Imagen cedida por la autora.
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Verónica Rivera (@Educaycom)

Los datos son claros. Según la OCDE, solo un promedio de una de cada cinco chicas de 15 años quiere dedicarse a profesiones técnicas (7% en España) mientras que el porcentaje de ellas que opta por carreras del ámbito sanitario asciende a un 15-17%. Ya desde la etapa de Enseñanza Secundaria Obligatoria, las chicas prefieren dedicarse a profesiones que tengan que ver con el ámbito social o asistencial. Por otro lado, la probabilidad de que las estudiantes terminen una licenciatura, una maestría y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es del 18%, 8% y 2%, respectivamente, mientras que la probabilidad para los estudiantes masculinos es del 37%, 18% y 6%.

A la baja presencia de mujeres en el ámbito científico se suma la invisibilización de muchos de sus logros. La imagen que se ha querido transmitir a lo largo de la historia de las personas que se dedican a la investigación científica (estigmatizándolas como personas “raras”, introvertidas, sin vida social…) y la realidad que han vivido algunas científicas en el pasado, provoca que muchas adolescentes puedan ver en la ciencia un camino demasiado asocial, arduo y obviamente de difícil conciliación con la vida personal. Por ello, no es de extrañar que las chicas que finalmente se decantan por las ciencias tiendan a elegir una carrera relacionada con una causa humana o social (enfermería, medicina, fisioterapia…).

Teniendo en cuenta estos datos y con el objetivo de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, además de para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió el 22 de diciembre de 2015 proclamar el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

La ONU, reafirmando su resolución 70/1, de 25 de septiembre de 2015, titulada “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, adoptó la decisión de apostar, también desde la valoración del trabajo y la investigación científica de las mujeres, por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Estas metas deben tener la consideración de universales tendentes a la transformación personal, económica, social y medioambiental.

La ciencia y la igualdad de género son vitales para alcanzar los ODS, y en los últimos quince años la comunidad internacional se ha esforzado en la promoción de la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia. Desafortunadamente, a pesar de ello las mujeres seguimos enfrentándonos a barreras que nos impiden participar plenamente en el ámbito científico.

En España existe un movimiento formado por científicas cuyo objetivo es lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas. Hace ya varios meses que las investigadoras y comunicadoras científicas pertenecientes al movimiento #11F realizaron un llamamiento para organizar actividades que den visibilidad al papel de la mujer y la niña en la ciencia.

En la web 11defebrero.org puede verse el listado de talleres, charlas, actuaciones, concursos, exposiciones, mesas redondas, etc. (algunas organizadas por numerosos centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas) que acercan al público los grandes descubrimientos de científicas pioneras e investigadoras de hoy, experiencias contadas en muchos casos en primera persona. 

Por último, y como muestra de la antes citada invisibilidad de las mujeres en el mundo de la ciencia, valga la pregunta que Adela Muñoz, catedrática de química inorgánica de la Universidad de Sevilla, formuló hace poco: “¿sería usted capaz de nombrar a una científica brillante que no sea Marie Curie?”.