Italia volvió a sentir que el peso de la historia no siempre tiene que ser una condena. Los chicos de Gennaro Gattuso derrotaron 2-0 a Irlanda del Norte en Bérgamo, con un Sandro Tonali decisivo en ambos goles. Con este resultado, Bosnia Herzegovina será el último escollo para que los transalpinos vuelvan a un Mundial por primera vez desde Brasil 2014.
Tonali aparece cuando Italia más lo necesitaba
La ansiedad ya estaba pudiendo con Italia. Toda una campeona de Europa en este período y con cuatro mundiales no estuvo en Rusia 2018 ni en Catar 2022. Cada ataque que no acababa en gol iba cargado de urgencia, más aún después de haber tenido la iniciativa antes del descanso. Empujó mucho Dimarco, que encontró profundidad por las bandas y acumuló ocasiones, pero el bloqueo en el último tercio del campo que tanto les castigó aparecía siempre. Irlanda del Norte resistía con orden y los fantasmas del pasado aparecían en la mente de la Azzurra.
Y cuando parecía que la desesperación se iba a apoderar de Gattuso y compañía, apareció Tonali. En el minuto 56, el centrocampista cazó un despeje a la frontal, dejó botar la pelota una vez y de un derechazo raso al palo largo abrió la lata. Los apostadores expertos en el Mundial situaban al jugador del Newcastle United como uno de los hombres clave para este encuentro, y no defraudó.
En el postpartido, Tonali explicó que el 1-0 les liberó. Desde luego, se notó en el campo. Italia empezó a aclarar sus ideas, a atacar con menos rigidez y a encontrar espacios ante un rival al que ya no le servía sobrevivir. Y, ahí, Tonali fue el que volvió a hacer daño a los norirlandeses.
Bérgamo vuelve a creer y Bosnia espera en la final
A diez minutos del final, otra vez Tonali. Un balón filtrado para que Moise Kean escapara del marcador y batiera con seriedad a Pierce Charles. El 2-0 del marcador dio un premio a una selección que había insistido durante todo el encuentro y que acabó imponiendo su mayor calidad. Irlanda del Norte tendrá que esperar cuatro años más para volver a un Mundial por primera vez, algo que se le escapa desde 1986. Era una noche de necesitados, y pareció que Italia lo necesitaba más.
Gattuso había decidido sacar el partido de San Siro con el fin de estar en un escenario más contenido en Bérgamo, consciente del ambiente espeso que rodea a la selección cuando se acerca un Mundial. El público acompañó, el equipo encontró algo de oxígeno y la victoria dejó una escena poco habitual en la fase clasificatoria en los últimos tiempos: la de una Italia convencida de lo que ha hecho. No pasará a la historia como una exhibición, como algunas bet podían prever, pero sí como una actuación madura en una noche que exigía calma.
Ante Italia queda un último paso: la correosa Bosnia y Herzegovina, que eliminó a Gales en los penaltis, que será el rival en la final de la Ruta A el martes 31 de marzo. Quien gane, contará con un último billete de ida al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. De momento, después de doce años sin pisar una Copa del Mundo, la Nazionale vuelve a estar en el aeropuerto. Falta que no vuelvan a perder el vuelo.
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