Es su última gira, la que pondrá el broche de oro a una carrera musical infartante, una plagada de éxitos, una que deja para la posteridad temas tan icónicos como Son de amores, Tanto la quería y De qué me vale (admítelo: tú también has bailado alguna vez al ritmo de estos).
Dicen que lo prometido es deuda. Andy y Lucas prometieron diversión, prometieron desahogo, prometieron, en definitiva, que dejarían su nombre en lo más alto en la que sería -y ha sido- su primera y última vez en suelo caballa. Si el dúo no ha cumplido, si quienes han tomado parte en la cita no han disfrutado como críos al son de sus melodías, que baje Dios y lo vea (ya le aseguramos que, de haberlo hecho, no le habría quedado más remedio que sumarse al jolgorio).
Las Murallas Reales han sido testigo directo este 18 de julio de un espectáculo de esos que cuesta olvidar. La concesionaria del servicio de seguridad abría las puertas del recinto pasadas las ocho y media de la tarde. Pese a la prematuridad, había quien llevaba guardando cola desde hacía rato, casi como si alguien ajeno a su círculo le fuese a usurpar el lugar que tenía asignado (los seres humanos y sus cosas...).
Media hora antes de producirse el pistoletazo de salida, el ambiente en la amurallada plaza de armas era el propio de una fiesta. Había ganas y el cuerpo lo sabía. Porque no, no hay nada mejor para aliviar tensiones que un buen concierto. Lo saben los más melómanos, pero también aquellos que no se pierden un cachondeo por nada del mundo. Cualquiera que sea de aquí sabe con conocimiento de causa que, a disfrutones, no nos ganan ni en el carnaval de Brasil.
A las diez menos cuarto, nuestro más singular conjunto monumental lucía lleno hasta la bandera. Según han confirmado a posteriori desde la propia Ciudad, ha habido sold out: "Se han vendido todas las entradas". 1.800, ni más ni menos. Si había huecos entre el público era, sencillamente, porque ha habido gente que ha decidido ausentarse en el último momento.
A decir verdad, no era de extrañar que el lugar estuviese rebosante de culturetas sedientos de buena música; uno no ve a Andy y Lucas en riguroso directo todos los días. Ya no es la performance; es el hecho de saber que, por desgracia para la música española, la vivida hoy en nuestra salada tierra ha sido una de las últimas actuaciones de la historia del grupo.
Los cantantes hacían su entrada en escena transcurridos apenas dos minutos de las diez de la noche bajo la atenta mirada de una masa de oyentes que, a la postre, se ha acabado entregando sin reservas. "¡Buenas noches, Ceuta!", gritaba Lucas a los cuatro vientos al poco de irrumpir sobre las tablas del lugar.
La canción con la que el dúo ha abierto la veda del regocijo ha sido Quiéreme. Nada más resonar en la zona sus primeros compases, los espectadores -todos- estallaban de júbilo. Lo más valientes no dudaban en sumar sus voces desde el principio a las de los artistas. Aquellos que, por contra, no conocían la letra con rigor (los que menos), optaban, simplemente, por contemplar sin más la brillante puesta en escena (o por tocar las palmas; había de todo).