Los trabajadores del centro afean la actitud del nuevo director que a su juicio deja pasar conductas de los residentes prohibidas por norma: "Va a haber algún problema gordo en breve"
Enfado entre los trabajadores por la situación en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Los empleados transmiten que el nuevo director, el guardia civil Antonio Jesús Bautista, ordena hacer "la vista gorda" con conductas de los residentes que se salen de la norma. Hablan de desautorizaciones en cacheos cuando se pilla con "alcohol o objetos punzantes" a los usuarios, así como de tolerancia con insultos al personal de cocina entre otros motivos de cabreo. "Aunque ahora mismo la cosa está tranquila, va a haber un problema gordo en breve".
Varias fuentes consultadas por este medio reconocen que Bautista "ha rebajado sus malas formas en los últimos días". Sin embargo, los problemas persisten con los vigilantes de seguridad y con el personal de cocina.
"Este hombre no castiga al residente. Estamos de acuerdo en que la cosa está al límite, que hay unas setecientas personas allí, pero el personal lleva 20 años trabajando y este hombre lo quiere desorganizar todo en dos días", apuntan los empleados de una plantilla cuyo absentismo se incrementa: "Ya hay tres personas de baja por esta situación", indican.
Consideran en este sentido que el nuevo director les ha restado autoridad: "Todos los residentes tienen su teléfono personal y cuando en un cacheo se les localizan cosas prohibidas como botellas de alcohol, drogas u objetos punzantes le llaman directamente", apostilla uno de los implicados que prefiere no mojarse directamente en si botellas y útiles que puedan ser usados en peleas llegan a entrar o no al centro.
Tras unos meses de reyertas constantes en las que algunos vigilantes llegaron a acabar heridos, reconocen que "la cosa está más calmada". Sin embargo, a su juicio, es solo la calma que precede a la tempestad. "Va a haber un problema gordo en breve", anticipan.
"Ordeno y mando"
A pesar de afirmar que Bautista ha "echado un poco el freno de mano" con los vigilantes, aseguran que su actitud es de "ordeno y mando": "Cuando le interesa dice que es capitán, cuando no que es el director".
Un problema añadido a la ya denunciada "falta de personal" que se percibe especialmente cuando deben controlar altercados. "Cuando hay movida entre gente de Camerún y Argelia son grupos grandes y cinco o seis vigilantes no pueden hacer nada. Ahí se nota la escasez, pero ahora mismo el problema es la falta de autoridad", concluyen.