Donde los niños vuelven a sentirse seguros: Ceuta inaugura su Barnahus
La Fundación Márgenes y Vínculos abre un centro de atención integral para menores víctimas de violencia sexual en la Plaza de la Maestranza, un lugar agradable donde un solo testimonio evita futuros traumas a los más pequeños
Según estadísticas de la Unión Europea, uno de cada cinco menores ha sufrido o sufrirá algún tipo de violencia sexual en su infancia. De ahí la necesidad de centros que salvaguarden el interés de los niños y les proporcionen un espacio seguro y agradable como el que ha abierto la Fundación Márgenes y Vínculos en la Plaza de la Maestranza, donde el contenido es todavía más bonito si cabe que el continente.
Entre colores suaves, juguetes, alfombras mullidas e imágenes marítimas se levanta este centro de atención integral que responde a los estándares del modelo europeo Barnahus (Casa de los Niños), donde trabaja un equipo multidisciplinar constituido profesionales de los ámbitos psicológico, social y jurídico. En su sala polifuncional -pensada para reuniones teelemáticas o no con la propia familia del menor o si el juez, el fiscal o el abogado de la contraparte quieren desplazarse hasta allí- y aula de terapia hay cámaras que permiten acceder al testimonio de las posibles víctimas de manera no invasiva.
Y es que, explica Ricardo Torres, director gerente de la fundación, que "la verdad de un niño", no se puede sacar a través de un interrogatorio. Mucho menos en un lugar tan imponente como puede ser un hospital o un juzgado, por lo que el acceso a un "relato libre" en un ambiente en el que el menor se encuentre cómodo resulta fundamental para esclarecer posibles casos de abuso. Y en Márgenes y Vínculos saben hacer "magia" para que eso suceda.
"Lo que pretendemos con este recurso, donde se pueden hacer pruebas preconstituidas, es decir, que el menor con una sola declaración que haga, sea suficiente para todo el proceso judicial", resumía el presidente de la Fundación, Francisco Mena. Todo ello previa detección del abuso -y el aislamiento de la víctima para alejarla de su agresor- y con el tratamiento posterior pertinente.
Evitando la revictimización
La puesta en funcionamiento de la sede en la céntrica plaza de Ceuta supone "el culmen de conversaciones, contactos y compromisos" entre la fundación y la Ciudad, que hace tres años firmaban "un convenio de colaboración que no tenía dotación presupuestaria alguna, sino era una cuestión de voluntad, sobre todo porque el gobierno de la Ciudad Autónoma quería estar a la vanguardia en la intervención de menores que sirvan cualquier tipo de violencia, no solamente sexual", recordaba esta mañana orgulloso. En aquel momento, dijeron que no aplicarían simplemente un programa, sino que la fundación venía para quedarse.
Lo ha conseguido con este equipamiento que busca "poner en el centro al menor" tal y como exige la LOPIVI, la Ley Orgánica para la Violencia contra los Menores. Evitando la victimización secundaria y las posibles secuelas, que "está demostrado que en muchos casos, hace mucho más daño obligar a recordar al menor un proceso que no es de su agrado e intenta olvidar que el propio hecho de la agresión".
El director es el primero que recuerda un caso en el que una pequeña tuvo que declarar hasta en catorce ocasiones a lo largo de cuatro años, reviviendo una y otra vez aquella traumática experiencia.
"A la cabeza" del país
"Con este recurso, la Ciudad Autónoma de Ceuta se pone a la cabeza del programa Barnahus en toda España", un nombre acuñado en los países del norte de Europa y que bautiza el modelo elegido por la Unión Europea para aplicar como "el mejor que pueda tener el menor".
Las cifras son preocupantes, todo número por encima de cero lo es. Márgenes y Vínciulos atiende en la actualidad a veinticuatro niños y adolescentes. "Hay más gresiones de las que la sociedad las percibe, fundamentalmente porque se dan en entornos muy cercanos al menor", indica mena, quien incide en que "hay mucha agresión sexual en el ámbito familiar -no solo en ambientes más humildes, sino también en casas con grandes ingresos-, el deportivo o cualquier actividad donde hay un adulto que tiene una posición de poder sobre los menores".
Cómo acceder a este recurso
Lógicamente, abunda el presidente, los menores tienen que ser derivados desde la consejería, desde el área de infancia, o desde los propios juzgados, que son los que deciden si el caso debe o no ser judicializado; pero el centro está abierto a dar información y escuchar a toda la ciudadanía.
"Afortunadamente", cuenta Mena que "la sociedad va despertando, los menores y las familias son más conscientes" de estos peligros y cuando hay algún riesgo o sospecha rápidamente "lo ponen en manos de los profesionales". Y los niños, dice Torres con una sonrisa, "tienen mucha capacidad de superación del proceso traumático", pronto buscan olvidar, por lo que "la media de un tratamiento con alta confirmado son nueve meses".