Cuando rendirse es el precio a pagar

S.J. - UVE


Sociológicamente hablando debe existir un mecanismo mental que justifica la indiferencia y la indolencia ante todo lo malo e injusto que ocurre a tu lado o no tan cerca.

Supongo que el ser humano, antes que nada es egoísta y mira por su interés personal y el de los suyos.

Imagino que, si desde que nacemos no nos educan en valores de empatía y altruismo (existen otras sociedades en que sí se hace aunque solemos llamarlas salvajes...) difícilmente seremos capaces de pensar más en los demás.

Cuando somos capaces de aceptar, sin rechistar, ojo, siempre dejo fuera a todos los que sí luchan (gracias por hacerlo) que nos mientan en la cara con total impunidad y nos digan que el préstamo a la banca no nos iba a costar un euro a los ciudadanos (40.000.000 al limbo...)

Cuando nos dicen, y no nos afecta, que el 35% de los jóvenes españoles no tiene el bachillerato.

Cuando nos dicen, y no reacciamos, que multiples sociedades españolas tributan en Malta al 5% para no pagar el impuesto de sociedades en España al 35% (ojo, muchos de ellos patriotas fervorosos) y así perdemos miles de millones.

Cuando escuchamos, impertérritos que los recortes en sanidad llevan, por ejemplo a que una mujer pierda sus gemelos antes de nacer porque a la llamada de urgencia acude una ambulancia solo con el conductor o que el 4% de los españoles no puede pagar los documentos que necesita.

Cuando sabemos, y no protestamos que que los salarios españoles están a nivel de 2005 mientras que durante la crisis se ha duplicado el número de millonarios en España.

Cuando unos medios de información totamente parciales y pagados nos informan de lo que les interesa y tengamos Venezuela todos los días en la tele mientras se calla la matanza en Myanmar, la antigua Birmania, de miles de musulmanes, muchos de ellos niños.

Cuando nos dicen que se invade un país porque tiene armas de destrucción masiva y luego resulta que no las hay y nadie se responsabiliza de ello.

Cuando la fundación Francisco Franco, sí, existe aún una fundación de un dictador y no se nos cae la cara de vergüenza, entre otras cosas porque aun miles de personas en España dicen que no lo es, cuando esa fundación es capaz de suspender las visitas al paso de Meirás, que es un bien de interés protegido, y nadie hace nada.

Cuando observamos sin pestañear que el calentamiento global cada día nos hace vivir peor, mi teoría al respecto es que esto ocurre porque el futuro que nos espera no nos exige ningún esfuerzo, mientras que querer cambiarlo nos demandaría sacrificios, y nos hace vivir cada vez más desastres naturales.

Cuando vemos a personas que mueren en el mediterráneo pagando todo lo que tienen a mafias y metiéndose en una embarcación miserable sin saber nadar, y lo que se nos ocurre pensar es que vienen a quitarnos el trabajo..., a la vez que la corrupción en España cuesta miles de millones a todos los ciudadanos y nos importa poco o nada.

Cuando todo eso ocurre me doy cuenta, yo, porque la sociedad no duerme conmigo, soy yo el que duerme conmigo, me doy cuenta de que el cobarde, el que no hace nada, el, el miserable, el ventajista, el egoísta, el que se cree diferente pero no lo es, el que se acomoda, el que no protesta, soy yo, solo yo.

Soy todo eso y la crítica no es social, es individual.

Por ello desde aquí animo a todos los que sí luchan, a los valientes no de palabra, a los solidarios, a los comprometidos, a los altruistas, a los generosos, a los que se indignan, a los que se entregan, a los que creen, los animo a que luchen por mí, que no paren, que solo gracias a ellos pudiera existir un mundo mejor y que perdonen mi hipocresía.

No sé si me rendí solo o el sistema me ganó, pero sí sé que podría hacer mucho más que desahogarme semanalmente. 

Gracias, gracias por luchar.