y fronterizas no son mujeres de segunda categoría. Defender los derechos de las mujeres no es ajeno a defender la vida de aquellas mujeres que día a día luchan por ganar el sustento de su familia. Ellas son las que trabajan dentro y fuera de casa y son las únicas que hacen posible que su familia pueda tener un espacio donde vivir y un alimento que llevarse a la boca.

La muerte de las dos mujeres porteadoras es “La crónica de una muerte anunciada”, ya que el día antes sobre las nueve de la noche,  se aglutinaban más de quinientas mujeres en la frontera marroquí, a pesar del frío que reinaba en el ambiente, protegidas con cartones y con el calor humano de unas con otras. Estaban a la espera de que dieran las cinco de la mañana que es cuando se abre el paso fronterizo y se les permite pasar. Mucho antes de esta hora, ya se habían generado situaciones de conflicto entre ellas, puesto que estaban guardando cola  y ninguna se podía retirar del lugar que había ocupado por miedo a perder su puesto. Muchas horas de frío, miedo, inseguridad y falta de protección genera que los conflictos  se vayan acrecentando y que culminen en una lucha por ser la primera al pasar para que nadie te quite el lugar ganado a base de sufrimiento.  

Son mujeres como cualquier otra, algunas vienen embarazadas, otras son viudas, solteras, divorciadas o esposas, cuyo marido e hijos están desempleados. En todos los casos, son mujeres a las que su situación de extrema necesidad las ha llevado a realizar este trabajo mal considerado en Marruecos y poco valorado en España a riesgo de perder su vida. Estas mujeres que transportan bultos de hasta ochenta kilos de pesos  y que cargan sobre sus espaldas, son  mujeres en situación de exclusión social, sin ningún tipo de recurso económico  y la mayoría de ellas son analfabetas.

 

No tienen otro interés en entrar en Ceuta que no sea el cargar el bulto cuanta más veces mejor y cobrar el dinero estipulado según el precio que esté el bulto ese día. Cuanto más complicado esté el paso hacia las naves del Tarajal, más se cotiza el bulto. Su sustento depende del número de portes que consigan transportar en un día. Si alguna de ellas sufre un accidente en el lado de Ceuta, reciben atención de urgencia, pero después deben volver a cargar el bulto. Si le ocurre en la frontera marroquí aún el tema se complica más, ya que ninguna de ellas tiene asistencia sanitaria. Si un día no cargan la mercancía, bien porque no le dejan pasar, o bien porque es requisada en la frontera marroquí, es un día que no entra dinero en su casa.

El beneficio del transporte de estas mercancías no va sólo a la mujer porteadora, a pesar de que casi el 70% de los porteadores son mujeres. Muchas son las personas, tanto dentro de Marruecos, como en Ceuta que se benefician de este porte diario, bien directa o indirectamente, sin embargo, ninguna de ellas, tanto a nivel empresarial,  personal o  institucional es capaz de darle una solución a este problema, que sigue cobrándose la vida de estas mujeres.

El conflicto de la frontera con el paso de porteadoras, a pesar de que se estipuló el lunes y el miércoles para la entrada de mujeres,  y martes y jueves para hombres, genera como consecuencia una aglomeración con el resto de mujeres fronterizas que vienen a trabajar en el servicio doméstico a Ceuta. Diariamente son muchas las mujeres, tanto las que están aseguradas, como las que no lo están, que o bien no pueden pasar, o llegan tarde a sus puestos de trabajo. Aquellas que cobran por el trabajo del día, al no poder pasar ese día, se quedan sin su sueldo , y aquéllas que cobran por meses, en muchos casos, se les reduce los días que no pudieron entrar. El trabajo que estas mujeres realizan en los hogares de Ceuta, es de una gran importancia para la mujer ceutí, gracias a ellas pueden conciliar su vida laboral y familiar, atendiendo no sólo la casa y las tareas que eso trae consigo, sino  también el cuidado de hijos y ancianos.

Digmun atiende a estas mujeres desde hace diez años en sus talleres de alfabetización y de español, asistiendo a ellos,  una vez finalizada su jornada laboral y antes de cruzar la frontera para volver a su ciudad de origen. Los conflictos fronterizos han ocasionado graves trastornos para estas mujeres que ven como en los últimos meses, no sólo no pueden asistir a su trabajo  sino que tampoco pueden continuar con sus cursos de formación.