Planos e imágenes

La Oficina de Turismo se moderniza: Este es el proyecto que permitirá 'flotar' sobre siglos de historia

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photo_camera Plano de la vista lateral del proyecto de modernización de la Oficina de Turismo en el Baluarte de los Mallorquines, incluyendo el suelo de cristal

La renovación de las instalaciones situadas en el Baluarte de los Mallorquines convertirá la planta baja en un escaparate que protegerá los vestigios arqueológicos de época renacentista, hasta ahora a la intemperie. Te mostramos cómo está y cómo quedará una vez finalice la obra.

Desde hace décadas los restos arqueológicos del Baluarte de los Mallorquines que se hallan bajo la que es a día de hoy la Oficina de Turismo de Ceuta han soportado el paso del tiempo y los elementos a la intemperie. El edificio, en el que se podría pensar como una especie de rosquilla, cuenta en su interior con una impresionante cristalera que la atraviesa de arriba a abajo, dejando al descubierto y visible desde todas las plantas la piedra, que sobrevive a cielo abierto. Una idea estéticamente placentera para los visitantes a las instalaciones pero terrible para la preservación del patrimonio. Un fallo que este año, a no mucho tardar, va a corregirse y permitir a los curiosos pasearse, literalmente, sobre siglos de historia.

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Los restos arqueológicos, a la intemperie bajo la estructura del edificio

Y es que el proyecto de renovación y modernización de las instalaciones, valorado en 1,6 millones de euros y del que se encargará Estudios y Ejecuciones S.A., cuenta con un elemento distintivo: un gran suelo de cristal y acero que convertirá la planta baja en un escaparate que protegerá los vestigios arqueológicos de época renacentista. Sobre él los turistas y curiosos podrán tener la sensación de 'flotar' sobre el legado histórico de la ciudad y una cubierta terminará de aislar el espacio hasta ahora sin techo.

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Planos de la planta baja

Esta montura sobre el lucernario también se realizará en cristal, por lo que exigirá la reordenación de la red de evacuación de aguas pluviales, la modificación de las pendientes en cubierta, aislamiento e impermeabilización; así como la eliminación de tres rebosaderos de pluviales que en la actualidad se ubican en la fachada principal.

Adaptarse a los tiempos

Las normativas de eficiencia energética, accesibilidad y seguridad actuales no aplicaban cuando a principios de siglo el arquitecto Juan Miguel Hernández León replicó el edificio que coronaba la construcción portuguesa -la original se levantó entre 1541 y 1549 por Miguel Arruda bajo el mando de Juan III de Portugal- por lo que su reconversión se antoja de primera necesidad.

Así pues, el Gobierno de la Ciudad se ha puesto las pilas gracias a los fondos del Plan de Recuperación, Trasformación y Resiliencia, que financiarán la obra. Esta contempla no solo la ventana horizontal al pasado de la planta baja, que pasará a convertirse en un espacio casi diáfano dedicado al turismo, sino que mejorará las oficinas de Servicios Turísticos, cuyos empleados ya han ido desalojando el inmueble para dar paso a los trabajos.

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El interior de la Oficina de Turismo en la actualidad

La idea, rezan los pliegos, es modernizar el servicio para atraer más visitantes, promoviendo la sostenibilidad y contribuyendo al desarrollo local, a la vez que garantiza la preservación y difusión del patrimonio. Entre las novedades, el proyecto también incluye un ascensor, que hará el espacio completamente accesible para personas con movilidad reducida. Este además contempla su futura ampliación para que llegue hasta la azotea en sucesivas actuaciones.

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Planos de la planta de oficinas

En la planta baja, la de la entrada, se distribuirán alrededor de la cristalera del suelo varios aseos -uno adaptado-, la sala inmersiva, un almacén y varias instalaciones. Subiendo un piso, los trabajadores contarán con una zona de reunión y una sala de juntas, un área polivalente y otra de administración, distintos boxes, cinco despachos y sus propios aseos. Además, los paneles móviles harán el espacio mucho más versátil.

La idea, siempre según el dossier del proyecto, es que las obras puedan estar terminadas en cuestión de seis meses, por lo que antes de final de año tanto los visitantes como la plantilla podrían disfrutar del Baluarte de los Mallorquines en su nueva era.

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